“No me dejaron amamantarle, no me dejaron acariciarle, ni tenerle conmigo”

La noticia ha salido en todos los medios: unos padres desesperados, amarrados al que consideran su hijo, desesperados porque les quitan lo que para ellos es su vida… mientras que una progenitora aparece en las imágenes con gesto serio, caminando ajena a los medios, como si nada de esto fuera con ella…

Canta Joan Manuel Serrat las palabras de Antonio Machado… “la España de charanga y pandereta”… la actual Españistán.

El tema de la adopción lo conozco muy bien; dentro de muy poco cumpliré 15 años de esta apasionante aventura de la crianza de unos hijos que aparecen de repente en tu vida, y que sabes que a partir de ese momento ya no van a ser más que tu propia vida… y por ello, puedo comprender el drama que pueden estar pasando todas las partes de esta situación, que sólo puede pasar en un país como el nuestro, al que con toda justicia denomino Españistán… un país en el que se dice actuar en interés del menor y en su nombre se cometen grandes tropelías, por la lentitud de los procesos judiciales, y por unas leyes que buscando equilibrios lo único que hacen es complicar lo que debiera ser una solución rápida favorable al menor. ¡Menuda diferencia con las leyes de Colombia, eficaces como ninguna para resolver situaciones de desamparo! (aunque tendrá también sus peros, me parece admirable la rapidez en resolver el desamparo, buscando en primer lugar la permanencia con los progenitores, después en el entorno familiar próximo, y ya por último en la familia en la que debe crecer feliz y sano… todo ello en un plazo que no supera casi nunca los dos meses).

Recordemos en esta Españistán nuestra los casos del niño de El Royo o el de la niña de Benamaurel, que a mi particularmente me rompen el alma (en este enlace puedes ver el informe sobre estos casos realizado por Prodeni; es del año 2007, pero es bastante ilustrativo de la protección de los menores en esta Españistán nuestra)… y ahora, de rabiosa actualidad, el caso de Juan Francisco / Joan, el niño que fue declarado en abandono por los servicios sociales de Asturias, dado en acogimiento preadoptivo a unos padres valencianos, y que ahora ha generado un conflicto con difícil resolución… Es impactante leer las cartas de ambas partes, cargadas de razones, pero con contradicciones dadas por el interés de ambas partes de conseguir su objetivo: tener a su hijo, sea como sea… (ni siquiera están de acuerdo con su nombre).

En ambas cartas, sin embargo, se incide en un argumento común: nuestra legislación es decimonónica, y por ello es peor que las de nuestro entorno europeo (y con mucha pena, María José, la madre, dice que ya no se siente europea, lo que causa el mismo sentimiento en mí) y de las tribus africanas (como acertadamente comenta Alberto Bordes, el acogedor). Y antes de dar a conocer las cartas, a las que he accedido a través del diario valenciano Levante-EMV, una reflexión por mi parte.

No somos padres por altruismo, sino por egoísmo: queremos tener hijos y cuando no lo conseguimos por medios naturales, recurrimos al acogimiento o a la adopción; y en este último caso, muchos recurren al acogimiento preadoptivo porque en España es la forma más rápida de que finalmente lleguemos a la adopción plena; la adopción nacional puede tardar muuuuuchos años en llegar, y la adopción internacional es cada vez más difícil y larga en plazos. Pero claro, el problema se da las pocas veces que el acogimiento preadoptivo no acaba en adopción plena: entonces, nuestras expectativas como padres se derrumban, porque nos están quitando a nuestro hijo, que efectivamente, lo es a todos los efectos… excepto en lo legal; claro, si esto ocurriera al mes o a los dos meses de haberse dictado el acogimiento, sería una gran pena… pero cuando el tiempo transcurrido es prácticamente la vida entera del niño, entonces es cuando se convierte en todo un drama: una familia rota, un niño que no entiende porque se le priva de todo lo que ha conocido hasta ese momento, una madre que suspira por los años que no ha podido disfrutar de su hijo…

Así que, de nuevo en la mejor tradición de Españistán, los responsables de este desaguisado no pagaran las consecuencias de esto: lo van a pagar toda su vida nuestros conciudadanos; y los responsables son, sobre todo, los que siguen permitiendo que nuestra legislación del menor considere a éste como un objeto (claro, que teniendo un código penal hecho para robagallinas -ahí tenemos a Rita Barberá escabulléndose de la justicia, mientras que hay gente que entra en la cárcel por delitos menores 7 u 8 años después de haberlos cometido- que podemos esperar).

