El burkini, el bikini, la libertad…

Comenzóse a reflexionar sobre que decir en este artículo el día 18 de agosto del año del señor 2016 (festividad del aniversario de boda del autor de este blog con su maravillosa Emperatriz), empezóse su redacción el día  8 de septiembre del mismo año (Nuestra Señora de Núria, santuario en el que acaba una de las líneas férreas más bonitas de Españistán) y acabóse de escribir el día 16 de septiembre de 2016 (San Cornelio, papa)
Laus Deo.

Reconozco antes de empezar, que este no es un artículo fácil de escribir; hay tantas cosas que decir, y a veces tan diversas, que en estos momentos ni siquiera se como empezar…

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No se me ocurre nada mejor que iniciar con la prenda que da título a este artículo: el burkini, lucido por protagonistas masculino y femenino… Fuente

Pues sí, hoy me he decidido a escribir sobre este tema, tras dejar pasar unos días en las que este tema (el burkini, no el nudismo, ni siquiera la libertad) ha sido el protagonista de hasta incluso alguna portada…

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Otro ejemplo de mujeres con burkini. Fuente.

En realidad, en este tema todo depende del enfoque que le queramos dar… como el que Eduardo Goligorsky le da en Libertad Digital (prohibir el burkini tiene que ver con un tema de seguridad ciudadana, el mismo argumento que se dio el 10 de marzo de 1766 cuando se prohibió el uso de capas largas y sombreros redondos de ala ancha, y que dio lugar al famoso motín de Esquilache).

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El motín de Esquilache, imagen obtenida aquí

Aunque, curiosamente, unas pocas líneas más adelante, el mismo autor dice que

Quienes objetan la extravagancia del burkini, que convierte a sus usuarias en objetos de curiosidad y burla, olvidan que en una sociedad abierta esto no justifica una prohibición. Más bien delata los prejuicios y el provincianismo de los represores.

Y aquí es donde empieza la cuestión: en el motín de Esquilache (aparte de que, también, la gente pasaba mucha hambre, y probablemente esa sea la causa real del motín), lo que se objeta es la necesidad de limitar las libertades individuales en nombre de lo que sea: del laicismo, de la religión o del orden público. Argumento para ello, todos tenemos múltiples: la subordinación de la mujer al hombre (argumento contra burkini), la utilización del cuerpo de la mujer para el placer del hombre (argumento contra nudismo)… Y siempre, al final,con el mismo mensaje: eres libre, siempre que no infrinjas ninguna de las normas sociales imperantes en tu entorno social… sí, eres libre para ponerte tal o cual cosa, siempre que no rompas con las normas sociales que te han enseñado desde bien pequeño, y que al final es lo que está bien…

Curiosamente, he encontrado un argumento bastante demoledor en un artículo que nada tiene que ver con el burkini, pero sí con el nudismo; apareció en el diario El País, en uno de sus múltiples suplementos, El comidistay tenía por título La experiencia de comer en bolas; en este artículo Mikel López Iturriaga y su equipo escriben sobre un restaurante londinense, The Bunyadi, que permite comer desnudos y que tiene ya 46.000 reservas… el antetítulo ya nos da idea de cual es la opinión del comidista sobre este asunto: dice textulamente ¿Tendencia, gastronomía o mamarrachada?

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Imagen que ilustra el artículo del Comidista (fuente original)

Bien, pues después de los típicos argumentos que se dan habitualmente sobre este tema, repetidos hasta la saciedad intentando justificar lo injustificable (los encontrarás igual en este artículo, que habla sobre si está prohibido o no conducir desnudo) se encuentra está afirmación de Gerardo Correas, presidente de la Escuela Internacional de Protocolo, que comenta que

En el caso de un restaurante nudista el protocolo es flexible. “Se nutre de las opciones personales que el organizador y los invitados eligen. Más que de protocolo hay que hablar de marketing y cuota de mercado. Es lo mismo que acudir a una playa nudista o no”.
Pero si hablamos de un restaurante convencional o un chiringuito de Torremolinos la cosa cambia. Digamos que no está socialmente aceptado entrar sin camiseta y en calzoncillos en un McDonalds pidiendo un McFlurry. “No se trata de un corsé impuesto. Se trata de una formalidad para una mejor convivencia. No es un corsé comer con unos cubiertos determinados y todos los utilizamos. No voy a una casa y como tengo libertad, me pongo a comer con las manos mientras todos comen con cubiertos. La libertad de cada uno se acaba en el momento en que se molesta a los demás”, añade Gerardo.

Y aquí está la clave del asunto: la molestia a los demás. Nos dice que no es un corsé comer con unos cubiertos determinados y todos los utilizamos… ¿todos? Creo que la mayoría de la humanidad no comen con cubiertos, sino con palillos… no voy a una casa y como tengo libertad , me pongo a comer con las manos… a no ser que vaya a casa de otra de las mayorías, los hindús (me resisto a llamarlos indios a los habitantes de la India… cosas de la instrucción recibida) que comen con las manos… incluso eructar está bien visto en algunas zonas no excesivamente minoritarias tras haber disfrutado de una buena comida… Por tanto, vemos que esta afirmación de Gerardo Correas nos hace enemistarnos con la gran mayoría de la humanidad…

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Comiendo con las manos en la India. Fuente.

