El nacionalismo español.

Es lo que tiene leer prensa atrasada; como creo que ya he comentado alguna vez, colecciono recortes de prensa de muchos temas, entre ellos los que encabezan este blog; hace mucho, mucho tiempo, leía la prensa al día, pero desde que vinieron mis niños empecé a retrasarme y ahora estoy leyendo la prensa de hace ¡7 años! (y revistas de los años 80, de antes de la caída del muro de Berlín y del comunismo en la ahora casi olvidada Unión Soviética).

Por ello, en el suplemento Domingo del diario madrileño El País del 18 de marzo de 2007, he descubierto un artículo de Josep Ramoneda en el que se se califica al nacionalismo español como tan excluyente, tan victimista y tan sectario como cualquier otro. Esto creo que ya lo he comentado en algún que otro artículo (por ejemplo, en este), pero me ha parecido curioso encontrar un artículo que coincidiera de alguna forma con mi visión.

Para comprender el porqué de esta artículo, hay que ponerse en el contexto de este año: estamos en plenas fallas (esto es anecdótico, pero me apetece recordarlo), está gobernando Zapatero, el PP está sometiendo al gobierno socialista a una presión muy intensa: críticas por la huelga de hambre de De Juana Chaos, manifestaciones contra las negociaciones con ETA que Aznar también había promovido, críticas por la gestión del Estatuto de Catalunya…). Y dentro de este contexto, este artículo viene a recordar que todos los nacionalismos son iguales: excluyentes, victimistas y sectarios. Y si el nacionalismo europeo que yo propugno no lo es, probablemente es porque debo ser de los pocos que se cree de verdad lo de la Nación Europea, y yo, la verdad, soy poco dado a los dogmas, y prefiero que no se constituya nuestra Nación a que hubiera que pasar una guerra para crearla, como les paso a los estadounidenses.

He buscado el artículo en la página web del diario, pero no aparece; así que voy a hacer una transcripción desde la edición impresa.

Después de tantos años de denostar a los nacionalismos periféricos, los nacionalistas españoles han demostrado comportarse como unos nacionalistas cualquiera, vascos o catalanes, pongamos el caso. La manifestación de banderas del sábado día 10 en Madrid -se veían más rojigualdas que manifestantes- es la culminación de algo obvio pero que muchos negaban, como acostumbra a ocurrir en los nacionalismos con Estado: que el nacionalismo español es tan excluyente, tan victimista y tan sectario como cualquier otro. Y como todos los nacionalismos, se define contra otro u otros. La paradoja del nacionalismo español es que, aunque sea por la fuerza de la ley electoral, a veces está obligado a aliarse con los otros nacionalismos que le dan sentido.

En la campaña publicitaria de la manifestación del PP, Mariano Rajoy ya dio el tono, convocando a la gente sensata y de bien. Es un clásico: el nacionalismo arrogándose el privilegio de otorgar cartas de autenticidad. El líder que cree hacerse fuerte dividiendo a los españoles entre buenos y malos ciudadanos. Los que siguen al PP son gente de bien; los que no, son gente de mal, una amenaza para la patria. El que quiera un certificado de buen patriota, que asista a las manifestaciones del PP.

Después, la apropiación de los símbolos: la bandera, el himno, las canciones de la transición, todo como si fuera patrimonio de un solo partido, que es el que otorga los derechos de la corrección nacional (…)

Todos los nacionalismo han utilizado estos mecanismos de exclusión. Frente a la palabra patriota sólo cabe una figura: el traidor (…) Algo falla cuando los nacionalistas de una nación con poder se comportan igual que los nacionalistas melancólicos con déficit de Estado (…)

Qué es España nunca ha estado del todo claro. (…) Aznar reconstruyó la versión fuerte, ideológica y ruidosa del nacionalismo español sobre la base de la lucha antiterrorista. Y Mariano Rajoy ha aprovechado la osadía o la imprudencia de Zapatero para seguir dando alpiste patriotero a su electorado. Cuando el nacionalismo se hace victimista -todos los días se acumulan en la prensa los artículos sobre el fin de España, la destrucción de la patria y otras catástrofes parecidas-, por lo general es que están ocurriendo dos cosas: que hay conciencia de que la vieja idea de la nación, de España, en este caso, ya no se corresponde con la realidad, y que los que se consideran garantes del destino nacional no tienen el poder y apelan a los miedos de la gente para recuperarlo.

El presidente Zapatero no es un hombre con la sensibilidad nacionalista a flor de piel. (…) El sólo hecho de poner sobre la mesa la vaga idea de España plural ha hecho saltar los resortes del nacionalismo español. Y puesto que todo el mundo sabe que el nacionalismo  tiene todavía, en todas partes, poder de coacción y capacidad de arrastre, el PP se ha subido con las banderas al monte. (…) Desmitificar las patrias sigue siendo la revolución laica pendiente.

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