“La Unión Europea está a punto de colapsar y casi ningún líder la defiende”

Y este titular que resume la entrevista realizada a Etienne Davignon, antiguo miembro de la Comisión Europea en la época de Jacques Delors, me entristece…

Conjuntamente con los diarios europeos que forman el grupo Lena (Die Welt, alemán, La Repubblica, italiano, Le Figaro, francés, Le Soir,  belga, Tages-Anzeiger y Tribune de Genève, estos dos últimos suizos), el diario español El País la publica el pasado día 28 de enero, iniciando con una pregunta que llama la atención… Nos ha llamado porque cree que tiene un mensaje “no muy políticamente correcto” que confiarnos…

A continuación, intentaré hacer un extracto de las cuestiones más interesantes que plantea Etienne Davignon en su entrevista; si quieres leerla completa, al final tienes el enlace al artículo publicado en la edición digital de El País.

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Etienne Davignon – Foto de Sylvian Piraux (Le Soir)

Pregunta: Nos ha llamado porque cree que tiene unmensaje “no muy políticamente correcto” que confiarnos…
Respuesta: (…) para empezar, estoy harto de que nunca se hable de los méritos de Europa. (…) damos por sentadas toda una serie de cosas de las que ya no podemos prescindir. (…) es necesario que Europa vuelva a ser gobernada. En la actualidad, se enfrenta a una serie de problemas sucesivos que intenta resolver sin explicar por qué cada una de sus respuestas es indispensable para la existencia del todo. (…)

Pregunta: ¿Por quién no está gobernada?
Respuesta: (…) Hace mucho tiempo, todo el mundo coincidía en que la integración era el objetivo. (…) Ahora (…) ya no es así. Un cierto número de países se plantea claramente la pregunta…

Pregunta: Hay uno que no plantea la pregunta, sino que ya ha respondido que hay que evitar “una unión cada vez más estrecha”.
Respuesta: Sí, pero hemos vivido con el caso de Gran Bretaña y se ha resuelto de dos maneras. Es decir: “¿No quieren hacerlo con nosotros? Vale, no lo hagan, pero siempre que avancemos jurídica y estructuralmente. Esto significa que ustedes no tienen nuestras obligaciones, pero nosotros sí las tenemos”.
El segundo factor tiene que ver con el euro. Como el euro carece de gobernanza institucional, la consecuencia es que se gestiona de modo intergubernamental. Sin embargo, Europa ha descubierto que lo intergubernamental tiene sus límites. Que hace falta un sistema institucional legítimo, en el que cada Estado sea consciente de que acepta la soberanía compartida. Por cierto, la delegación de soberanía es una de las peores expresiones, en lo que concierne a la opinión pública. Es cierto que el Estado individual ya no es completamente soberano, pero es falso afirmar que no es soberano en absoluto. Cuando se habla de transferencia de soberanía, se entiende que “ya no soy yo, son los otros”. La consecuencia es que todos deciden juntos y, a continuación, lo critican cada cual en su país. Es un elemento de perversión y de mala fe intelectual. (…)

Pregunta: ¿Y quién habla a favor?
Respuesta: Nadie aparte de Merkel, y de los alemanes en general, y de Renzi, que también tiene una retórica un poco ambigua, pero ha vinculado correctamente la política interior con la europea. A los demás no se les oye. (…)
La pregunta es: ¿hay una alternativa a la existencia de Europa? Es una pregunta legítima. (…) ¿lo que era cierto hace 50 años sigue siéndolo hoy en día? (…) Somos demasiado pequeños para tener un peso en la globalización: un niño de 10 años se daría cuenta de ello. (…) Esto ya no es una Europa a la carta. Ahora no nos encontramos ante distintas opciones; si algunos países consideran que eso ya no es lo que quieren, están en su derecho, pero que acepten las consecuencias.
Lo que resulta más ambiguo del problema británico no es que pidan una serie de cosas, sino que al mismo tiempo exigen un control absoluto sobre lo que hacen los demás: es intolerable. Y todavía más si tenemos en cuenta que la realidad no les otorga ese derecho.

