Luz que agoniza: las élites extractivas

Un artículo publicado en El País del día 6 de febrero de 2013 por Luis Fernández-Galiano; recuerda el término élites extractivas que ya mencionó en el mismo diario César Molinas, y que ya traje en su momento a este blog (ver Una teoría de la clase política española: las élites extractivas.)

A continuación, un extracto del artículo.

(…) La vida persiste perezosa y obstinada, esmaltada de hábitos o azares minuciosos que sobreviven a los grandes sismos de las finanzas o la política, dos ámbitos que han trenzado sus trayectos como pocas veces en la historia. Esa colusión de intereses ha provocado la degradación de las élites y el desánimo ciudadano, una lepra lenta que corroe el cuerpo social, inerme ante las convulsiones de la historia y a la vez cautivo de una fiebre indignada que aflora episódicamente en las plazas públicas o frente a los centros financieros.

Pero hoy nuestro principal problema no es ya la economía, sino las instituciones. (…) El descrédito y la erosión de la legitimidad de las instituciones, secuestradas por unas élites que hacen de ellas un uso patrimonial, se ha convertido en el elemento esencial de la crisis española, un estado del malestar que afecta con diferente intensidad a muchos otros países. En todos ellos —del somos el 99% del Zuccotti Park neoyorquino al No nos representan de la Puerta del Sol madrileña— el debate sobre las élites se ha situado en el primer plano de la atención pública.

Entre nosotros, el filósofo Javier Gomá fue quien más argumentadamente reclamó la ejemplaridad de las élites como pieza fundamental de cualquier proyecto de regeneración, pero la amplia polémica suscitada por la publicación en 2012 de Why Nations Fail —una obra de Daron Acemoglu y James Robinson que localiza en las instituciones la clave del éxito o fracaso de las naciones— ha puesto en circulación el término élites extractivas y ha recordado que las élites solo devienen ejemplares cuando el entorno institucional las conduce a serlo. (…)

Acemoglu y Robinson explican que las élites denominadas extractivas(un término que proviene de artículos anteriores sobre las minas de Potosí o las plantaciones del Caribe, donde se extraía plata o azúcar explotando el trabajo de esclavos, pero cuyas connotaciones nítidamente negativas lo han hecho inmediatamente popular) no mantienen instituciones socialmente disfuncionales por incompetencia o ignorancia, sino exclusivamente porque garantizan la captura de rentas para las minorías que controlan el poder político y para su orla clientelar. Esta parte de su análisis resulta —como ha subrayado César Molinas, pero que ha sido comentada con menos entusiasmo por Gabriel Tortella y Carlos Sebastián en esta misma sección— de inmediata aplicación al panorama español de esta hora, donde la corrupción de las élites, el crecimiento de la desigualdad y el trauma social del paro masivo ponen en cuestión los actuales mecanismos de representación democrática, un proceso potencialmente catastrófico de no mediar profundas reformas institucionales. Hoy, los acontecimientos y las gentes parecen moverse con parsimonia bajo una luz que agoniza. Sin embargo, ese crepúsculo taciturno podría ser también una aurora de renacimiento personal y colectivo, si sólo supiéramos despojarnos de la piel muerta de un mundo caduco.

Enlace: Luz que agoniza: las élites extractivas.

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