Sin innovación ni estrategia

De nuevo un artículo de El País del 4 de febrero de 2013 (es que ese día viajé en tren y me lo dieron, y además tuve el tiempo de leerlo). Lo firma en esta ocasión Gabriela Cañas y nos habla de las consecuencias de los recortes en la educación.

Desalienta comprobar la obstinación española en hipotecar el futuro del país. Cuando hemos sabido que el presidente francés François Hollande ha puesto en marcha una de sus promesas electorales estrella, la contratación de 60.000 nuevos profesores para el sistema educativo galo y refuerzos para la primaria, entre otras medidas, es inevitable sentir una punzada de envidia. Los poderes públicos franceses están preocupados con los datos relativamente grises de sus alumnos y su creciente pérdida de habilidades. Y ello a pesar de que los resultados en las pruebas internacionales, como la de PISA, demuestra que los estudiantes franceses siguen situándose por encima de la media de los países de la OCDE. Es una prueba más de que en otras latitudes los políticos saben dónde tienen que poner las luces largas.

Huelga decir que los alumnos españoles logran peores resultados que los franceses en todas esas pruebas. Es un problema que no se ataja en poco tiempo. Como todos los especialistas se cansan en alertar, la inversión en educación, como la inversión en I+D, es de efectos retardados, y necesita una apuesta sostenida en el tiempo. Pero los frutos no tardan tanto en florecer como parece y estos se recogen en forma de más innovación y más riqueza. Se me ocurre que no puede ser casualidad que Finlandia lidere las listas de alumnos más preparados (…).

Por cierto que en (el) terreno de los móviles, uno de los sectores tecnológicos más dinámicos del momento, España no tiene ninguna aportación que hacer, pero sí es uno de los mejores clientes del mundo. Un estudio de Telefónica ha demostrado recientemente que este país es el que más smartphones utiliza de la UE con seis millones de ciudadanos permanentemente conectados. Es una suerte poder tener acceso a estos dispositivos que abren el mundo al usuario, pero en términos económicos esta es una transferencia millonaria y permanente de divisas hacia las firmas que los fabrican, que no están radicadas en España y que, además, utilizan (algunas de ellas) unos mecanismos legales que les permiten evitar el pago al fisco español en la medida que razonablemente debieran.

Somos buenos clientes de ‘smartphones’, pero España no figura entre los primeros en las listas de innovación

En toda Europa, según la Comisión Europea, faltan científicos. En España, de manera particular, se echa de menos más alumnos en formación profesional y más estudiantes interesados en las competencias científicas y tecnológicas. En ello sí que reside el futuro de un país desarrollado. Pero los políticos actuales, y muy especialmente los que diseñan las líneas básicas en la Unión Europea, parecen haberse tapado los ojos ante esta tozuda realidad y a la crisis de la deuda han añadido unas exigencias de austeridad de las que ellos mismos empiezan a desconfiar, dados los resultados. En este sentido, ha sido llamativo el enfrentamiento entre Mariano Rajoy y Angela Merkel. El primero, que no ha dudado en acometer recortes en el sistema educativo y la I+D, ha llamado a Berlín para que ponga en marcha las políticas expansivas que nos sacarían del pozo. La segunda ha contestado educada, pero inflexible, que Alemania ya está haciendo sus deberes y que España puede y debe aumentar sus inversiones en Latinoamérica, por ejemplo, ya que su respuesta ha tenido lugar en Santiago de Chile.

Rajoy parece estar convencido de que la culpa de lo que nos ocurre siempre es de los demás y, por tanto, las recetas de la recuperación también deben llegar de fuera. Pero de vez en cuando no estaría mal que él intentase aplicar esas mismas fórmulas; o alguna de ellas. Al otro lado de los Pirineos, donde preocupa la reducción de la fabricación de automóviles, el paro y el peor resultado de los alumnos (tras años de políticas neoliberales), se apuesta decididamente por la mejora de la educación. Aquí se impone un cortoplacismo que recorta nuestro horizonte sin ninguna apuesta estratégica conocida.

Enlace: Sin innovación ni estrategia.

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