¡Gracias, amigos!

Ya hace mucho tiempo que no escribo… desde que publiqué la Carta a mis amigos íntimos han pasado muchas cosas, imperceptibles en ocasiones, pero significativas en otras… ahora estoy en disposición de decir que, tras mucho tiempo perdido, he vuelto a ser la persona que nunca debí dejar de ser, la persona que yo recordaba que era, la persona alegre y positiva, espontánea, que tuvo la gran desgracia de caer en las manos de un desaprensivo que, simplemente por el hecho de ser mi tío segundo, y yo su sobrino segundo, creyó que tenía todo el derecho a destrozarme la vida, y por poco lo consigue…

Esta historia la he contado en persona a alguno de vosotros, mis amigos íntimos, pero a otros no, sencillamente porque ya es la vida lo suficientemente dura como para amargarla con historias para no dormir… y también porque, en cierta manera, durante muchísimo tiempo la he tenido en mis recuerdos, pero no he sido capaz de verbalizarla, de expresarla… y ahora, sin embargo, hablo libremente de aquellos hechos, que ocurrieron hace ya 40 años, pero que han impedido que durante todos ellos fuera todo lo feliz que debiera haber sido, y también hicieron que pusiera un caparazón que provocaba que casi toda la gente conociera a un gran actor que interpretaba un gran papel, el papel de su vida, pero que no vivía su vida… Incluso el azar hizo que en estos momentos esté escribiendo este artículo, y no esté criando malvas desde hace 38 o 39 años, puesto que fue con 13 o 14 años cuando se me pasó por la mente tirarme por la ventana de aquel último piso de aquella terrible institución de la calle Trinitarios, 3, y dejar de sufrir de una vez, y no lo hice porque en el instante en que me asomaba al alfeizar de la ventana, sonaba una canción de moda en aquellos días (y que no recuerdo en absoluto) en un bar de nombre El patio, y siempre que sonaba, me autoconvencia de que el día siguiente iba a ser un buen día (al igual que cuando oía el reloj del ayuntamiento, me convencía de lo contrario).

El caso es que cuando escribí la Carta, no sabía de los efectos tan extremadamente beneficiosos que iba a tener en mi persona… tal y como comento en la misma, el miedo extremo al rechazo social ha hecho que haya ocultado durante demasiado tiempo mi gusto por el desnudo, pero ahora soy consciente, además, de que he ocultado muchísimas otras cosas. Ahora me doy cuenta de lo difícil que lo tuvieron mis amigos de adolescencia, y los amigos que conseguí a través de los Scouts, que fueron capaces de soportar mis extremas rarezas y de quererme, a pesar de que no era yo la persona que merecían querer, a pesar de la existencia de múltiples interferencias que impedían que pudieran conocer a la extraordinaria persona que soy, o que yo me mostrara tal y como deseaba mostrarme, y por tanto que sólo conocieran tras muchos esfuerzos algo de mí, cuando les dejaba entrar por debajo de mi caparazón…

Es evidente que la persona que soy ahora no es la misma que la que hubiera sido de no haber pasado por aquella nefasta experiencia. Todas las vivencias que vivió ese actor que invadió mi mente casi por completo son también parte de mi experiencia vital, y por tanto son también parte de mi forma de ser actual. No podemos formatear nuestro cerebro, porque no es un disco duro, sino el almacén que acumula toda nuestras experiencias vitales, nuestro conocimiento, nuestra sabiduría… y mi sabiduría también se ha forjado, muy a mi pesar, con todas estas experiencias.

Así que no me queda más que decir… ¡muchas gracias, amigos! Me habéis querido tal y como he sido en cada momento, sin esperar nada a cambio; me habéis ayudado con vuestro apoyo, con vuestras palabras; os habéis preocupado conmigo, habéis aceptado formar parte de mi vida, y yo, ahora, sé lo difícil que os lo he puesto en muchas ocasiones… Ahora sólo me queda deciros que espero poder disfrutar con vosotros, y vosotros conmigo, de este nuevo Paco, de este nuevo ISU, que tanto tiempo he ocultado y que por fin ha emergido… ¡Bienvenidos a esta nueva aventura de mi vida (y de vuestras vidas)!

Postdata 1: soy consciente de que he dado a conocer mi nombre… ahora que vosotros ya lo sabéis, no me importa darme a conocer…

Postdata 2: he estado tentado de mencionaros en el artículo, pero todos los que habéis sido parte de este proceso ya lo sabéis, así que… nos lo guardamos para nuestra intimidad.

Postdata 3: por supuesto, los amigos que he hecho por compartir el nudismo también estáis incluidos entre los que me habéis aportado energía y sentimientos positivos para dar este paso crucial.

Postdata 4: había interrumpido la publicación de artículos mientras daba a conocer la carta a todos los interesados; y aunque todavía queda alguno pendiente, creo que el objetivo está cumplido, así que voy a ver si retomo mi ritmo habitual de publicación (que tiene un poco de Guadiana, pero también es parte de mi encanto).

Postdata 5: aquí acaban las postdatas… ¡por fín!

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6 respuestas a ¡Gracias, amigos!

  1. enrique dijo:

    paco sigue como eres , yo tuve un traje parecido

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  2. Fer dijo:

    Me alegra leer esta carta Paco. Cuánto peso quitan de encima estas cosas cuando se dejan caer.

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  3. Evaristo dijo:

    Me alegro que hayas encontrado la luz después de que una persona tóxica te la quisiera arrebatar.Yo también he tenido una presencia que me perjudicaba y no era otra que yo mismo.Yo me convertí en mi peor enemigo.Me juzgaba tan duramente,me exigía tanto que acabé lleno de inseguridades y complejos , con mi autoestima por los suelos.Queriendo sacar lo mejor de mi mismo conseguí justo lo contrario.El descubrir el nudismo ,al igual que a ti ,ha sido un medio para aprender a quererme ,y por extensión aprender a querer a mi entorno, en lugar de expresar acritud y resentimiento, como era habitual en mí ,expresar optimismo y buenas sensaciones.No eres el único que tiene que bregar con esos fantasmas reales o no,pero qué bien sienta haber salido del hoyo , con esa pena de no haber sido capaz de salir antes ,evitando tanto sufrimiento propio y ajeno. Yo ya sé que tengo que ser mi mejor amigo,que candidatos para fastidiar la existencia no van a faltar, y yo no debo ser uno de ellos.

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