Economía: Los paraísos fiscales acaban con las democracias

Un artículo de investigación publicado en Le Monde, conjuntamente con The Guardian, Süddeutsche Zeitung, Le Soir y el Washington Post, sobre la existencia de paraisos fiscales, a pesar del compromiso expresado por los líderes mundiales (el famoso G20) allá por el año 2008. El artículo es accesible a través de Presseurop, y su autora en Natalie Nougayrède.

¡Cuántas cosas se escucharon tras la convulsión financiera mundial de 2007-2008! Entonces no dejaban de repetirse consigas de este tipo: que las finanzas internacionales se regularían mejor, que se lucharía despiadadamente contra los paraísos fiscales, en resumen, que se acabaría con los agujeros negros de un sistema que permitía todo tipo de abusos. Las conclusiones del G20 celebrado en Londres parecían ser de lo más virtuosas.

Los Estados de este grupo prometían aplicar “medidas contra los paraísos fiscales”, amenazando con sanciones y aseguraban a la mínima de cambio que “se había acabado la época del secreto bancario”. Tras la crisis que acaba de sacudir Chipre, un paraíso fiscal apreciado por los oligarcas rusos y otros aficionados a la opacidad en la gestión de sus negocios, nos encontramos aquí, en Francia, en medio del torbellino del asunto Cahuzac, un escándalo de Estado que cuestiona la honradez y la transparencia elemental que se espera de cualquier responsable político, en especial de alto rango.

(…)

La revelación de casos individuales, por sorprendente que parezca, no debe ocultar el trasfondo del problema: los paraísos fiscales son una amenaza para la democracia. Socavan el Estado de derecho al hacer uso de la ocultación. Son la gran ganga para los infractores de todo el mundo. Favorecen el desvío de las riquezas públicas hacia Estados donde florecen la concusión y la corrupción. En este universo de una creatividad jurídica que parece ilimitada, se ocultan sumas colosales tras estas empresas pantalla. En total, una serie de ricos particulares poseerían en estas empresas el equivalente a los PIB de Estados Unidos y de Japón juntos.

Ante esta investigación, nadie puede pretender que los dirigentes políticos, a pesar de sus declaraciones, hayan puesto todos los medios a su alcance para actuar. Es urgente que se refuercen las normas, los medios de control, la cooperación transfronteriza. La lucha contra el blanqueo de capitales también pasa por ahí. Y los bancos occidentales amantes de los esquemas opacos difícilmente podrán evitar dar una respuesta clara. Al menos si quieren que, en medio de la crisis, se dé crédito a sus profesiones de fe sobre la ”ética”.

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