Para empezar el año…

Para empezar el año, un par de reseñas sobre el tema de moda en este final de año, que ha mitigado un poco el otro gran tema del año, el del referéndum de Catalunya.  En efecto, el aborto está siendo utilizado para que todos centremos nuestra atención en un tema que hasta ahora no había causado ningún conflicto social; algo pretenden los políticos que nos gobiernan cuando, ya casi finalizando el año, sacan este tema a la palestra. ¿A qué asunto no quieren que prestemos atención? ¿Al referéndum de Catalunya? (a pesar de todo, creo que no) ¿A la realidad de que el paro, lejos de bajar, no para de subir? (porque si desciende el número de parados es porque decrece mucho más rápidamente el número de personas en disposición de trabajar, porque se van fuera del país) ¿A que vienen unas elecciones europeas en las que se teme un descalabro? ¿A tapar la repercusión de los registros en la sede del Partido Popular? (vaya, ésta parece muy plausible)…

La verdad es que me tienen intrigado, porque lo que sí tengo claro es que en política, las cosas nunca se hacen por casualidad, ni por despiste; sólo me queda esperar un tiempo a ver si en algún momento sabemos las razones de todo este guirigay…

La primera reseña es de Laura Freixas en el barcelonés La Vanguardia el 19 de diciembre de 2013, titulado Pobres niños.

Pobres niños

La otra reseña es una refelxión de Amelia Varcárcel el día 22 de diciembre en El País:

Siempre recordaré a la persona que me daba albergue, allá por los años setenta, en mis jóvenes veranos en el sur de Inglaterra. Era una mujer excelente, perspicaz, de mediana edad y conservadora. Inevitablemente acabamos por hablar del aborto. Me transmitió que lo consideraba un hecho grave y que no lo veía justificable casi en ningún caso. Le repliqué entonces con los hechos: con independencia de ello, se produciría de todos modos y, en la alegalidad, sin ningún control. Y me dio entonces una lección que nunca he olvidado. “Considero que es un grave mal”, me dijo, “pero precisamente por ello ha de ser legal”. “Es vergonzoso”, añadió, “ver a esas mujeres españolas que tienen que venir a mi país para realizarlo”. Entendí en un instante la diferencia entre la posición conservadora y la fundamentalista: las convicciones religiosas y morales propias no son fundamento de la ley común.

No entraré en el debate de la moralidad, por tanto, pero tampoco me dejaré arrastrar por convicciones ajenas que no comparto. Y mantengo el derecho a resistirme frente a ellas. Tengo las mías que son de todo punto claras: la decisión de ser madre le corresponde, en primer término, a quien esté en disposición de serlo. Tras dar amparo a esa libertad por el tiempo preciso, debe la ley proteger a la vida fetal y proteger su desarrollo hasta que se convierta en una vida humana completa. Eso hace nuestra ley actual, a la que no encuentro ningún motivo justificado para abrogar. Por lo demás, reabrir el debate del aborto en sí, está lejos de las coordenadas de una sociedad democrática corriente. La libertad de elegir ser madre es libertad admitida. No obstante, la entrada en escena de la ley Gallardón pone a nuestro país en emergencia moral, puesto que la ética civil compartida habrá de medirse de nuevo con las convicciones fundamentalistas.

Enlace a El País: Victoria pírrica.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Otros y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s