La desnudez en España: un análisis socio – jurídico.

Presento hoy un correo propio que he rescatado de la lista nudista, publicado el 23 de enero de 2011, en el que hago una reflexión sobre la aceptación del desnudo en Españistán; parto del hecho de que no hay norma penal que impida el desnudo en los espacios públicos, pero existe algo mucho más potente que la norma penal, y es la norma social, que impide que podamos andar desnudos tranquilamente por la calle (de esto también trata tangencialmente el artículo Cuestión de pezones (y algo más) publicado recientemente en este blog.

También hablo de otras cosas, pero si quieres saberlas, tendrás que leer lo que sigue 😉

Tras un tiempo leyendo los múltiples mensajes que se han generado en la lista (hacia tiempo que no había tanto movimiento), me decido a dar mi opinión sobre lo que se ha hablado; espero que todas las ideas que tengo en la cabeza las sepa exponer por escrito. Para ello recupero una convención que antiguamente teníamos en la lista: cuando un mensaje era largo, se ponía en en asunto las letras XXL (de extralargo); y como creo que este correo va a ser muy largo, así lo indico.

Partamos de mi visión: soy de los que piensa que la desnudez no debe estar limitada en ningún caso, como piensan algunos listeros; pero también pienso que la situación social y legal no es tan favorable como se defiende. Pero bueno, metámonos en harina…

Como animales sociales, somos parte de uno o varios grupos sociales, y cada uno con sus propias normas: formamos parte de una familia en la que nos criamos, y que nos transmite un sistema de valores a través de unas determinadas normas, determinando al mismo tiempo una determinada visión del entorno que nos rodea; al formar una nueva familia, puede que ese sistema de valores se mantenga o que varíe por el simple hecho de que hay que combinar dos sistemas de valores que pueden ser más o menos iguales; pero lo cierto es que, normalmente, el sistema de valores resultante será otro bastante parecido a los iniciales, pero distinto; pero una vez construido ese sistema de valores, se mantendrá prácticamente invariable a lo largo del tiempo: y eso mismo sucede en los demás grupos a los que pertenecemos: cuando trabajamos, nos integramos en un grupo social, con sus propias normas, y así ocurre también si vamos subiendo niveles y llegamos al grupo social constituido por los vecinos de un pueblo, de una ciudad, de una nación: cada grupo tiene su propio sistema de normas; cuanto mas personas tiene el grupo, más difícil es cambiar su sistema de normas, y al mismo tiempo, más se castiga la disidencia, sea con el desprecio, con el aislamiento, e incluso con la violencia.

Yo, como persona, pertenezco simultáneamente a diversos grupos sociales: el primero es simplemente el determinado por mi condición de género (hombre o mujer); otro grupo social viene determinado por mi situación geográfica (sociedad europea, subgrupo sociedad española, subgrupo sociedad valenciana); otro, por mi trabajo o no en una determinada empresa, con su grupo social formado por el conjunto de sus trabajadores, con otro subgrupo social formado por los trabajadores de mi departamento; otro grupo social es el formado por mis amigos; otro grupo social es el formado por mi familia (mujer e hijos); otro grupo es mi familia extensa (padres, suegros, tíos, primos…); otro grupo, en fin, es el formado por las personas cuya característica común es que, de forma voluntaria, comparte su desnudez en común con otras personas, conocidas y desconocidas (siendo comúnmente conocidos por el nombre de nudistas); dentro de este grupo social, también hay subgrupos: uno que sólo lo ve como una forma cómoda de estar en la playa (una gran mayoría) y otro grupo mucho menos numeroso de personas que amamos la desnudez; dentro de este último subgrupo, los hay más activistas y menos activistas, y dentro de los más activistas estamos los que nos calentamos la cabeza participando en diversos foros, y otros que están en asociaciones… Y esa pertenencia simultánea a múltiples grupos sociales y por tanto, la coexistencia de múltiples sistemas de valores y visiones simultáneas) delimita en gran medida nuestra propia realidad… hay gente que sólo se desnuda cuando está de viaje, por gran temor a que pueda verlo su jefe y lo despida; otros, sencillamente callan porque no se atreven a salir del armario…

Como ejemplo, la diferencia de género: hay diferencias entre la percepción de la desnudez entre hombres y mujeres; el desnudo de una mujer no es interpretado por los hombres como un ataque, pero sí sucede al contrario, como norma general: las mujeres perciben el desnudo masculino como algo peligroso, y de hecho, los exhibicionistas precisamente buscan ese miedo en muchas mujeres para ocultar su tremenda cobardía a relacionarse con ellas de igual a igual.

