El canon económico de la vida

Un artículo publicado en el diario El País el pasado día 5 de febrero por Jordi Soler; del artículo entresaco los siguientes párrafos:

Todo el mundo está obsesionado con el crecimiento, pero bien mirado, en un organismo maduro todo crecimiento se corresponde en esencia con un tumor”. Esto lo dice Walter, uno de los personajes de Libertad, la fabulosa novela de Jonathan Franzen que ha sido saludada por la crítica estadounidense, y por buena parte de la española, como la novela más importante del año pasado. Walter explica a la familia de su novia, en una bochornosa escena que se desarrolla en un restaurante de Manhattan, en los años setenta, los pormenores del informe Los límites del crecimiento, que promovía entonces el Club de Roma.

La escena resulta bochornosa porque a nadie le interesa lo que ese joven intelectual, preocupado por el destino del planeta, se empeña en contar; la familia de su novia está más bien por beber vino y repetirse los chistes verdes de costumbre y la cuñada, después de la esforzada intervención de Walter, pregunta: el Club de Roma. ¿Eso es como un Club Playboy italiano?

Un reciente estudio publicado por la Universidad de Stanford, nos cuenta que los estudiantes multitarea, esos que hacen los deberes mientras envían e-mails, o SMS o revisan su timeline en Twitter, “reducen su capacidad y efectividad, pierden concentración y tiempo, y terminan haciendo distintas cosas a medias”. Además de que tienen dificultades para distinguir la información relevante de la que no lo es.

Se impone pensar al margen de este sistema que lo envuelve todo las 24 horas del día y que nos invita ininterrumpidamente a tener más; hay que bajarse un momento de este viaje frenético y preguntarse, ¿necesito tantos aparatos?, ¿me hace falta tanta información?, ¿para qué sirve acumular tanta salud?, ¿no será que tanto cursillo no deja ser niños a los niños?, ¿será que tanta expansión, que esta apasionada multitarea, es más que crecer un proceso tumoral que me está conduciendo a la superficialidad, a la frivolidad, a la realidad alternativa y a la distopía?

Enlace: El canon económico de la vida | Edición impresa | EL PAÍS.

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