Ciclonudista 2012 Madrid: yo estuve allí.

Aunque ya casi ha pasado un mes, tengo que decir que ¡conseguí asistir a la ciclonudista de Madrid!

Para ello, me trasladé con mi mujer y mi hija en tren; así, mientras yo acudía a la ciclonudista, ellas se iban de tiendas.

La aventura comenzó cuando, tras un agradable viaje, llegamos a Madrid sobre las 10:30 h.; a continuación, tren hasta Sol, y búsqueda de la casa donde iba a alquilar la bicicleta; lo hice en Trixi (calle de los jardines, 12, cerca de la Gran Vía, aunque entrando por la calle Montera) y la verdad es que me sorprendió la gran calidad de la bicicleta; además, cuando la devolví, me cobraron por el tiempo real de utilización. Muy bien, la verdad.

Así que, con la bicicleta ya entre mis piernas, me dirigí hacia la Cibeles, para encontrarme con mis compañeros de ciclonudismo. Allí, como de costumbre, aparecieron unos cuantos medios de comunicación (aunque menos que el año pasado) para entrevistar a alguno de los organizadores (sin embargo, después no he visto la noticia en ningún medio, al contrario del año pasado, en que salí en Antena 3, Telecinco, y supongo que en algunas otras). Después, en el trayecto, ausencia de medios de comunicación.

Como parece es tradición, empezamos a pedalear pasadas las doce de la mañana, dirigiéndonos hacia el parque del Retiro, y bordeándolo, nos metimos en la calle Montalban, donde procedimos a quitarnos la ropa. Como siempre que me quito la ropa en espacios públicos (es decir, en la ciclonudista, en las carreras nudistas, y en las playas) el pensamiento que me invade es el siguiente: porque siendo algo tan bueno, no es compartido por la gran mayoría de la sociedad.

A continuación, iniciamos la marcha; el recorrido original transcurría por la calle de Alcalá, la Gran Vía y tras pasar por la Plaza de España, se dirigía al palacio real, la Almudena y acababa cerca de la puerta de Toledo.

En la Gran Vía me esperaban mi mujer y mi hija; la impresión que se llevaron fue de que había más gente de la que esperaban, y que el ambiente era muy alegre. Sin embargo, se preocuparon un poco cuando la policía, antes de llegar a Callao, nos paró y no nos dejaba pasar.

Desconozco la razón, pero no querían que pasáramos por Callao; así que, tras unos momentos de incertidumbre, dimos media vuelta y, escoltados por la policía local desde ese momento, retrocedimos hasta Cibeles.

Al contrario de lo que ocurrió el pasado año, que al llegar a Cibeles nos dirigimos hacia Atocha, en esta ocasión nos dirigimos hacia el norte por el paseo de la Castellana; pasamos por la plaza de Colón y su bandera estatal inmensa (eché de menos la bandera nacional -es decir, la europea-); en la televisión la bandera parece más grande, pero no me dio tiempo a verla mucho más, puesto que la comitiva ya estaba enfilando la calle de Génova; cuando vi la sede de los Populares, creí ver las fuentes del poder de este estado, pero en realidad lo que vi fue a muchos de nuestros compañeros ciclonudistas inmortalizando el paso por la sede del partido que nos gobierna con fotos en su puerta.

Continuamos por la calle Sagasta (me recordó el domicilio de un amigo que vive en esa misma calle, pero en otra ciudad), pasamos por la glorieta de Bilbao y proseguimos por Alberto Aguilera; en esta calle presenciamos como la policía local, como muestra de la precariedad de medios que dispone por esta crisis, circulaba por encima de las aceras (las motos) o por los carriles de sentido contrario (los coches), para poder ir cubriendo los cruces con la mínima expresión de personal.

Posteriormente, nos adentramos por las calles del barrio donde se encuentra la estación de Noviciado (me dijeron el nombre, pero no lo recuerdo); por esas callejuelas muchas personas (sobre todo mujeres) nos aplaudieron y animaron a continuar; también vi, posteriormente, que algunas personas que pedaleaban fuera de nuestra marcha se quitaban la ropa y se unían a nosotros.

El caso es que volvimos a la Gran vía, pero a la otra parte de Callao; y al llegar a la plaza de España, ya nos dirigimos hacia el palacio real, donde nos detuvimos un buen rato; en este momento, decidí que mi objetivo se había cumplido, volví a meterme la ropa (que agobio volver a estar encerrado entre tanta tela) y me dirigí al encuentro de la familia, para comer e iniciar el viaje de regreso.

Como trending topic de la marcha, los siguientes lemas: no nos mires, únete; esta es la juventud del papa (a esta no le encontré mucho sentido); en bici y en bolas, Madrid sí que mola, y algunas más que mi mala memoria me impide recordar.

Como conclusión, dos comentarios:

  1. La repercusión mediática fue mucho menor que en otras ocasiones; también me sentí menos observado que el año pasado, quizás porque estaba menos pendiente de la gente que nos miraba pasar.
  2. En una ciudad de 3 millones de habitantes, sólo 200 ciclonudistas (y algunos de ellos, como yo, de fuera); es un número muy bajo de asistentes para una ciudad de tal magnitud. ¿Por qué? No lo sé, pero decimos que el naturismo lo practican nosecuantos miles de personas en España, casi el 10 % de la población; si esos números se trasladan a la marcha ciclonudista, debíamos haber asistido unas 300.000 personas; vale, esas son muchas personas, porque ni en las más grandes manifestaciones se consigue reunir a tantas personas; bueno, pues un buen número sería 30.000 personas (el 1 %), pero tampoco… ¿y 3.000 (el 0,1 %)? pues tampoco. Fuimos el 0,01 %, tirando por alto; ahí una muestra de la muy minoría social que somos.

Y un último apunte: ninguno de nosotros tuvimos problemas con la policía porque éramos 200 personas desnudas; si uno sólo de nosotros se nos hubiera ocurrido hacer el recorrido solos, hubiéramos acabado en comisaría (aún sabiendo que la ley se supone no castiga la desnudez en lugares públicos); esto muestra el camino para actividades reivindicativas de la desnudez: hay que ser un número significativo de personas para no tener problemas, no una o dos personas, sino 10 ó 12, como mínimo; en caso contrario, nos puede pasar como al amigo Rafa en Canarias. Tómese nota para el próximo día sin bañador.

P.D.: ¿conseguiríamos celebrar el día sin bañador con ese mínimo de personas?

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