La Europa de mañana es… ¡Suiza!

Un artículo publicado en Foreign Affairs, de Nueva York, por Nicolas Berggruen y Nathan Gardels, en el que recoge un estudio del Consejo para el futuro de Europa del Instituto de gobernanza Berggruen. En este consejo forman parte figuras como Tony Blair, Juan Luis Cebrián, Jacques Delors. Felipe González, Romano Prodi, Gerhard Schröeder, Joseph Stiglitz o Guy Verhofstadt.

El estudio parte del análisis de la federación suiza, para exponer los pasos que se debieran dar para dar paso a una federación europea. Proponen algunas ideas que yo ha he expuesto en alguna ocasión, como la conversión del Consejo europeo en un Senado de representación territorial de los Estados, y dejando al Parlamento europeo como órgano de representación de los ciudadanos. Presseurop ha hecho un extracto del artículo, que figuro a continuación.

La única forma de que la Unión Europea obtenga una mayor legitimidad entre sus ciudadanos y siga desempeñando un papel fundamental en la economía y la política global es transformándose en una verdadera unión federal basada en el modelo de su pequeño país vecino, al menos eso piensan algunas figuras políticas relevantes de Europa reunidas por el think tank Berggruen.

La historia ofrece pocos ejemplos destacados de federaciones políticas exitosas. En el momento de su federación, en la década de 1780, Estados Unidos estaba formado por un puñado de Estados jóvenes escasamente poblados con una cultura y una lengua común, por eso no sirve como modelo para la Europa actual. Sin embargo, la experiencia de Suiza puede ofrecernos algo más, especialmente su lenta gestación. “Una federación necesita tiempo”, dice el exdiplomático suizo Jakob Kellenberger. “Las personas que vivían en los cantones suizos tardaron siglos en conocerse, a lo que siguió un largo periodo de confederación antes de formar una federación propiamente dicha en 1848”. […]

La federación suiza ha funcionado, afirma, porque el centro ha respetado la autonomía de los cantones (los cuales nunca tuvieron ninguna prisa por ceder su autoridad) y porque ha sido muy cautelosa para no abusar de su poder. Además, todos los poderes que la Constitución suiza no delegó específicamente al Gobierno federal continúan en posesión de los cantones.

Tras décadas de integración progresiva a sus espaldas y un mundo cada vez más apresurado por delante, Europa debe cambiar y conseguir una unión política plena en años y décadas, no en siglos, pero se beneficiaría si sigue el modelo suizo. […] En otras palabras, Europa, al igual que Suiza, necesita de un Gobierno central fuerte, pero limitado, que se adapte lo más posible a la diversidad local. […]

La opinión pública de cada Estado deberá decidir si le interesa a largo plazo formar parte de la federación o salirse

Aunque una Europa federal debe estar abierta a todos los Estados miembros de la UE, el camino hacia ese fin no debe bloquearse porque algunos no estén dispuestos aún a ello, pero tampoco debe imponerse desde arriba. La opinión pública de cada Estado deberá decidir si le interesa a largo plazo formar parte de la federación o salirse. Es ilusorio creer que una sólida unión política se puede construir sobre la débil filiación que resulta de retocar los tratados. Su fundación debe basarse en un mandato popular.

La estructura de una unión política

La sede más apropiada para ese debate sería una convención europea a gran escala. El ex primer ministro belga Guy Verhofstadt, el político alemán Daniel Cohn-Bendit (ambos miembros del Parlamento Europeo), y otros han propuesto convertir las elecciones del Parlamento Europeo de 2014 en una elección de una asamblea constituyente para redactar una nueva Constitución para Europa que incorpore esas ideas.
¿Cómo funcionaría, específicamente, una unión política en Europa? El Parlamento Europeo elegiría un director ejecutivo de la Comisión Europea, el cual formaría un gabinete de ministros con miembros de los grandes partidos en el Parlamento, incluido un ministro de Finanzas con la capacidad de gravar fiscalmente y elaborar un presupuesto sustancial para toda Europa. La función del ministro de Finanzas sería la coordinación macroeconómica, no la gestión microeconómica.
Otros cargos del gabinete se encargarían de las prestaciones de los bienes públicos supranacionales europeos (defensa, política exterior, energía, infraestructura y así sucesivamente), dejando las decisiones restantes en manos de los Gobiernos nacionales de la federación. El Tribunal Europeo de Justicia arbitraría los problemas de soberanía que pudiesen surgir entre la Comisión y los Estados miembros.

