La Europa federal es una quimera

En el diario La Repubblica aparece un artículo recogido por Presseurop en el que se comenta que nuestra Angela preferida (Merkel, por supuesto) ha dejado de lanzar mensajes pro federación europea; ante este hecho, se hace la propuesta que sigue:

Un club mediterráneo

Si Italia, España, Portugal, Irlanda y Austria, o simplemente las tres primeras, fundasen, o más bien relanzasen, un club del Mediterráneo que tuviese sus propias reglas e instituciones comunes, las cuales mantendrían la presencia de aquellas en la Unión Europea y en la zona euro no como Estados sueltos sino como club, el contragolpe sería fuerte, muy fuerte incluso. Prosigo con mi ejemplo: ¿y si los países del club estableciesen relaciones de amistad económico-política, de consulta mutua, con otros países mediterráneos –Argelia, Marruecos, Libia, Egipto, Israel, Turquia–, relaciones que existen ya, pero que entonces no se encarnarían más en los países que formasen el club, sino en el club mismo en cuanto interlocutor único?

¿Y si se pudiese llegar a acuerdos parecidos con toda la zona de habla latina de América central y Sudamérica, principalmente Argentina, Brasil, Uruguay, México? Argentina y Brasil ya han manifestado su disponibilidad a estudiar y establecer relaciones de ese tipo. Un club mediterráneo, ¿no podría tomar la iniciativa en este sentido? Si bien los intereses y la imaginación sugieren nuevos horizontes, no hay que excluir que la Europa federal se ponga en marcha de nuevo. Quizá haga falta saber soñar para afrontar las realidades más duras.

Modificaciones institucionales necesarias

Querría suscitar un último punto a propósito de la Europa federal. Si tarde o temprano hubiese que realizarla, sería necesario efectuar importantes modificaciones institucionales:

1. El Parlamento europeo debería elegirse por un electorado europeo, no a escala nacional.

2. Los referendos sobre las cuestiones relativas a Europa deberían estar sujetos también al voto del pueblo europeo y no al de los pueblos de cada Estado.

3. La estructura internacional de la Unión Federal debería ser presidencial, según el modelo de Estados Unidos, donde un presidente elegido nombra un Gobierno federal; donde el Parlamento controla la actuación del Gobierno, el nombramiento de funcionarios de importancia federal, las leyes relativas a los presupuestos, los gastos, los ingresos; donde hay un Tribunal Constitucional que garantiza el cumplimiento de la constitución federal.

Cuando el Estado tiene las dimensiones de un continente, y lo que es aún más importante, cuando se está en un mundo globalizado, la democracia debe asegurar al mismo tiempo la rapidez de las decisiones, la visibilidad del líder, como representante de ese continente, y la participación de los ciudadanos. Los cimientos de ese edificio se apoyan en la división de poderes.

Se trata, a todas luces, de objetivos lejanos, pero es preciso que la opinión pública los conozca y que debata sobre ellos para preparar su eventual realización.

Enlace: La Europa federal es una quimera | Presseurop (español).

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