Pregunta: (…) la mundialización exige que sigamos siendo poderosos, y este poder exige que conservemos a los británicos, aun a riesgo de hacerles concesiones.
Respuesta: Sí, pero aquí llegamos a la pregunta siguiente: ¿qué supone la salida de Reino Unido? (…) podemos imaginar que la situación de Gran Bretaña se sitúa entre la de Noruega y la de Suiza, aunque es más complicada que la de Suiza, que ha aceptado una serie de cosas que, ahora mismo, Cameron dice rechazar.
Pero es cierto que cuando alguien sale de una estructura que no es una alianza, sino una integración pura y dura, cuyos textos fundacionales ni siquiera prevén la posibilidad jurídica de una salida, es un fracaso. Da igual quién tenga la culpa, es un fracaso. (…)
En relación al pasado, considero que hemos cometido un grave error en lo concerniente a la Unión Económica y Monetaria (UEM): habría sido necesario escribir en el Tratado que todos aquellos que deseasen unirse a la UEM tendrían derecho a ello, pero no la obligación de hacerlo. El hecho de considerarlo una obligación ha conducido a la ambigüedad: los suecos están en condiciones de entrar, pero no queremos porque nos da miedo que pierdan el referéndum.

Pregunta: ¿Qué habría cambiado si la adhesión al euro fuese de carácter facultativo?
Respuesta: Habría hecho que fuese obligatorio poseer una estructura institucional para el euro, en vez de quedarse en lo intergubernamental. Y quienes no estuviesen en la UEM seguirían siendo miembros asociados. Porque, en la situación actual, los que constituyen una excepción son los que están en el euro. Sin embargo, hemos comprobado que es algo que puede funcionar: el Banco Central Europeo, que es una institución federal, no impide en absoluto que los demás gobernadores se sienten en torno a la mesa. Habría resultado que seríamos 28 en la gestión del mercado interior y los asuntos exteriores, pero en la gestión del euro y de su trayectoria económica, habríamos estado en una posición legítima para tomar las decisiones necesarias sin que todo tuviese que ser ratificado más tarde por los Parlamentos. (…)
El objetivo pasaría a ser una Europa cada vez más integrada (…). La unión monetaria exige una coordinación económica superior; con la crisis del euro, comprobamos que era necesario ocuparse de los bancos, de modo que tendríamos una unión bancaria… Hay que conseguir todo eso. (…)

Pregunta: La división latente que observamos en Europa, (…) nos lleva a pensar que dicha división tiene que ver con la integración europea. ¿Pero no podría estar relacionada con otra cosa: los valores, o sencillamente la percepción de lo que es o debería ser Europa?
Respuesta: Es probable. Pero nos encontramos en un punto en el que no creo que la integración se logre con esa ambigüedad que describe. La cual es, al mismo tiempo, una ambigüedad de los dirigentes y una enorme confusión de la población, y puede que también diferencias sobre el tipo de modo de vida que algunos Estados quieren tener. (…). Debemos pronunciarnos sobre el modo en que queremos, o no, vivir juntos. Lo cual no significa que vayamos a entrar en guerra acto seguido. Pero sabemos que, para algunas soluciones necesarias, deberemos encontrar modalidades diferentes de las que hemos empleado hasta ahora. (…)

Ettiene Davignon, a la izquierda.

Etienne Davignon, a la izquierda. foto de Sylvain Piraux (Le Soir)

 

Pregunta: ¿Pero los ciudadanos también pueden decir: por supuesto que quiero a Europa, pero con tal y cual condición?
Respuesta: Eso quiere decir que están en contra. Dejemos a un lado la idea, recogida en los tratados, de una Europa cada vez más unida —hay un elemento de poesía y de sueño en eso— porque la pregunta es: para tener éxito, ¿requiere nuestra acción común un cierto número de decisiones y de obligaciones? Es una pregunta concreta.

Pregunta: Su argumentación sobre el hecho de que, ante una decisión, la población sopesará lo que podría ganar frente a lo que tiene que perder, es la que muchos sostienen sobre el referéndum británico: en el momento de la decisión, votarán por quedarse.
Respuesta: Pero el referéndum británico es sincero: quienes están en contra quieren salir, y no quieren conservar lo que tienen. (…)

Pregunta: ¿Lo que ha hecho que estalle todo esto es la crisis de los refugiados?
Respuesta: Los refugiados son la demostración de lo que sucede cuando se toman decisiones y no se llevan a cabo. Eso sucedió en el ámbito económico, con los griegos, y ahora en la crisis de refugiados. ¿Qué es Schengen? Es el reconocimiento de la realidad de que ya no tenemos fronteras interiores, sino una frontera exterior. ¿Y qué se ha hecho con eso? Simplemente nada. Ahora bien, desde el momento en que tenemos una frontera exterior, eso se convierte en una responsabilidad colectiva. (…)