A continuación, las cartas que publicaron el día 13 de septiembre ambas partes: la madre y la familia afectada. Esperemos que dentro de unos años, Juan Francisco / Joan no vuelva a ser noticia… que no lo sea, será una buena noticia.

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María José abrazando a su hijo. Fuente.

“No me dejaron amamantarle, no me dejaron acariciarle, ni tenerle conmigo”

Carta abierta de María José Abeng Ayang, la madre del niño acogido hasta los 4 años por una familia valenciana

Mi nombre es María José Abeng Ayang.

Soy española, aunque mi piel sea negra. Nací en Guinea, y me vine con mi familia a España a la edad de dos años, acompañada de mi madre y mis dos hermanas. Mi madre vino a buscar un futuro mejor para sus hijas, y así crecí yo… en España… pensando que habíamos llegado por fin a nuestro país, al sueño prometido

Fui al colegio aquí, hice mis amigas, mi mundo y me creí europea. Y digo esto porque, evidentemente, mi madre no tenía el mismo concepto (las niñas guineanas no salen de su casa, se acuestan a las 7 de la tarde, y no van al parque solas con sus amigas). Así que a los 11 años, creyéndome la reina del mundo, y ante todo europea, yo no podía “permitir”, que, mi madre decidiera que debía acostarme temprano o que no podía ponerme una ropa determinada, entre otras muchas cosas, porque repito, YO ERA EUROPEA.

Así que un día, se me ocurrió la “maravillosa” idea (recuerden que tenía 11 años) de acudir al puesto de la Guardia Civil, para que dijeran a mi madre que yo no era guineana. Pero no fue así. Desde la Guardia Civil, se avisó a los Servicios Sociales del Principado de Asturias, y ahí empezó algo… que no sé muy bien como describir. Quizá la palabra exacta sea “el infierno”. Quizá yo había muerto y había ido directamente al averno sin pasar por el purgatorio. A partir de ese mismo día, me ingresaron en un centro de acogida. Y aunque mi madre, luchó y luchó por sacarme del centro solo era una “pobre” mujer guineana, que vivía entre Suiza, (lugar donde trabaja mi padre como ingeniero), España, y Guinea.

Mi sueño europeo quedó relegado a vivir en un centro de acogida. Mis ideas de “princesa” se esfumaron y negando mi responsabilidad personal y achacando todos mis males a mi madre. La necesidad de justificación de todo lo que me estaba ocurriendo, me hizo llegar a interpretaciones distorsionadas de la realidad y crearme un mundo paralelo para no sufrir. Un mundo de fantasía e ilusión propio de una niña, donde soñaba que un príncipe azul venía a rescatarme, luchaba contra los dragones malvados que me habían encerrado y vivíamos felices y comíamos perdices para siempre. Pero en ese punto, me quedé embarazada con 14 años, estando ingresada en el centro de acogida, de una persona que ni era príncipe, ni era azul… todo lo contrario. Ni siquiera supe que estaba embarazada, porque para aquel entonces el príncipe había desaparecido, y yo ya había decidido salvarme sola. A los 7 meses de embarazo, en una visita de fin de semana a mi casa, mi madre se dio cuenta que mi tripa no era normal, y me obligó a hacerme una prueba de embarazo.

Qué curioso que los Servicios Sociales, que querían protegerme de mi propia madre, (recuérdese que para ingresarme en un centro de menores, se me había declarado en desamparo), no pudieran protegerme ellos de un embarazo, y ni siquiera se dieran cuenta de que, una vida crecía dentro de mí.

