Amordazados por los robots informáticos

En El País del pasado 24 de noviembre de 2012, escribe Evgeny Morozov un interesante artículo sobre la proliferación, al contrario de lo que pueda parecer, de la censura y manipulación en internet en dos campos: el de los blogs (citando, por ejemplo, al servidor que aloja éste, WordPress) y el de Twitter y sus trending topics (por ejemplo, en mi empresa hay una persona que tiene una aplicación para que sólo salgan en los primeros puestos de los buscadores las noticias positivas sobre la misma, y que las negativas se pongan en páginas posteriores, que casi todo el mundo no va a consultar; esto mismo lo puede hacer de forma automática un robot informático). Aquí va un extracto:

Se proclama a menudo que la “desintermediación” es el rasgo definitorio de la era digital. Gracias al carácter renovador de las nuevas tecnologías, a los mediadores de todo tipo se les considera en vías de extinción. Por lo visto, una vez desaparecidos los redactores, los editores y las librerías, nuestra vida pública se liberaría de los puntos de vista sesgados, incompetencias y agendas ocultas de todos ellos. Según Jeff Bezos, fundador y director de Amazon, “hasta los moderadores mejor intencionados son un freno para la innovación. Cuando una plataforma consiste en un autoservicio, hasta las ideas más inverosímiles pueden ponerse a prueba, ya que no hay moderador, por experto que sea, que vaya a decir: ‘eso nunca funcionará”. Incluso aunque tenga razón, Bezos ignora un aspecto importante del asunto: la digitalización de nuestra vida pública también está dando origen a muchos nuevos mediadores.

Pongamos por caso los blogs. Cuando la primera generación de blogueros entró en la Red, los únicos intermediarios con los que se encontraban eran su entidad anfitriona y su proveedor de servicios de Internet. Cualquiera que empiece un blog en 2012 probablemente irá a parar a una plataforma comercial como Tumblr o Word Press, y con los comentarios a su blog encauzados por un tercero, por ejemplo una compañía como Disqus. La propia Disqus, además, colabora con una empresa llamada Impermium, que cuenta con diversas herramientas automáticas que comprueban si los comentarios enviados son spam. Es la proliferación, no la eliminación, de intermediarios lo que ha hecho del blogging algo tan extendido; aquí el término adecuado es “hiperintermediación”, no “desintermediación”.

Impermium, además, sostiene haber desarrollado una tecnología capaz de “identificar no solo el spam y los vínculos maliciosos, sino también todo tipo de contenidos dañinos —tales como violencia, racismo, irreverencia flagrante e incitación al odio—, que permite a los propietarios actuar contra ellos en tiempo real, antes de que llegue a los lectores”. Afirma tener a 300.000 páginas web como clientes. Así es: una sola empresa californiana está tomando decisiones sobre qué se considera incitación al odio y qué se considera irreverencia para 300.000 sitios. (…)

El software de filtración de contenidos puede comprobar (…) de qué puntos geográficos proceden algunas (…) entradas: imaginen qué tipo de posibilidades censoras se abrirán una vez que las decisiones moderadoras puedan incorporar información sobre localización espacial: ¿Por qué no bloquear comentarios, vídeos o fotos cargados por usuarios situados en, digamos, la plaza de Tahrir o en algún otro lugar políticamente explosivo? (…)

Los activistas tibetanos lamentan que varias etiquetas de Twitter relacionadas con Tíbet tienen tanta propaganda creada por spambots (robots portadores de spam) que han conseguido inutilizarlos. (…)

Algunos de tales robots existen solo para que sea más difícil descubrir la oportuna información fáctica sobre, digamos, protestas políticas que se estén llevando a cabo. Toda esa inversión en bots puede haber sido rentable para el Kremlin: durante las protestas que siguieron a las disputadas elecciones parlamentarias de diciembre de 2011, Twitter rebosaba de cuentas falsas que pretendían aplastar a las etiquetas populares con información inútil. Un reciente estudio sostiene que de 46.846 cuentas en Twitter que participaron en la discusión de las disputadas elecciones rusas, 25.860 eran bots, que emitieron 440.793 tuits sobre el tema.

En segundo lugar, los bots pueden añadir lastre numérico a los memes que ya han sido promovidos por humanos prominentes con el fin de situarlos a la cabeza del ranking de virus. Durante las elecciones presidenciales mexicanas de este año, el PRI (cuyo candidato ganó la elección) fue acusado de programar miles de bots para enviar tuits con palabras y frases específicas con objeto de hacer aparecer un mensaje preestablecido en los trending topics de Twitter.

En tercer lugar, los bots más sofisticados pueden cumplir otra función muy interesante: pueden hacer que unos humanos se presenten el uno al otro, por ejemplo mencionando en un mismo tuit sus respectivos nombres de usuarios de Twitter. Un experimento hecho en 2011 por PacSocial, una empresa de analítica centrada en los bots, reveló que estos, de hecho, pueden hacer aumentar las conexiones entre usuarios. Así que, con tan solo algunas manipulaciones inteligentes, los bots pueden hacer que sigas a los humanos adecuados, y son los humanos, no los bots, los que luego influirán en tu manera de pensar.

La digitalización hará que aumente —¡no que disminuya!— el número de mediadores en nuestra vida pública. No hay nada intrínsecamente malo en los intermediarios mientras nos acordemos de mantenerlos a raya. De ese modo, en vez de celebrar el mítico nirvana de la desintermediación, deberíamos esforzarnos por ver el interior de las cajas negras de los algoritmos del spam y de los bots propagandísticos. Puede que nuestro debate público no esté a la altura de nuestros memes, pero no deberíamos olvidar que no todos son creados iguales: algunos ni siquiera son creados, mientras que otros son producto de considerables dosis de astuta e insidiosa planificación.

Enlace: Amordazados por los robots informáticos.

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