Mi primera experiencia nudosenderista

Hoy comparto con vosotros algo que ocurrió por casualidad: el sábado 15 de marzo de 2014 pasará a la historia como el día en que por primera vez caminé desnudo por un sendero, en plena naturaleza… bueno, en medio del bosque, pero no muy lejos de la civilización.

Todo comenzó cuando, dentro de mis siempre aplazados planes de entrenamiento para poder afrontar con garantías la caminata dels Pelegrins de Les Useres (un recorrido penitencial que se realiza desde tiempos inmemoriales desde este pueblo hasta Sant Joan de Penyagolosa), por fin me decidí a empezar con un recorrido facilito; así que me desplacé hasta Puçol, y dejando aparcado el coche cerca del casino, inicié el recorrido por el sendero de gran recorrido GR-10, que une esta población con Lisboa (ahí es nada).

Mi intención era la de caminar durante media horita, más o menos, y después dar la vuelta y volver al coche; como comienzo, no estaba nada mal; pero como consecuencia de la improvisación, de la primera vez que caminaba por el monte desde hacia muchísimo tiempo, o de mi bien conocida insensatez, me fui con la misma ropa con la que me hubiera ido a dar una vuelta por el centro de Valencia: ropa interior inferior y superior, pantalón largo, camisa de manga larga y jersey (finito, pero jersey). Además, dentro de una mochila regalo de cumpleaños de mi mujer, llevaba la cámara de fotos.

Este tramo se inicia en la intersección entre las calles Terol y Montaña Negra; pero yo dejé el coche en el camino de las Palmeras, a la altura del Mas de Mur; a lo largo de este camino existen varios lugares donde dejar el coche, pero yo quería seguir el sendero desde su origen, y allí hay un cartel que me pareció que indicaba el inicio del sendero.

Inicié el camino a buen ritmo, siguiendo las marcas rojas y blancas del sendero, y, tras pasar el puente sobre la autopista, estas marcas y una señalización con varias indicaciones y tiempos de recorrido me indicaron que dejara el camino principal y me introdujera en un camino asfaltado que se dirige a una instalación hípica cercana.

Al poco, se bordea el casino; a esas horas (aproximadamente las 12 y cuarto de la mañana) se respiraba un intenso silencio, sólo roto por el ruido de mis pisadas.

Justo al llegar a la instalación de la hípica (ahora con una valla que impide el acceso) aparece a la izquierda un sendero que, más que un sendero, parece una selva (es lo que se ve a la izquierda de la foto).

Por allí seguí; pero claro, con toda la ropa que llevaba encima, unido al hecho de que el sol estaba pegando de lo lindo, hizo que al poco de estar caminando ya me hubiera quitado el jersey y lo llevara encima de los hombros.

Al poco, llegué a otro camino asfaltado, que crucé, y en el que encontré las dos últimas muestras de vida humana del camino… así, al menos, lo creía yo.

Por eso que parece un sendero venía…

… y por eso que está a la izquierda seguí.

Seguí caminando con el ímpetu del novato por la senda, con ánimos renovados al internarme en el bosque de nuevo tras tantos años de inactividad… ¡y pensar que cuando estaba en los Scouts, estaba en el monte cada dos por tres..! El caso es que, no se si por la ropa inadecuada, o por la falta de costumbre, o por ambas cosas, lo que estaba era soportando un calor insoportable… pensé entonces en arremangarme las mangas de la camisa, así que me detuve en un recodo del camino para hacerlo; y entonces…

Si amplias la imagen, verás que entre los dos campos está el sendero entre los árboles; ahí estaba el recodo del que hablo.

Y entonces, pensé: estoy aquí, en medio del bosque; desde que me he cruzado con aquellos seres humanos, no he visto ni un alma; además, la temperatura es perfecta; por otra parte, esta ropa no hace otra cosa que agobiarme; ¿y si…? Y efectivamente, sí. Al instante, ya tenía toda la ropa metida en la mochila, y la cámara apoyada en ella para hacerme un autoretrato (eso que ahora todo el mundo llama selfie).

Pero… no llevaba ni cinco segundos desnudo, cuando de repente aparece de entre los árboles un atleta, que bajaba hacia mí corriendo; lo primero que pensé es… menos mal que no me ha pillado en ropa interior (pensamiento curioso donde los haya: normalmente, suele ser al revés); a continuación, seguí preparando la cámara, y cuando pasó a mi altura, me dijo “¡cuidado!”, supongo que para que no hiciera la foto mientras el pasaba.

DSC_0004

He aquí el famoso recodo.

Y ahora, una vez pasada la primera fase de aclimatación, me dispuse a seguir el recorrido, que va zigzagueando y aumentado cota; caminé unos 15 minutos más, encontrando a otra persona que parecía estar recolectando setas, y que pareció no percibir mi presencia cuando pasé a su altura. Llegados a este punto, decidí hacer unas pocas fotos de recuerdo, y emprender el camino de regreso hacia el coche.

DSC_0007

Y aquí estoy yo observando el fabuloso paisaje, desde este punto.

Así que, tras este pequeño descanso, inicié el camino de regreso, no sin antes encontrarme con el recoge-setas que venía de frente hacia mí; sin detenerme, me fui acercando y al cruzarme con él le dice un sencillo bon dia que fue contestado de la misma forma. Y ya de un tirón, hasta que a punto de entrar en la civilización me tuve que poner, con gran tristeza de mi alma, de nuevo la ropa.

Y así, por casualidad, tuve la ocasión de tener mi primera experiencia de nudosenderismo; ahora, cada vez que vaya a caminar por el monte, si me desnudo, ya no será por casualidad…

Postdata: en cuanto a los dos paisanos que me crucé, no noté en ellos ningún signo de rechazo, pero seguro que su encuentro conmigo ha sido motivo de chanza entre familiares y amigos…

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2 respuestas a Mi primera experiencia nudosenderista

  1. Jose dijo:

    Buenos días!
    Muy interesante tu experiencia, que nos traes hoy, pero has contado lo que fue, pero seria también interesante que nos cuentes como te has sentido, que has descubierto en tu primera vez desnudo haciendo senderismo?. Lo repetirás?

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    • Bueno, las sensaciones de esta primera vez han sido similares a las de la primera vez que me desnude en una playa: superar un reto, sentirse en pleno contacto con la naturaleza, comprobar mis reacciones en presencia ajena… ciertamente, es una experiencia para repetir, y espero poder unirme a otras personas dispuestas a compartir estos indescriptibles momentos.

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