Desde ese momento, cuando mi madre se enfrentó a los dragones pidiendo explicaciones del embarazo, se me dijo muy cordialmente que el niño iba a ser dado en adopción. Porque sí, era un varón y se llamaría Juan Francisco Abeng Ayang. Pasé aquella noche, tragándome mi propia estupidez, y suplicando a “quien fuera”, Dios, la Virgen o todos los Santos… que no le dejara marcharse de mi lado, porque yo, ya le quería, porque un sentimiento nuevo había nacido dentro de mí, porque daría mi propia vida por ese niño que llevaba dentro, y porque descubrí que cuanto más amas, más puedes amar. Empecé a recontextualizar el tiempo, el lugar y la intención, y a sentir que ya no necesitaba “conseguir” nada. Ya lo tenía todo. Y me sentí feliz como nunca, por llevar ese niño en mis entrañas.

Pero esta idea, no gustó a quien me había desamparado amparándome, ni entraba en sus planes, que yo pudiera hablar más de la cuenta, y mucho menos que me quedara con mi hijo, así que cuanto antes se deshicieran del mismo, mucho mejor. No fuera a ser que yo destapara lo que no convenía, o “la guineana” de mi madre pudiera incluso pedir responsabilidad patrimonial de la Administración Pública. Así que, cuando empezaron los asistentes sociales y los educadores a “intentar” convencerme de que mi hijo DEBÍA SER dado en adopción, huí de España sola, embarazada de siete meses y medio hacia Guinea, ayudada por un tío mío.

Permanecí en Guinea, durante mes y medio… ojalá nunca hubiera vuelto. Pero el abogado de mi madre me convenció para que volviese, bajo la presión de que podría causarle problemas legales a mi madre, y con la premisa de que nunca permitiría que quitaran a mi hijo.

Y volví. Y me puse de parto. Y me hicieron una cesárea, el día 4 de junio de 2012 y ni tan siquiera me dejaron ver a mi hijo. Le sacaron del hospital al día siguiente, mientras yo me quedé siete días. No me dejaron amamantarle, no me dejaron acariciarle, ni tenerle conmigo. Nadie me decía donde estaba, solo que le iban a dar en adopción. Me pasé siete días llorando sin parar, y cuando salí del hospital volví a “mi centro de acogida”. Juan Francisco, en cambio, ya estaba en otro centro de acogida. Ni siquiera nos dejaron estar juntos. Me programaron unas visitas un día a la semana durante una hora, y aunque mi madre el día 22 de junio empezó a iniciar acciones legales, yo me sentía sumamente desprotegida por la Administración, que precisamente era quien debía protegerme.

A los seis meses me redujeron las visitas, a una hora al mes, y a los tres meses suspendieron todas las visitas. Ya no quería ser europea, solo quería estar con mi hijo. Me sentía tan “desamparada en mi desamparo”, qué pensé que Dios me había abandonado, y que ya no necesitaba ayuda de nadie, porque solo yo podía ayudarme.

Me hice un inventario interior, y aunque parecía que mi mundo se había paralizado, saqué fuerzas para recurrir desde el año 2012, todas y cada una de las resoluciones de la Consejería, buscando letrados de oficio, que actuaban como defensores judiciales, (recuérdese que yo tenía 15 años, y seguía tutelada), llegando a juicios, donde se dictaban sentencias en mi contra, por el único motivo que yo era menor, y estaba siendo tutelada. (Ahí están las sentencias por si alguien, antes de hablar y opinar quiere verlas).

Mi madre por su parte, empezó su propia guerra particular contra la Administración Pública, convirtiéndose en una “abuela molesta”, que presentaba escrito tras escrito y recurso tras recurso.

Oíganme no lo hagan nunca. No molesten a la Administración Pública. No molesten a aquellos cuyos sueldos pagamos. No incomoden a aquellos que hemos votado, y que están para defender nuestros intereses. No lo hagan nunca, o los dragones se volverán contra ustedes. Alábenles y díganles lo bien que hacen su trabajo. así les irá mucho mejor. Confíen en mi experiencia.