Un compromiso centrista

Puesto que el Parlamento habrá ampliado su poder seleccionando a un director ejecutivo para la unión, sería muy sensato celebrar unas elecciones parlamentarias basándose en las listas europeas en lugar de en las listas de los partidos nacionales. Al haber más en juego en las elecciones, habría más debates y un mayor porcentaje de participación, lo que implicaría una mayor legitimidad de los resultados y de las instituciones en general.Los partidos que obtuviesen menos del 10 o el 15% de los votos en las elecciones europeas podrían asistir al debate, pero no votar. Esa norma impulsaría que los políticos buscasen un compromiso centrista y evitasen el punto muerto que puede surgir por el derecho de veto de los pequeños partidos en una coalición.

En ese esquema, el actual Consejo Europeo se transformaría en la Cámara Alta de la legislatura de la unión. Los Estados-nación elegirían a los miembros por periodos escalonados más largos que el ciclo electoral de la Cámara Baja del Parlamento, fomentando de esa forma una perspectiva más prolongada sobre la gobernanza. A diferencia de la Cámara Baja, que se centraría principalmente en los intereses a corto plazo de sus constituyentes nacionales, la Cámara Alta sería una institución más deliberante, centrada en temas más amplios y a mayor plazo. La representación se basaría en un sistema proporcional de acuerdo con el número de habitantes de cada Estado miembro.

Una integración más estrecha, no más flexible

Para preservar algo de la cualidad no partidista y meritocrática de la Comisión actual, cada ministro del gabinete de la Comisión estaría emparejado con un secretario permanente de la Administración Pública europea en su área de competencia. Al igual que en un “sistema Westminster” ideal, la elaboración de los presupuestos dependería de la Comisión, no del Parlamento. El presupuesto de la Comisión se presentaría por una votación positiva o negativa en el Parlamento; un voto de “censura constructiva” por parte del Parlamento rechazaría la dirección política establecida por la Comisión, en cuyo caso se formaría un nuevo Gobierno. (Un voto de censura constructiva es un mecanismo para forjar el consenso mediante el cual un voto de censura constructiva puede tener lugar solo si ya se ha asegurado el respaldo mayoritario para una coalición gubernamental nueva y alternativa). Los impuestos y la legislación tendrían que estar aprobados por una mayoría en ambas cámaras legislativas.Cualquier movimiento hacia esa unión política suscitaría obviamente muchos temas espinosos. Las nuevas instituciones y sus normativas se establecerían idealmente de forma ascendente mediante una asamblea constituyente en lugar de un cambio en el tratado, pero ¿cómo podría aprobarse un proceso que realmente parte de cero? Los mayores partidos que obtuviesen la mayoría de los escaños en el Parlamento Europeo necesitarían establecer un compromiso y una agenda común lo bastante fuertes como para posibilitar el gobierno, pero ¿qué sucedería si no lo hacen? Y lo que es más importante, ¿podría una unión política ser una verdadera unión si no está precedida por una consolidación nacional que abarcase todo el continente y estuviese dirigida a forjar una ansiada identidad común? Sin embargo, ahora lo más crucial es reconocer que el sistema actual no funciona, y que una integración más estrecha, y no más flexible, es la opción más sensata y atractiva. […]La única forma de responder al desafío actual de Europa dada las muchas incertidumbres es que los líderes europeos y sus ciudadanos se comprometan finalmente a su transformación en lugar de permanecer inmóviles ante la duda.

Enlace en Presseurop: La Europa de mañana es… ¡Suiza!

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