Los que callan

El pasado miércoles 17 de septiembre, Ignasi Guardans (ex diputado de CiU en el Parlament de Catalunya, en el Congreso de los Diputados y en el Parlamento Europeo) publicó este artículo de opinión en el diario barcelonés La Vanguardia, en sus dos ediciones (en español y en catalán), que guarda mucha relación con un artículo publicado recientemente por mí, Yo (me) acuso, en el que se refiere a los que, en todo el proceso independentista que ahora se vive en Catalunya, han optado por el silencio, concluyendo que en cualquier caso, sea el resultado final la independencia o no, sufrirán las consecuencias de su silencio. Y, curiosamente, al final del artículo, coincide en mis propias conclusiones…

Pero también deja entrever que la utilización actual de los medios de comunicación como medio de movilización a la causa independentista es consecuencia interesada de una estrategia política, dado que estos mismo medios han ninguneado históricamente las ideas independentistas en favor de un regionalismo catalanista. Es decir, como herramienta para mantenerse en el poder, más que para servir a los verdaderos intereses de la sociedad (y esto es una interpretación personal, pero para ello creo tener espíritu crítico…)

He intentado bajar la versión digital del artículo del propio diario, pero está reservada a suscriptores; así que voy a hacer un extracto del artículo publicado en su edición impresa en español.

Siento un enorme respeto por los independentistas de primera hora (…) Tuvieron, durante decenios, un doble enemigo: el enemigo español, un Estado al que despreciaban (…) Pero también tuvieron un enemigo implacable en el catalanismo mayoritario, el oficial, que los despreció, y los apartó tanto como pudo de los medios de comunicación públicos y privados bajo su paraguas. (…)

Siento bastante respeto por quienes durante años vivieron, dentro de CDC, de UDC, y -para mi sorpresa- también del PSC, un independentismo reprimido. (…) En su mayoría iniciaron su acción política en las juventudes. Y nunca ocultaron que la independencia catalana era su ideal a largo plazo. Un ideal que desahogaban en reuniones internas, pero reprimían en el discurso público. (…) Hoy (…) han llegado a tomar el control de sus partidos, aparcando (…) a quienes los representaron desde casi la transición. Y son felices en su nueva libertad de discurso y acción pública a favor de una nación catalana con Estado propio.

Siento un cierto respeto por los conversos. Con algunos compartí conciliábulos, reuniones y debates. (…) Diputados, senadores, cuadros de la Administración catalana, líderes de opinión (…) tenían siempre a punto los argumentos contra una ruptura con España y en favor de los pactos y sus réditos. Hoy unos han tirado la toalla (…). Otros tienen la fe del converso: de repente se han caído del caballo y han visto la luz; han descubierto un enemigo español en toda su miseria, en toda su maldad (…) Comprendo que esta nueva fe pueda llevar a muchos a renunciar a su pecaminosa vida política anterior, que aparece ahora como cargada de mentiras y traiciones a la patria gloriosa y prístina que se avecina.

Pero debo confesar que siento un desprecio creciente por los que  callan. Por los que saben, o comparten, que todo es una enorme ficción teatral llena de emociones casi futboleras y vacía de sustancia y racionalidad. Por los que acompañaron inicialmente al Molt Honorable President como quien apoya a un vecino o miembro del grupo al que se le tolera aunque grite más de lo que debe porque va a conseguir cosas en beneficios de todos. O incluso quienes (…) creyeron que ese mesías en realidad hablaba en público de una cosa para conseguir otra. Por quienes en privado siguen diciendo que la independencia es una barbaridad, intuyen el daño atroz que puede hacer en términos económicos, pero saben que quedarán sin empleo con sólo plantearlo como interrogante. Por quienes hace meses que saben que están en un tren que incrementa su velocidad hacia el descarrilamiento, pero tienen pavor a utilizar un freno de emergencia que puede dejar muchas fracturas en la frenada. (…) Por todos esos que callan, siento un cierto desprecio.

Si esto sale mal, como creo que ocurrirá, estos que hoy callan tendrán una gravísima responsabilidad sobre sus espaldas cuando el país despierte roto, frustrado y en crisis. Y si el sueño se hiciera realidad, y llegara esa Ítaca independiente, se encontrarán en tierra extraña. Y serán ellos entonces los que -para sobrevivir- deberán reprimir por el resto de sus vidas unos ideales, un marco político y un modelo de sociedad abierta y plural por los que nunca tuvieron el coraje de luchar.

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