Y prueba de lo que hasta aquí he escrito, copio literalmente, una contestación que se me dio en el año 2013 por la Jefa de la Sección de Centros de Menores del Principado de Asturias, (hay muchas como esta) para que ustedes observen y lean: (Si alguien quiere leer más… hay unas cuantas tan “agradables” como esta:

«Asimismo se te habló de que existe un conflicto de intereses en esta administración pública que no pueda defender el derecho legítimo de JUAN FRANCISCO a tener unos padres y no crecer en un centro y, tu derecho como madre a tener relación, aunque sola, sin apoyos que te permitan convivir con familiares y, en un centro de protección, motivos por los que no tienes capacidad para asumir su crianza. Es por este motivo por el que se te ha nombrado una defensora legal, en concreto, la letrada.., para que ejerzas tu derecho a valorar qué hacer y, si lo deseas recurrir la Resolución de 5 de Febrero de 2013 de Inicio de Acogimiento Preadoptivo en Familia Ajena (cuya copia se adjunta).
También cabe la posibilidad, aunque no estés conforme con el acogimiento preadoptivo de tu hijo, de que no recurras al entender que lo mejor para tu bebé es tener unos padres que le puedan dar todo lo que tu querrías pero no estás en condiciones de darle y, que te despidas llegado el caso de JUAN FRANCISCO».

Mi mundo se desmoronó. Durante meses, caí en una profunda depresión, más cuando abogado tras abogado, ninguno conseguía vencer al dragón gigante.

Fueron años de peleas en tribunales, de cerrarme la puerta en las narices, de incomprensión, de crueldad despiadada. Y les digo: No. Nunca he bebido, como se ha atrevido a decir el Sr. Vila, nunca he fumado, nunca me he drogado, ni nunca me han maltratado. Aquí está mi cuerpo para hacerme las pruebas que consideren. No me QUITARON A MI HIJO por tener mala vida ¿Qué mala vida podría haber tenido interna en un centro de acogida con 14 años? ¿Se preocuparon en cambio de si el padre, estaba en el propio centro? ¿Si pertenecía a esa Administración que intentaba tapar el sol con un dedo, dando a mi hijo en adopción para así acallar a una pobre niña guineana? Tranquilo Dragón. Mi hijo no tiene padre. Tiene madre, y soy YO.

Pero Dios, es grande, y nunca nos falla. Y a mí me puso un ángel en mi camino. Mi abogada, Nieves Ibáñez Mora, quien por primera vez se interesó por mi caso, y se pasó noches y noches en vela, estudiando aquel expediente enrevesado, descolocado y sin principio ni fin. Y tras dos nuevos juicios y dos años nuevos años de lucha, la Audiencia Provincial de Oviedo, con el apoyo de TRES PERITOS (dos psicólogos, Doña Elena Aza, Don Carlos Castellanos y una trabajadora social), estimó la aberración que se había hecho conmigo desde que me privaron de mi hijo. Sí Sr. Vila, no mienta más. TRES PERITOS, NO UNO COMO USTED VA CONTANDO. La sentencia está a disposición de quien quiera leerla, porque es demoledora respecto a la Administración Pública, y al trato que se me dio en lo que respecta a mi hijo.

No voy a entrar Sr. Vila, en su doble moral de representar a madres biológicas para recuperar a sus hijos, y ahora curiosamente el caso contrario. Tampoco en los libros que usted escribe, sobre el mal funcionamiento del sistema, y los niños robados. Pero no voy a permitir, una difamación más, por su parte.

En cuanto a que mi hijo necesitaba una adaptación antes de ser entregado, estoy totalmente de acuerdo. Por eso, después de dilatar el proceso de entrega día tras día, el Juzgado instó la entrega el día 8 de agosto de este año, señalando un acoplamiento propuesto por la Consejería de Asturias, desde el día 3 al 8. Y allí nos vimos mi abogada y yo el día 2 de agosto en Valencia, para que el día 3 no se presentaran los padres de acogida. Tampoco lo hicieron ni el 4, ni el 5, ni el 6, ni el 7 ni el día 8 (día en el que acudieron desde Asturias tres técnicos de la Consejería de Servicios Sociales de Asturias a Valencia, para acudir la entrega y se fueron como vinieron). Cada día, era una tortura, como si me clavaran un puñal en el centro del corazón. Discutí hasta con mi abogada, quien me relegaba a la calma y yo solo podía pensar dónde estaría mi hijo. Nos quedamos en Valencia, mi abogada y yo hasta el día 12, suplicando una respuesta, y un poco de piedad. Pero… nos volvimos 14 horas en tren hasta Asturias, con el coche de la Patrulla Canina que había comprado para mi hijo, un montón de tortugas Ninja, (que no pararon de sonar en las 14 horas de viaje), y el corazón roto, amén de la incertidumbre de si los padres de acogida habían desaparecido para siempre y jamás volvería a ver a mi hijo. Ni una sola palabra de aliento hubo por su parte, ni un mínimo de compasión.

