Nuen maite… (recuerdos de mi pasado Scout, y algo más)

Lo que son las casualidades… esas cosas que de repente te hacen comprobar lo interrelacionadas que a veces están las cosas…. y algo en principio tan insustancial como leer una noticia en un diario del año 2014, de repente hace que vuelvan a ti hechos del pasado no muy reciente… de hace 20 años…

Anne Etchegoyen

La cantante Anne Etchegoyen

La noticia se titula Canciones vascas para el mundo, se publicó en el diario El País del pasado día 14 de febrero (acceso a la noticia aquí) y habla de la cantante vasco francesa Anne Etchegoyen; la noticia habla de que ha vendido 60.000 ejemplares de su disco en euskera Les voix basques, y que su canción Hegoak tiene más de 300.000 visitas en You Tube. Hasta aquí, todo normal.

Pero ¿porqué esta noticia me llamó la atención? Más que nada porque, ya hace de esto 30 años, tuve la maravillosa oportunidad de residir durante medio años en Vizcaya (que aunque oficialmente sea Bizkaia, la escribo con ortografía castellana, al igual que escribo Londres y no London), en Bilbao, cerca de Zabalburu y del Teatro Arriaga, en unas circunstancias bastante particulares: estaba haciendo el servicio militar en el Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles como paso previo a mi ingreso en FEVE (para acceder al Regimiento había que pasar por un concurso-oposición, nada de ingresar por sorteo), y pedí traslado desde Santander a Bilbao, por estar un poco más cerca de casa, pero sobre todo, por escapar del infernal cuartel que era la 33 Unidad del regimiento.

El comentario generalizado era ¿no te da miedo irte a Bilbao? La pregunta no era inocente. En aquellos momentos, el terrorismo sin sentido de ETA estaba en uno de sus momentos más álgidos: también estaba presentes los GAL, que mataron en aquellos días a uno de los miembros más relevantes de Herri Batasuna, Santiago Brouard. Y sin embargo, aquellos fueron los días más felices de toda mi estancia en el norte de estas tierras… Descubrí una gente fantástica, maravillosa, magnífica, que me acogió con los brazos abiertos, aunque, también es verdad, con una total falta de libertad de expresión. Todavía recuerdo a la persona que me tutelaba las prácticas en Bilbao Casilla: me dijo muchas veces que los vascos eran muy buena gente, pero… y nunca acabó la frase, nunca tuvo el valor de decir lo que creo que pensaba: que estaba harto de la violencia…

Pero volvamos al hilo: mi estancia allí despertó mi curiosidad por el euskera, y busqué una academia para aprender un poco; pero no la encontré, porque un militar en una academia de euskera era, en aquel tiempo, como encender una cerilla en un polvorín; las academias estaban muy politizadas, muy próximas a Herri Batasuna y las Gestoras Pro-Amnistia, y mi presencia podía ser de todo menos pacífica; así que me conforme en ser autodidacta, y aprendí un poco de euskera (ahora mismo, ya no recuerdo nada).

Al mismo tiempo, trabajando en la estación de Zorroza, se presentó un grupo Scout de Euskalherriko Eskautak, de Sestao, y conocí a un Eskautak estupendo (como no podía ser de otra forma), Aitor Zenarruzabeitia (han pasado 30 años y todavía recuerdo su nombre). Hablamos mucho de nuestros grupos, y de las cosas que hacíamos… sentí, como no podía ser de otra forma, la intensidad de la Hermandad Scout Mundial.

Y de aquí, se da un salto en el tiempo. A mitad de los 90, el Movimiento Scout Católico organizaba unas escuelas de verano para dirigentes de asociaciones diocesanas; yo acudí, en esta ocasión, como presidente de Scouts de Castelló; para mí, que había acudido el año anterior a la primera edición de estas escuelas en La Molina (Barcelona), esta segunda edición no fue demasiado interesante; pero se me quedaron dos grandes recuerdos: el primero, una entusiasta chica que no hacía más que hablarnos de su ciudad, Vitoria, de la grandeza de sus fiestas a la Virgen Blanca, y, sobre todo, del Celedón. Se pasó todo un día (el 5 de agosto, fiesta de la Blanca) cantando Celedón ha hecho una casa nueva, Celedón con ventana y balcón.

Y lo segundo, una canción que me enseñaron, en euskera, que me gustó muchísimo, y de la que únicamente recordaba sus dos últimas palabras, nuen maite. Recordaba sobre todo lo que me impresionó el conocer el significado de la letra, expresando en muy pocas palabras una intensa belleza; esta es la letra en euskera:

Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik…
txoria nuen maite.

Y aquí su traducción al castellano:

Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habria escapado.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba era un pájaro.

Y justamente ayer, cuando puse el video de Txoria txori, versión original del Hegoak de Anne Etchegoyen, interpretada por Mikel Laboa, de repente todos estos recuerdos se agolparon en mi mente, y me hicieron recordar unos momentos que viví con mucha intensidad; y justo las palabras que recordaba de la canción, nuen maite, expresan ese sentimiento: lo que yo amaba…

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Scouts y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s