“¡Qué! Sólo estoy tratando de correr”

El amigo Juanes me envía a través de Facebook un enlace a este interesante artículo de Pikara magazine sobre la lucha de algunas mujeres para lograr la igualdad con respecto al hombre, en este caso en el deporte, y más concretamente en el maratón. A veces, sin darnos cuenta, los prejuicios pueden mucho más que la razón, y para justificar los prejuicios, inventamos las mil y una excusas con argumentos seudocientíficos que sólo intentan ocultar, la mayor parte de las veces, la ignorancia, el miedo y la moral del que impone determinadas prohibiciones. Aquí va un extracto del artículo, que podéis leer íntegramente accediendo al enlace que figura al final del mismo.

En los años sesenta, la resistencia física de las mujeres era considerada inferior a la masculina. Las deportistas y las atletas veían cómo el límite a sus capacidades se imponía oficialmente en el kilómetro y medio de competición. Por tanto, los Maratones de largas distancias les estaban vedados.

El Comité Olímpico prohibió hasta 1969 las pruebas femeninas que sobrepasaran los 200 metros: “Una distancia mayor era no sólo un serio peligro para la salud de las mujeres sino también para su futura maternidad” (…)

Feminidad en peligro

El límite en competición para las mujeres estaba en el kilómetro y medio (1 hora). Se consideraba que no estaban fisiológicamente preparadas para competir en largas distancias y el ideario cultural de la época insistía, además, en hacer ver que esfuerzos de tal índole hacían que las mujeres dejaran de serlo. (…) “una actividad intensa significaba que se te podían poner las piernas grandes, crecer el bigote, el vello en el pecho y que tu útero se iba a caer”.

Los fundamentos religiosos venían a reforzar estas creencias (…)

Atletas mediáticas
La presencia de las maratonianas en la historia es extensa y está llena de experiencias dignas de contar y anécdotas. Por ejemplo, la griega Stamis Rovithi se considera la primera mujer en correr un maratón de manera extraoficial. Fue en las Olimpiadas de Atenas de 1896. Tras denegársele la inscripción al maratón masculino, Rovithi decidió hacer el recorrido por su cuenta a través de un trazado paralelo que quedaba fuera del marcado oficial. (…)

La participación extraoficial de Bobbi Gibb en la Maratón de Boston se convirtió en un fenómeno mediático

En el siglo XX también hay testimonios de presencia femenina extraoficial en maratones. (…)
El primero de los acontecimientos se dio en 1966, cuando Roberta Gibb (más conocida como Bobbi Gibb), de 23 años, recibió una carta del director de la carrera, Will Cloney, en la que se rechazaba su participación oficial debido a las normas machistas imperantes. (…) Gibb (…) se vistió con ropa de su hermano: (…) se escondió entre los arbustos (…) y, tras el pistoletazo de salida, esperó a que hubieran algunos corredores en la pista y saltó a la carrera.

Los participantes se percataron de que había una mujer corriendo con ellos y la animaron hasta tal punto que Gibb decidió quitarse la sudadera. El público también la apoyó y logró la atención de la prensa. (…). Al llegar a la meta, el gobernador de Massachussetts estaba allí para darle la mano a la corredora y felicitarla. Gibb acabó su recorrido en 3 horas, 21 minutos y 40 segundos, por delante de los dos tercios de corredores que quedaban en pista. Los medios recogieron la noticia en primera plana y el apoyo oficial para que las mujeres pudieran correr maratones parecía inminente.

Gibb, tras finalizar su sonada participación en el Maratón de Bostón de 1966

A pesar de las promesas de cambio, el año siguiente hubo las mismas restricciones y Gibb volvió a correr de manera extraoficial. Sin embargo, esta vez no lo hizo sola. Otra mujer, Kathrine Switzer decidió lanzarse a la carrera, burlando las negativas a inscribirse y haciéndolo con un número de dorsal: el 261. Esto la convirtió en la primera mujer en correr un maratón con número registrado.
Switzer, que entonces contaba 20 años de edad, usó sus iniciales para la inscripción – K.V. Switzer – y se incorporó a la carrera, camuflada con ropa ancha. La corredora hubiera podido “pasar desapercibida”, pero uno de los comisarios de la carrera, Semple Jock, la descubrió y se abalanzó sobre ella agarrando su dorsal para arrancárselo y gritando “¡Lárgate de mi carrera y dame esos números!”.
La propia Switzer ha llegado a contar así lo que le ocurrió: “Recuerdo que cuando llevábamos menos de cinco kilómetros recorridos, un responsable de la organización se bajó del camión de la prensa, que estaba justo delante de mí, con la intención de sacarme del maratón. Me sentí muy asustada en ese instante y lo primero que se me pasó por la mente fue alejarme lo antes posible de él. Los corredores que estaban junto a mí empezaron a gritar que me dejara en paz. Entonces, mi novio, que era un exjugador de fútbol americano, le hizo un placaje con el cuerpo y lo sacó del recorrido […]. No permití que el miedo me detuviera. Quería demostrar que merecía estar allí y que las mujeres podíamos correr, al igual que los hombres, largas distancias”. Acabó la prueba en un tiempo de 4 horas y 20 minutos.

Recorte de prensa de la época con secuencia del ataque a Switzer

La foto del comisario intentando arrancar el dorsal dio la vuelta al mundo; llegó incluso a aparecer en el libro ‘Las 100 fotografías que cambiaron el mundo’. Switzer declaró que, tras el incidente, “los periodistas se pusieron muy furiosos”. Le gritaban: “¿Qué estas tratando de probar? ¿Eres una sufragista? ¿Estás en una cruzada?”. Ella pensaba: “¡Qué! Sólo estoy tratando de correr”.
La vida de Switzer cambió tras el maratón. Decidió, y sigue haciéndolo en la actualidad, dedicar sus acciones a romper barreras machistas en el deporte. Además, puso de moda el running entre las mujeres estadounidenses. En 1972, 5 años después de su intervención, el Maratón de Boston se abrió a la participación oficial femenina. Tras esto, la corredora luchó por que se considerara prueba olímpica, algo que sucedió en 1984 en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. (…)

Participantes en el Maratón de Boston de 1972, en el que pudieron correr de manera oficial. La F6 es  Switzer.

Enlace al artículo en Píkara magazine: “¡Qué! Sólo estoy tratando de correr”.

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