Buscados los padres de acogida por las fuerzas de seguridad, para el cumplimiento de una sentencia (que digo yo, que las sentencias tienen que ser cumplidas por todos, como yo las cumplí en su momento, desde cuando me denegaron desde las visitas hasta la última resolución judicial), y constando los padres de acogida oficialmente como “desaparecidos”, se dictó por el Juzgado una orden de “búsqueda y localización” de los mismos.

Localizados los padres de acogida por la Guardia Civil, el 5 de septiembre (casi nada ¿verdad?, solo un mes en el que yo creí morir de angustia pensando en qué jamás volvería a ver a mi hijo, que se habían ido de España, y miles de cosas más que pasaron por mi cabeza), mi abogada se puso en contacto con el Sr. Vila, para realizar un plan de adaptación, desde el día 7 de septiembre (que yo, me volví a personar en Valencia), hasta el día 12. Pero no. No podía ser así. Los padres de acogida se negaron, instándoles como último día la Guardia Civil el día 12, o en su caso proceder a su detención.

¿Y ahora vienen ustedes a hacer todo este circo mediático, el día 12, en el cuartel de la Guardia Civil, con ambulancia, manifestación, mentiras, calumnias y difamaciones.. cuando yo podía haber instado su detención, negándome a ello por entender su propio dolor?
¿Y me encuentro que toda la prensa, televisión nacional y privada hablan de mí, sin saber lo ocurrido, lo que he pasado, y sin contrastar los hechos, guiados únicamente por lo que dicen los padres de acogida, que estaban legalmente desaparecidos?
¿Y sale en Televisión Española, el Sr. Fernando Onega, suplicando justicia, en una televisión que pagamos todos los españoles? ¿Justicia para quién? ¿Y qué sentido de la justicia mueve a estos padres, su interés o el del menor? ¿No es acaso el interés fundamental de cualquier persona, el conocer y estar con su familia de origen? ¿Justicia para quién, repito? Justicia, solo si les favorece… si no les favorece ¿se saltan la ley, la sentencia sin más y desaparecen? ¿qué justicia está pidiendo quien incumple la justicia?

¿Qué oscuro transfondo mediático esconde “mi caso”, que se ha hecho noticia a nivel nacional, como si hablásemos de una cuestión de interés nacional? ¿Se preocupa alguien de investigar si hay más casos como el mío, de negligencia de la Administración Pública, o de qué procedimiento se realiza para dar a los niños en acogida, o cómo se eligen a los padres de acogida? ¿Ustedes saben la cantidad de personas que se han puesto en contacto conmigo, por padecer un caso similar al mío? ¿Se preocupa alguien de ello?

¿Qué contactos tienen ustedes, para llegar a nivel nacional, y qué todos los medios de comunicación den la noticia de manera sesgada? ¿Hacer más mediático aún al Sr. Vila? ¿Defendemos los intereses de un niño, o queremos ganar nuevos casos para el despacho, y más dinero para embolsar?. ¿A qué responde esta manipulación de la opinión pública, más cuando en este país hablar es gratis?
Esta es mi historia. Mi triste historia documentada, y que la Audiencia Provincial supo valorar, con un expediente de muchos folios, y SÍ. Juan Francisco Aben Ayang, es mi hijo. Aunque se me privara de estar con el mismo durante cuatro años, ES MI HIJO. No soy alcohólica, ni drogadicta, ni tan siquiera fumo. No me maltratan ni me han maltratado jamás, como usted, Sr. Vila, osa decir. No me quitaron a mi hijo por llevar mala vida, porque yo era una niña custodiada, que vivía en un centro de acogida.

