Cataluña acierta

¡Al fin un artículo que habla de la raíz del problema! Y como se ve, realmente no es  más que un problema de cómo se asignan los recursos, y de como nos venden a los ciudadanos las cosas; el problema de Catalunya es el problema de cualquier otra comunidad autónoma, que probablemente tenga que ver también con las mutuas desconfianzas existentes entre las administraciones y la utilización política de las mismas… ¿independencia? Una forma de forzar que se me asignen más recursos… ¿que la Comunidad Valenciana pide más recursos? ¿para qué, para que lo inviertan en humo? Y mientras, el problema real lo tenemos los ciudadanos, que pagamos tanta ineptitud porque en nuestro estado realmente no importamos nada, pero absolutamente nada… Dicen que piensan en nosotros, pero luego todo son problemas y asignación de recursos inadecuada…

También hablaría de como en España nuestro modelo productivo siempre ha estado basado en la destrucción del territorio como formada generar empleo… la obra pública necesaria, de acuerdo, pero esto… Franco construía pantanos, y después, en la democracia, según los vientos… primero todas las capitales debían tener universidades, después había que hacer autovías a mansalva (ahora, de Valencia a Alicante hay 3, y a Castellón 2), después llegó la época del trasvase (y el falaz argumento del agua para todos), después los aeropuertos para todos, ahora el AVE para todos (con el terrible experimento del tercer carril en el corredor mediterráneo del que hablo en este artículo)… siempre algo que dé negocio a las constructoras, aunque sea totalmente inviable en términos de rentabilidad y sobre todo de mantenimiento (la inversión en la construcción de una red de AVE como la que estamos haciendo no tiene ni punto de comparación con la millonada que cuesta mantenerla…)

En fin, que os dejo con el artículo publicado por Xavier Vidal-Folch en el madrileño diario El País, que ha resultado ser más breve que esta introducción.

¿Tienen paciencia? Si es así, lean despacio en la web de este diario los 46 puntos del documento que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, entregó el miércoles al del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy.

¿Por qué vale la pena leerlo? Porque contra lo que muchos creen, detalla cómo en bastantes puntos concretos Cataluña —también la Cataluña oficial— acierta.

Pasen rápido el (y del) primer apartado sobre el presunto “mandato democrático” del 27-S para la independencia: que además es contradictorio, porque reivindica “como mínimo” un referéndum; o secesión, o votación. Ese párrafo solo sirve para demostrar que a diferencia de Artur Mas Puigdemont sabe leer sus derrotas.

Tienen mucha más enjundia los siguientes 45 puntos. Y no solo para los catalanes. Porque el memorial da en el clavo, a trazo grueso —no en cada detalle—, tanto cuando critica el desarme de Cataluña (¡también de las otras autonomías!) para hacer (obligada) política social; como cuando denuncia el desatino del reparto del déficit entre el centro y la periferia (Cataluña y las otras 16); o al desgranar incumplimientos e invasiones del Gobierno central a la autonomía (no solo la catalana).

Lo más novedoso es lo primero, lo “social”. Lo último ya estaba, casi todo, en los 23 puntos que Mas presentó en verano de 2014 para marear la perdiz y desentenderse al minuto, menuda seriedad.

El desarme en política social es consecuencia de la centrifugación del gasto, esa técnica recentralizadora: endosa a la periferia el tratamiento de la hepatitis C y suprime el fondo de cohesión sanitaria; constriñe las ayudas a discapacitados, mujeres y jóvenes; reduce a la mitad porcentual la aportación del Gobierno a las prestaciones de la Ley de dependencia; recorta el dinero a las autonomías para políticas activas de empleo; suprime el fondo de acogida e integración de asilados…

Todo eso se llama centralismo. Perjudica a Cataluña. Y a todas las comunidades.

Puede combatirse con técnicas de convencimiento, inteligencia, alianzas… y mecanismos federales: un Senado de verdad, un Consejo de Política Fiscal de voto equilibrado. No con la fragmentación social, el desprecio patriotero o la indeseable desconexión.

Es mejor acertar que equivocarse, ¿no les parece?

Enlace al artículo original en El País: Cataluña acierta

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