Y de ello también se deducen comportamientos sociales: en el año pasado se hicieron públicas dos experiencias de desnudez por las calles de Madrid por dos medios de comunicación: el diario El Mundo y la cadena de televisión la Sexta.
En el caso del diario, se publicó un reportaje con una modelo de cuerpo escultural; según la conclusión del diario, el nudismo realmente ya no era un problema social, dado que la chica entró en una tienda y le atendieron sin problemas, se subió a un taxi y la llevaron a donde solicitó y en una terraza de una cafetería le sirvieron sin ningún problema, todo ello acompañado de un reportaje fotográfico en el que se mostraba el cuerpo de la modelo sin censura alguna (pechos y pubis sin pixelar). El trato fue similar en hombres y mujeres. En el caso del reportero de la Sexta, el reportaje mostraba siempre la zona genital del hombre con una tira blanca que la ocultaba, y las reacciones de hombres y mujeres protagonistas totalmente contrarias al caso anterior: no le permitieron subirse a taxi alguno, lo tiraron con cajas destempladas de una terraza, …

De ello se deduce que en el comportamiento social de la sociedad española en general frente al desnudo es bien sexista: el desnudo femenino es más aceptado que el masculino, y en este hecho debemos encontrar la explicación de que el top-less se haya convertido en una realidad cotidiana y sin conflicto (siempre en los límites playeros, por supuesto) mientras que el desnudo integral, y sobre todo el masculino, sea causa de conflicto. O el hecho de que una de las revistas de mayor difusión en nuestro país (Interviú) siempre muestre en su portada una mujer desnuda (cuando llevaba casi un año en el mercado, en uno de sus números sacaron como portada en lugar de una mujer desnuda a Marcelino Camacho, porque pensaban que al ser una revista de información política ya asentada, podían prescindir del reclamo; cómo sólo se vendieron el 25% de ejemplares que en las ediciones anteriores, se dieron cuenta de la realidad: se valoraba su contenido, pero los compradores eran mayoritariamente hombres, que con la excusa de la información política veían, además, a tías en pelotas; tras muchos años, se decidieron a probar a cambiar a una chica por un chico -Jesús Vázquez, un desnudo que clasifican como muy artístico, con lo que quieren decir que no muestran los genitales de forma casi artificial, no sea que la gente se escandalice-; pero enseguida volvieron a las chicas, porque las ventas son las ventas…)

Marcelino

Y de esta realidad social se nutre la legislación que nos afecta: pero antes, una pequeña introducción de filosofía del derecho…

En la filosofía del derecho existen dos tendencias en apariencia contrapuestas: el iusnaturalismo y el positivismo: el positivismo enfatiza la distinción entre el derecho tal cual es, y el derecho como debería ser. Los iusnaturalistas, por su parte, afirman la existencia de normas no positivas (no sancionadas por una autoridad) que encarnan la justicia y que prevalecen sobre las normas positivas. Una mala aplicación del positivismo (porque las leyes tienen que ser justas) fue la aplicación de la legislación nazi con el tema de los judíos; por ello, después de la guerra, digamos que se redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos para recoger ciertas normas que hasta ese momento no estaban escritas: el derecho a la vida, y los otros que se han citado en algunas ocasiones en esta lista. Ahora bien, esta declaración no es aplicable de forma directa por los tribunales, pero sí que los guía a la hora de interpretar las normas escritas, que forman lo que se denomina el derecho objetivo; este derecho objetivo se basa en un sistema jerarquizado de normas (en España: normativa europea, Constitución, leyes orgánicas, leyes, decretos-ley, decretos, órdenes…); y en una enumeración de las libertades y derechos que deben disfrutar los ciudadanos; en concreto, la Constitución afirma en su artículo 10.2 que las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos (la negrita es mía).