¿Acaso alguien ha preguntado por qué la Consejería en abuso permanente de su derecho, envío después de la sentencia a la Policía a mi casa, para preguntar a todos mis vecinos, si mi pareja me maltrataba? ¿Por qué después de dictarse sentencia a mi favor, me sigue la Policía y va a donde yo estudio? ¿Creen que voy semidesnuda por la calle y que bebo alcohol? Ya está bien, por Dios. Y si bebiera alcohol cuando salgo, que no es el caso, porque además no me gusta el alcohol, ¿qué? Tengo 19 años, soy mayor de edad y hasta ahora, no he tenido a mi hijo conmigo. ¿Ninguno de ustedes beben cuando salen? ¿Me van a demonizar por eso? Más cuando es incierto.

Difamar en este país, parece que resulta gratuito… de momento. Solo soy una chica española de origen guineano, que YA NO QUIERE SER EUROPEA, y que lo único que desea es estar feliz con su hijo. Hijo, que tiene una familia, unos abuelos, unos tíos, unos primos, y ante todo una madre. Y mi hijo, no se llama Joan (en valenciano), ni Xuanín en asturiano. Se llama Juan Francisco.

Solo tengo 19 años, pero la vida me ha curtido en la lucha con dragones. He llorado en estos cuatro años, tanto!!! que a veces pensaba que no tendría más lágrimas para llorar el resto de mi vida. Me equivoqué, Sr. Vila. Hoy viendo sus calumnias, he vuelto a llorar. Llorar de rabia, impotencia… Preguntándome el por qué de tanto dolor hacia mí y hacia mi familia… Y de alegría, de mucha alegría al abrazar de nuevo a mi hijo (que por cierto, es igual que yo… hasta tiene los mismos dientes separados que yo)

No soy yo quien ha iniciado esto. No soy yo en quien tienen que volcar su rabia, su tristeza y su impotencia. Yo no les dí el niño en acogida. A mí, me lo arrebataron. No soy yo, quien les ha puesto en esta situación. Solo soy una madre que AMA por encima de todo a su hijo. Que no ha dejado de luchar por él, desde el mismo momento en el que supe me lo querían arrebatar o ¿cree que me fue fácil huir a Guinea embarazada, con 14 años, para que no me lo quitaran?.

Lo que está claro es que no voy a renunciar a mi hijo, ni ahora ni nunca. Si no hubiera llegado a recuperarle. Le buscaría cuando tuviera 18 años. Y ¿Qué cree que opinaría Juan Francisco, cuando conozca toda mi historia, toda mi lucha contra los dragones?.

Gracias a todo aquel que se ha detenido en leer mi historia. Y por Dios… antes de opinar, conozcan la verdad.

P.D: El niño está bien. Tranquilo como soy yo, y como es él. Respétennos y déjennos disfrutar lo que se nos ha denegado por el dragón en estos cuatro años. Gracias.

María José Abeng Ayang.

Carta abierta: “Joan entró en nuestras vidas para quedarse para siempre”

Carta abierta de Alberto Bordes, padre adoptivo del niño entregado a su madre biológica

Alberto Bordes, la madre Noelia Estornell, y el pequeño Joan.

 Alberto Bordes, la madre Noelia Estornell, y el pequeño Joan. 

Adoptar en España. En cualquier tribu centro-africana tienen leyes más justas y las aplican mejor que en España.

Habiendo pasado muchos años esperando poder adoptar en China, nos dijeron desde Consellería de Bienestar de Valencia que podríamos abrir la puerta de la adopción nacional. Viendo los años que habían pasado, decidimos hacerlo y volver a pasar por todos los procesos de idoneidad hasta que nos consideraron aptos para nacional, que curiosamente no es lo mismo que ser apto para la adopción internacional. Pasado un tiempo nos llamaron para una propuesta de adopción de un niño de Oviedo. Aceptamos de inmediato y viajamos a Asturias para que nos realizaran una nueva valoración porque tampoco era suficiente la de los compañeros de Valencia… Ya somos tres veces idóneos… A la semana nos llamaron desde Oviedo para decirnos que nos habían escogido a nosotros de entre otras tres familias que fueron allí para ser valoradas.