 Pregunta: ¿Es un problema de liderazgo?
Respuesta: Hemos sido negligentes. Hemos dejado demasiado tiempo a los italianos lidiar con su situación, y hemos sido incapaces de plantear la pregunta adecuada durante mucho tiempo: ¿se pueden controlar las fronteras interiores? No hay ni un solo tipo inteligente, de hecho ni siquiera hay uno estúpido, que piense que se pueden controlar las fronteras interiores: ¡mire en Google cuántos pasos fronterizos hay entre Bélgica y Francia, y entre Bélgica y Holanda! [ríe]. La realidad es la frontera exterior, porque en el interior ya no tenemos, y hemos querido no tenerlas más, lo que ha resultado beneficioso para la gente.
La cuestión ahora es saber qué obligaciones nos imponen nuestras fronteras exteriores, qué medios tenemos y cuántos somos: esta cuestión es más importante que la de saber cuántos refugiados vamos a acoger, porque mientras no se controlen las fronteras exteriores, se desconocerá el número de refugiados. (…)

Pregunta: ¿Dice usted, por tanto, que es totalmente absurdo afirmar, como hacen los dirigentes alemanes cada vez menos discretamente, que cerrarán sus fronteras si no se resuelve rápidamente la crisis?
Respuesta: Digo que no tener en cuenta las opiniones es tan estúpido como ser esclavo de ellas. Es evidente que una acumulación de personas en un breve periodo de tiempo no es asimilable. A partir de ahí, si el mal menor es decir que se filtre durante un cierto tiempo, hasta que tengamos una verdadera frontera exterior con una verdadera negociación con los demás países afectados, ¿por qué no? La magnitud de los flujos es un problema exterior, que hay que poder gestionar en el exterior: sabemos que hay muchos en el exterior, los que están en nuestros países los acogemos convenientemente, pero sabemos quiénes son y dónde están, y lo gestionamos con conocimiento de causa. No podemos gestionar los problemas de fondo con respuestas circunstanciales. (…)
En el debate actual sobre Schengen se dice que se va a dar vacaciones a Schengen, para reconstituirlo lo más rápido posible. Es la demostración. La Comunidad Europea de Defensa fracasó, y seis meses después se hacía el Tratado de Roma. Europa va a fracasar, y seis meses después se celebrará una conferencia para hacer otra con otros. (…)

Pregunta: Si Schengen estalla, ¿también estallan el mercado interior, el euro y la economía? ¿Cree que eso puede tener rápidamente consecuencias operativas para el mercado interior?
Respuesta: Si se pone de manifiesto la impotencia de los Estados, entonces existe el riesgo. El riesgo no radica en el hecho en sí, sino que existe porque no hemos aplicado lo que hemos decidido hacer. (…). En este caso es la impotencia. Esta impotencia desaparece si tenemos un plan, si hemos decidido que hacemos lo necesario en las fronteras exteriores, unos campamentos para colocar a las personas en el exterior, si hemos decidido no dejarnos estafar por ladrones de segunda, etcétera. Y si hemos decidido hacer algo en cuanto a la causa fundamental del terrorismo.
La cuestión de las fronteras también es la de cómo intervenir en otros lugares. El hecho de que Irán haya entrado ahora en el juego tendrá consecuencias. Estamos en la geopolítica. Creíamos que iba a desaparecer, pero estamos dentro de ella como nunca lo habíamos estado, con un elemento que amenaza a Europa, aunque sea diferente de la amenaza de los misiles soviéticos. Nuestros vecinos nos amenazan, ¿qué podemos hacer para eliminar esas amenazas? Solos no podemos hacerlo. (…)
Aprendí de Spaak que no debemos pensar que las cosas son irreversibles. El Imperio Romano desapareció por alguna buena razón, no crea que eso no se puede deshacer. (…)

Pregunta: Juncker dijo en una ocasión: “Sabemos lo que debemos hacer, pero no sabemos cómo ser elegidos después”.
Respuesta: Yo no lo creo. Es muy raro, cuando un líder se consolida, que no sea recompensado. Se puede hablar de la soledad de la señora Merkel, pero tiene dos argumentos poderosos a su favor, lo que no significa que no deba tomar medidas circunstanciales: una, la constitución alemana, y dos, la legitimidad de sus convicciones. No se puede reprochar a Merkel la debilidad de los demás…

Pregunta: Algunos dicen: “Nos fastidia porque quiere que hagamos lo que no deseamos”.
Respuesta: Salvo que su secretario de Estado – que no es el que más lejos está de la extrema derecha – se da cuenta de que la vuelta a las fronteras nacionales no conduce a nada…

Enlace al artículo en El País: La Unión Europea está a punto de colapsar y casi ningún líder la defiende

 

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