Lo imprevisto (segunda parte de … no hemos aprendido nada)

Ahora, tras un viaje a París que me ha desconectado durante algunos días (y no me ha venido mal) retomo el tema del accidente de Santiago.

A finales de julio, en los diarios, hallé la pieza que me faltaba para completar el rompecabezas: la causa que desencadeno el accidente, el hecho que de no haberse producido haría que este accidente no hubiera sido más que algo inimaginable: lo imprevisto…

Porque vamos, una persona que ha pasado ya 60 veces por el lugar ya tiene automatizados determinados comportamientos, como el de reducir la velocidad en un determinado punto… siempre que su atención no esté en otra cosa, como fue el caso.

Y el caso es que lo imprevisto fue una llamada de teléfono, algo que es de lo más normal en cualquier entorno, pero no en el ferroviario, en el que se puede convertir en algo totalmente extraordinario, dado que el medio de comunicación por excelencia es la radiotelefonía GSMR (el conocido por tren-tierra). Por ello, el protocolo prescribe que no se deben aceptar llamadas de telefonía móvil (y de ahí la extraña amnesia que sufre el Maquinista, primero cuando no recuerda haber hecho la llamada, y después cuando no recuerda o no quiere decir con quien mantuvo la conversación), pero es que si me llama el Interventor es porque debe ser algo muy importante para él, y ¡cómo voy a dejar tirado a un compañero cuando me necesita! Porque si me llama cualquier jefecillo, además de no contestarle, cuando llegue a término le voy a decir del mal del que se tiene que morir, porque él debe cumplir más que nadie el protocolo de llamadas, y por tanto, la prohibición de hacerlas…

Así que, cuando suena el teléfono, el Maquinista deja de prestar atención a todo su entorno, para mirar en la pantalla quien llama, y decidir si contesta o no a la llamada. Ese proceso lo hacemos todos (en cuanto suena el teléfono móvil, dejamos de hacer lo que sea -una conversación, mirar el paisaje,… -) y suele durar entre 2 y 3 segundos; lo relevante aquí no son los segundos que presto atención, sino que en esos dos o tres segundos pueden pasar muchas cosas, como que se te cruce un coche si vas conduciendo y choques con él, y en el caso que nos ocupa, pasan… 180 metros (no es mucho, desde luego, a pesar de circular a 200 Km/h).

A continuación, decidimos si contestamos o no; si es de la faena, probablemente la rechacemos, pero si es nuestra hija, o nuestra mujer, probablemente la respondamos, sobre todo si estamos esperando alguna noticia… y eso también lo hacemos todos, o casi todos, aunque no seamos conscientes de que en ocasiones el riesgo de hacerlo puede ser extremo (y no me refiero a una multa…).

Así que el Maquinista, cuando ve que la llamada es del Interventor, algo totalmente inusual, piensa que debe atenderla porque debe tratarse de algo muy importante, a pesar de que el protocolo se lo prohibe (y si el protocolo prohibe esas comunicaciones, es porque ya se debe haber detectado que esas conversaciones prohibidas, de realizarse, pueden suponer un riesgo). Y efectivamente, cuando hablo con el Interventor se confirman mis sospechas: es un tema muy importante, no para él, sino para unos clientes. Y, dado que la dirección de esta santa empresa no sabe tratar bien a sus viajeros, y como muestra, en Pontedeume hace parar a los trenes en un andén con muchas dificultades de acceso para familias con niños, por supuesto que voy a tratar de solucionar el problema de esos viajeros, y de paso, estrecho mis relaciones de compañero y amigo con el Interventor, porque… ¡como le voy a negar su petición de ayuda, si para él es tan importante! (si le niego la ayuda, me lo va a reprochar, y además, ¡qué me cuesta ayudar a un compañero…!).

Así que atiendo a mi compañero durante un tiempo mínimo, minuto y medio, sólo 90 segundos, pero que en distancia suponen… ¡5400 metros! Y claro, en esos 5400 metros, mi atención está centrada en atender el problema de los viajeros, por lo que, cuando finalmente cuelgo, a 11 segundos del descarrilo, de repente me doy cuenta de que el descarrilo ya es inevitable.

Y los sistema auxiliares de protección (el ASFA digital), si hubieran protegido la geometría de vía, hubieran podido avisar al Maquinista de la proximidad de la curva, y de no hacer nada, frenar de urgencia al tren, pero con tiempo suficiente para evitar el descarrilo. Pero el Maquinista, cuando al pasar por las balizas de las señales protegidas por el ASFA digital, oyó el pitido corto que indica que la señal está en vía libre, siguió sin prestar atención a las señales ni a su recorrido por la vía, porque todo funcionaba exactamente igual que el resto de ocasiones en que pasó por ese punto, excepto su atención, que estaba focalizada en el problema de los viajeros.

Por tanto, mis conclusiones sobre este accidente:

  1. La causa principal del accidente es la aceptación de la llamada realizada por el Interventor al Maquinista. De no haberse aceptado la llamada, o de no haberse realizado, el resto de sucesos no se hubieran producido.
  2. La falta de protección del ASFA digital de la geometría de vía entiendo que es otra causa: si el Maquinista recibe del sistema auxiliar de protección sonidos que le indican que todo va bien, y siempre que le ha dicho eso siempre ha ido bien, ¿porque tenía que ser distinto ese día?
  3. Por último, el descarrillo del tren se produce por superar el doble de la velocidad permitida en esa curva. Si la curva está limitada a 80 Km/h, cualquier tren que la supere estará corriendo un riesgo por la aceleración lateral, que sobrepasará los límites tolerables; en el caso de la velocidad a la que iba el tren, ha superado ampliamente la aceleración lateral que provoca un descarrilo (esa es la razón, y no, como he leído por ahí, por llevar un segundo coche generador con un peso mayor; probablemente, si el primer coche motor no descarrila antes es porque la sujeción con el segundo coche lo impide en un principio; pero el descarrilo era inevitable a esa velocidad).

Se que algunas de mis afirmaciones tienen algo de especulativo, pero mi razonamiento intenta ponerse en el lugar de todos los implicados en este luctuoso hecho, y hacer comprender que, aunque el Maquinista tenga que responder a responsabilidades penales, su comportamiento ha sido completamente humano.

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