Todo el esfuerzo había valido la pena, porque Joan por fin llegó a nuestras vidas… Pasamos en Oviedo un proceso de adaptación que fue increíblemente rápido, gracias en gran parte al excelente trabajo de las profesionales que se encargaban del cuidado de nuestro hijo. Joan vino a Valencia cuando tenía sólo 18 meses y rápidamente se integró. Familia, amigos, colegio… entró en nuestras vidas para quedarse con nosotros para SIEMPRE.

Al cabo del tiempo llegó el momento de renovar la documentación para la adopción internacional, pero renunciamos a ella, porque nuestro hijo ya estaba con nosotros… Nadie podía imaginar el infierno que nos deparaba el destino. Llegó el día de ratificar el proceso de adopción de Joan, cosa que hicimos tanto nosotros como la madre biológica de forma voluntaria. Pero pasados unos meses, y bajo la influencia de una familia desestructurada, que tuvo hasta nueve intervenciones de la administración por episodios de malos tratos y violencia física, impugnaron su consentimiento a la adopción, y el caso llegó al juzgado de 1ª instancia num 7 de Oviedo. Éste ratificó (como no podía ser de otra forma) que todo el proceso de adopción había sido correcto tanto en primera instancia como en la apelación.

Pero cuando el caso llegó a la Audiencia provincial de Oviedo, los “magistrados” basándose en el informe de un solo “Psicólogo” que realizó después de una única sesión, decidió echar por tierra todo el sistema de protección de menores y ordenó la entrega inmediata del niño a su familia biológica. Esta orden debía ejecutarla la jueza de 1ª instancia, que pudo oponerse y mantener su decisión inicial, ya que se había presentado recurso al Tribunal Supremo quien en última instancia tendrá que decidir sobre el futuro de Joan. El criterio de la Consejería de Oviedo, Fiscalía de menores, y nosotros que nos habíamos personado en la causa junto a su criterio inicial no fueron suficientes, y decidió ejecutar la orden de sus superiores basada en un solo informe. Nosotros como es lógico nos opusimos a esta decisión utilizando los procedimientos judiciales para estos casos, aludiendo un defecto de forma.

El viernes día 29-7-16 todavía estaba pendiente de resolverse la solicitud de nulidad de esta sentencia que nos obligaba a entregar a nuestro hijo, y nosotros que habíamos empezado nuestras vacaciones, decidimos marcharnos y aislarnos para pasar tranquilos con nuestro hijo el que podría ser nuestro último verano juntos, dado que NADIE nos había notificado nada y siendo viernes último día hábil pensamos que todo se aplazaba hasta septiembre. NUNCA hemos sustraído a ningún niño, como se afirmó en algún medio. Irse de vacaciones y apagar el móvil no es ningún delito.

A la vuelta de vacaciones nos encontramos con que la Jueza ha ordenado que nos busque la policía, la jueza no acepta que se suspenda la ejecución de la entrega hasta que decida el Supremo, (aun existiendo una demanda de privación de la patria potestad de la madre biológica con testigos incluidos), El Tribunal Supremo parece tener demasiado trabajo para encargarse del bienestar de un menor, y la Consejería de Oviedo dice no tener medios para unirse a nuestra demanda al tribunal de Estrasburgo, para defender su postura y siendo su responsabilidad, ya que la tutela de Joan sigue siendo suya. Evidentemente alguien no ha hecho las cosas bien, pero no somos nosotros como familia adoptiva y mucho menos nuestro hijo que acaba de cumplir cuatro años, y cuando se junta una legislación absurda y kafkiana en materia de adopción, una administración pública que no está preparada y un poder judicial que se desentiende de aquello de lo que tanto alardean (LA PRIORIDAD ES EL BIENESTAR DEL MENOR), el resultado no puede ser otro…

SUFRIMIENTO

Enlace a la carta de María José Abeng en Levante-EMV: “No me dejaron amamantarle, no me dejaron acariciarle, ni tenerle conmigo”

Enlace a la carta de Alberto Bordes en Levante-EMV: “Joan entró en nuestras vidas para quedarse para siempre”

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