La cosificación del cuerpo (femenino)

Hace algunos días, he visto el presente video en youtube, que por su interés reproduzco a continuación:

Como información complementaria al video, su autora figura el enlace al siguiente artículo de una investigadora de la Universidad de Valencia:

Una investigación alerta sobre el posible efecto negativo de los spas infantiles en la desigualdad de género

La educadora social y Máster de Género y Políticas de Igualdad de la Universitat de València Sara Vierna Fernández acaba de presentar la investigación «Neo-princesas de tocador». Un trabajo que analiza las consecuencias para la igualdad entre mujeres y hombres que tiene la proliferación de empresas de ocio infantil dirigidas a niñas de 4 a 12 años que recrean un mundo de princesas inmersas en lujo y glamour, acompañado de unos servicios de cuidado estético que simulan un salón de belleza infantil.

En este informe, Vierna Fernández advierte de la importancia del juego como uno de los principales motores de aprendizaje de los roles de género en la infancia. En palabras de la autora «en estos espacios las monitoras, mediante el juego, convierten a las niñas en princesas o modelos, las maquillan, peinan, les hacen hasta la manicura. Se recrea todo un ritual de belleza y a las niñas les llega un mensaje claro: el físico es tan importante que tu día especial, por ejemplo, tu cumpleaños, lo celebras dedicándolo a él. Este mensaje, aunque no es intencionado, cala profundamente en los futuros estados de autoestima en la adolescencia y edad adulta pudiendo acentuar diversos trastornos psíquicos».

En la investigación se indaga teóricamente sobre la función que cumple la actividad lúdica en el desarrollo cognitivo y social de la infancia. Y es que, las niñas y los niños aprenden a pensar y a pensarse, a construir y a construirse, a ubicar y a ubicarse socialmente, a percibir y autopercibirse y a desarrollar el lenguaje a través del juego. En ese sentido, la investigación plantea la estrecha relación existente entre el juego de roles y la asunción de una identidad de género determinada en la infancia. El juego simbólico ocupa un papel clave y aunque no es la única causa, sí es un proceso que potencia la encarnación de ese modelo que subordina el universo femenino al masculino, otorgando al primero características como la belleza, la emocionalidad, el cuidado, la pasividad, situándolo en un espacio principalmente doméstico y al segundo la agresividad, la competitividad, el poder, el valor, la acción, situándolo en un espacio primordialmente público.

Culto a la belleza de las niñas

El culto a la belleza de las niñas, es uno de los factores que más se manifiestan en el juego feminizado. Este elemento es el eje central de esta investigación centrada en la empresa de ocio infantil Princelandia que concluye la sumisión predominante en los discursos de las madres sobre la visión sexualizada del fenómeno lúdico. Según Vierna Fernández, “todas las madres sin excepción consideran positivo para el desarrollo psicosocial de sus hijas, los valores tradicionalmente femeninos que inculca la empresa Princelandia a través del juego sexuado.” Un juego que produce y reproduce estereotipos sexistas. En segundo lugar, en relación a la mística de la belleza, las madres y la empresa conciben el cuidado de la imagen personal como un elemento de empoderamiento femenino inherente a la identidad de género tradicional de las niñas y mujeres. Así, manifiestan la positividad del juego de princesas en el desarrollo psicosocial de sus hijas, entendiéndolo como un factor que realza su feminidad tradicional relacionada primordialmente con el culto al cuerpo femenino. Es por eso que el tipo de actividades que se realizan en estos espacios se centran en el cuerpo y en la belleza donde las monitoras cubren a las niñas de tratamientos para poder ser valoradas por sus madres. Según la autora, este tipo de ocio promociona una sexualización del juego, la recreación de un mundo principesco lleno de glamour, lujo y belleza que empuja a las niñas a la esclavitud de ajustarse a un modelo imposible e inhumano y que puede hacer enfermar a las personas, haciéndolas vulnerables a los trastornos de la conducta alimentaria y a otro tipo de psicopatologías.

Y casi al mismo tiempo que veo el video y leo el artículo, me llega a través de facebook una campaña de Facua, en los siguientes términos:

Carrefour

Y empiezo mi comentario a partir de esta última: siempre la protagonista de la cosificación, de la erotización, es la mujer; la mujer, siempre supeditando su éxito en la vida a su propia imagen; la mujer, esa persona que, en opinión de muchísimos hombres, si consigue algo en la vida es gracias a su belleza, o a que utiliza el sexo para medrar en las organizaciones, y muy pocas veces por sus méritos propios…

Claro, que en ocasiones ni la propia mujer es consciente de este hecho, como resalta Vierna Fernández en su artículo; en los comentarios sobre esta campaña de Facua, se puede ver como muchas de las mujeres comentan que no es para tanto, que no se trata de un relleno, sino de una capa de foam que lo único que pretende es que las niñas no muestren sus pezones… vaya, ahora que parece que en facebook van a permitir la visión de los pezones femeninos, al menos cuando una madre esté dando de mamar a su bebé, salen un sin fin de mujeres defendiendo lo contrario, dado que las propias niñas tienen vergüenza de que se les note el pezón, muestra de que a partir de cierta edad, consciente o inconscientemente, éste pasa a estar sexualizado, y debe ser ocultado para protegerlo de las miradas lascivas de los hombres.

Nuestra sociedad vende a nuestras niñas, desde bien pequeñas, que deben someterse a los patrones estéticos imperantes, o no son nada en esta sociedad: comentarios de la madre o de la abuela como eres muy guapa, pero ten cuidado con esa barriguita a una niña de 14 años pueden hundirla, porque le hacen pensar que con barriguita nadie la va a apreciar, que sólo la van a querer si no tiene barriguita; y está comprobado que los patrones sociales tienen mucha más fuerza que los pensamientos individuales.

Por ello, como ya he comentado en otras ocasiones, el nudismo está en regresión; la publicidad de Carrefour no es por casualidad; es otro paso en la hipersexualización del cuerpo de la mujer, pero el sujetador de bikini con relleno no se habría puesto a la venta si no estuviera cubriendo la necesidad de un amplio número de mujeres, que piensan que estos cumplen una misión fundamental: ocultar de las miradas una minúscula parte del cuerpo, el pezón.

Otro tema sería la visión de las propias niñas: con seis o siete años, mi hija se ponía globos encima de sus inexistentes pechos como parte del juego de ser mayor. Ahora bien, se trataba de un juego, y nada más, una actividad plenamente normal; pero desde el momento en que se excede este ámbito, y los padres cedemos a ese falseamiento del cuerpo (porque al final el relleno pretende falsear la realidad del cuerpo de nuestras hijas, tanto al aumentar artificialmente el tamaño de sus pechos como al ocultar también artificialmente los pezones) somos cómplices en la erotización del cuerpo de nuestras hijas. Dejemos a las niñas que sean, sencillamente, niñas. Ya tendrán tiempo de ser adultas.

Enlace a la noticia de la Universidad de Valencia: Una investigación alerta sobre el posible efecto negativo de los spas infantiles en la desigualdad de género.

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