Ideas: Una buena dosis helvética para Europa

Del berlinés Frankfurter Allgemeine Zeitung de la fiesta del trabajo del 2013 entresaco esta parte de un artículo que pone de relieve el interés de establecer la democracia directa institucionalizada en Suiza desde tiempos casi inmemoriales. ¿Sería esto aplicables a las democracias estatales, e incluso a nuestro sistema democrático nacional (es decir, el europeo)?

Hasta los confines de la izquierda resuena un llamamiento a aplicar “una mayor dosis de Suiza”. Es algo nuevo y original. El origen de esta nueva admiración berlino-bruselense por la Confederación Helvética se encuentra en el referéndum suizo sobre la “iniciativa Minder”, una iniciativa popular contra las remuneraciones abusivas cuyo instigador se llama Thomas Minder, jefe de una empresa familiar suiza y sin etiqueta política.

No vamos a juzgar aquí el fondo de esta última iniciativa popular hasta la fecha: en la medida en que permite a los accionistas decidir directamente la remuneración de sus dirigentes, se trata de una medida de rectificación pertinente para restablecer el vínculo entre la propiedad y el control [dentro de la empresa].

Se plantea la misma pregunta de carácter estructural sobre las relaciones entre los ciudadanos y los responsables políticos. En una democracia, se supone que los elegidos deben actuar en nombre del pueblo. El ciudadano es el soberano. En la práctica, ocurre lo mismo que con el pequeño accionista ante la gran sociedad de capitales: al elector le resulta ingrato y difícil influir en las actividades multidimensionales de sus representantes en el Gobierno y en el Parlamento.

“Federalismo financiero”

Se plantean entonces dos preguntas de fondo: ¿qué efectos tiene en Suiza la democracia directa en general? Y ¿se deben recomendar los métodos de democracia directa (el referéndum y las iniciativas populares) a los demás países de Europa, en especial sobre cuestiones de política europea?

En ninguna parte se encuentra más desarrollada la democracia directa como en Suiza. Ocurre lo mismo con el “federalismo financiero”, que en su versión helvética se caracteriza por una autonomía relativamente amplia de los cantones y los municipios. En Suiza, se organizan referéndums financieros obligatorios o facultativos varias veces al año en el ámbito local.

Gracias a las iniciativas populares, los ciudadanos pueden apoyar o revocar como deseen las decisiones políticas. Y cualquier transferencia de soberanía a una escala superior debe contar con el aval directo del pueblo. (…)

El artículo completo en Presseurop: Ideas: Una buena dosis helvética para Europa 

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