Pues bien, volviendo al tema que nos ocupa, entre los derechos fundamentales y libertades reconocidos por la Constitución no se encuentra el de la desnudez en cualquier ámbito; sí se encuentra, como se ha comentado en múltiples ocasiones, el derecho a tener una ideología; pero, desde el punto de vista constitucional ¿que es una ideología? En la página web del congreso (enlace: http://www.congreso.es/consti/constitucion/indice/sinopsis/sinopsis.jsp?art=16&tipo=2) se encuentra la siguiente referencia, de la que extraigo estas ideas:
En el artículo 16 de la Constitución se garantizan la libertad ideológica, religiosa y de culto, algunos de los derechos más íntimamente vinculados al libre desarrollo de la personalidad. (…)
La libertad ideológica (…) alcanza su trascendencia en su vertiente externa, que se traduce en la posibilidad de compartir y transmitir, en definitiva de exteriorizar esas ideas (…) al exterior (…) mediante gestos, conductas o cualesquiera otra manifestación que permita traslucir las creencias u opiniones personales (…): desde portar ‘pegatinas’ con consignas al controvertido uso del pañuelo (hijab) por parte de las mujeres musulmanas hasta conductas que pueden afectar a la vida como el mantenimiento de una huelga de hambre como medio de reivindicación de unas ideas (…).

Y es aquí por donde yo veo el problema: nosotros pensamos y defendemos que el nudismo es una ideología, pero, fuera de nuestro grupo social de activistas partidarios de la desnudez ¿hay alguien más que lo piense? Tengamos en cuenta que la mayor parte de la sociedad (y esto incluye a los jueces, magistrados, fiscales, alcaldes, políticos… incluso muchos de los que se desnudan en las playas) no creen en absoluto que el nudismo sea una ideología, sino simplemente una forma de estar en las playas; y teniendo en cuenta lo expuesto más arriba, el ordenamiento jurídico en España, en consonancia con el sistema de valores de nuestra sociedad, no protege de forma especial la desnudez en común, al contrario de lo que sucede con otras ideologías o creencias.

Y el hecho de que dentro del sistema normativo español no se considere la desnudez como delito, no significa que no se pueda limitar: los ordenamientos jurídicos reservan al castigo penal aquellos hechos más repudiados por su entorno social (asesinato, robo…); pero existen otros órdenes que también imponen prohibiciones: la jurisdicción civil, la jurisdicción administrativa… como ejemplo, la famosa (y comentada) ley anti-tabaco: no es una norma de carácter penal (quien fuma dentro de un establecimiento no sufre condenas de cárcel), pero sí se pueden imponer multas (de carácter administrativo); en el caso de la desnudez, ya estamos viendo como la ordenanza municipal de Barcelona acaba de limitar la desnudez (incluso la parcial), y que los ayuntamientos lo intentan de múltiples formas (el de Valencia lo limita de hecho disponiendo que podrá solicitar a la autoridad competente la delimitación de zonas para practicar el nudismo, con lo que viene a decir que si no lo solicita no existirán dichas zonas, y podrá perseguir la desnudez en las playas); y ¿que ocurrirá si la demarcación de costas decide, en uso de sus competencias, delimitar zonas nudistas en las playas? Nos habremos quedado sin nuestro principal argumento para evitar estas limitaciones (la de que los ayuntamientos no son competentes para declarar las playas como nudistas)…

Por último, una cuestión colateral, que también tiene que ver con ideologías: en muchas ocasiones, se achaca a la moral de las Iglesias (y de la Iglesia católica, en particular) la persecución de la desnudez; este argumento puede ser muy popular, pero creo que no es acertado, puesto que eso implicaría que todos los ateos, dado que no siguen la moral de las Iglesias, serían nudistas; sin embargo, la realidad social nos dice que entre los nudistas existen ateos y creyentes, y entre los textiles también existen ateos y creyentes, por lo que el factor de la moralidad eclesial creo que ayuda, pero no es determinante en la persecución de la desnudez.

Finalizo: a mi me gustaría poder acercarme con mi familia en tranvía a la Malvarrosa, y que cada miembro de mi familia pudiera estar en ella como más cómodo se sintiera, sin tener miedo a la agresión de nadie; y creo que ese debe ser el objetivo principal: aún apoyando la no prohibición en ningún espacio público, estratégicamente sería deseable ganar primero todas las playas para posteriormente ganar el resto de espacios públicos.

Comprenderé que cualquiera de vosotros piense lo mismo que Aznar, cuando intervino en el Parlamento Europeo: menudo coñazo nos ha soltao…



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