Por tanto, ya tenemos otros argumentos que no sirven: pero los lectores del Comidista son de nuestro entorno cultural, y por tanto, estos argumentos tan sensatos les habrán convencido, como los de la supuesta prohibición de conducir desnudos… todo obviedades , que aunque sean aceptadas por una gran parte de nuestra sociedad, no dejan de ser obviedades… y además, falsas.

Por eso, el debate real no entre ponerse un burkini o ponerse un bikini o bañador. Al final, las mujeres que se ponen estas prendas lo único que hacen es seguir las normas de vestimenta de su entorno social, y el problema reside en que lo hacen en el territorio social equivocado… las mujeres que llevan burkini son tachadas de liberales por los integristas islámicos porque muestra demasiado el contorno femenino, y por ello estos descerebrados las obligan en muchos casos a bañarse con el chador, niqab o burka… pero también pasa en nuestras sociedades occidentales, en las que la presión social que indica que sólo puedes llevar bikini si tienes un perfil perfecto hace que muchas mujeres opten por el bañador de una pieza, pensando que así no se ven sus lorzas (perdón por el término, pero creo que es descriptivo de lo que piensan también muchas personas de nuestra sociedad) cuando lo único que se hace es verlas igualmente, pero eso sí, cubiertas por un trozo de tela…

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Para distinguir las distintas prendas que castigan a la mujer, he acudido a este dibujo que he obtenido aquí.

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Ejemplo de mujer con bañador (dificilísima de encontrar: fuente) y con bikini (y he buscado una del montón… fuente).

¿Y los hombres? Sí, los hombres… sólo para estas cosas de la imposición de patrones de cuerpos perfectos y de vestimentas sociales, el hombre no está, ni se le espera. Aquí si que no importa la vestimenta: de hecho, llevo más de media hora intentando una imagen de un hombre con turbante en una playa o en una ciudad, y más de la mitad de las fotos que aparecen son de mujeres con turbante, o sin él… pero no hay forma de encontrar una que muestre a un hombre con turbante en una playa, o en una ciudad… curioso, ¿verdad?

Volviendo al tema: aunque pensemos que las mujeres que llevan burkini están sometidas por los hombres de su entorno social, probablemente sean unas avanzadas a su tiempo, al llevar una prenda que marca su cuerpo, algo intolerable para su gran mayoría social, al igual que el bikini fue intolerable para una gran cantidad de personas, sobre todo en la Españistán de los años 60. Así que el debate burkini sí / burkini no me parece que es simplemente una muestra de intolerancia hacia una vestimenta que, al final, cumple el mismo cometido que el bikini: cubrir aquellas partes del cuerpo que no deben ser visibles, a no ser que quieras ser duramente castigada (desde el desprecio social y el chismorreo que te califica de puta, fulana, zorra y todos sus sinónimos, hasta la lapidación, forma de ejecutar casi exclusiva para mujeres que incorpora reglas para aumentar su sufrimiento hasta límites que no alcanza a entender mi razón humana).

Así que, para finalizar, volvamos al título: el burkini, el bikini, la libertad… el burkini y el bikini no dejan de ser dos caras de la misma moneda: burkini frente a niquab (o similar), bikini frente a bañador… sin embargo, la libertad… la libertad no es un regalo, ni una concesión… la libertad se conquista… y dar el paso para prescidir de cualquier tipo de prenda que lo único que pretende es coartar tu libertad, bajo peregrinos argumentos (no me desnudo porque no tengo cuerpo para ello; no me desnudo porque provoco a los hombres; no me desnudo porque sólo lo hacen las modelos; no me desnudo para que nadie me vea las tetas caídas; no me desnudo porque a mi edad…; no me desnudo…) o también me desnudo (en una película) porque lo exige el guión; me desnudo por una buena causa (aunque en este caso, siempre se ocultan las partes que no se deben mostrar); me desnudé una vez cuando era joven… ¡que loca estaba..!). 

Todo excusas para no decidir libremente sobre lo que de verdad importa: para decidir en cada momento si llevo ropa o no, si me desnudo o no… esa es en esencia, la verdadera libertad.

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Solidaridad: El equipo femenino de rugby de Oxford se desnuda en un calendario contra la anorexia. Fuente.

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¡¡Eres libre para elegir!! Fuente: grupo NuCat

Anexo: algunos de los artículos sobre el tema aparecidos en los últimos tiempos, todos en el diario Levante-EMV:

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Aunque este artículo de Ángeles Hernández publicado en el diario Levante-EMV toca el tema de forma tangencial, también me parece interesante.

El burkini aparece en una playa de Dénia

El Consejo de Estado francés suspende el veto al burkini

Un artículo que en la edición impresa aparece como complemento al anterior, y que dice algo significativo: Fiesta en la playa. Ponte lo que quieras. Pero eso sí, algo has de llevar…

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Y por último, tres artículos publicados en la misma página el día 27 de agosto; en dos de ellos (el segundo y el tercero) se dicen esas cosas que uno repite como un mantra para justificar su posición contra el nudismo, aunque su afirmación sea falsa: en el segundo de Pilar Garcés (Ni burkini ni burkichandal), se dice que el acceso a las playas, por lo demás, siempre ha estado regulado. No se puede hacer nudismo en cualquier litoral y el buenismo militante no se ha echado las manos a la cabeza (como sabéis mis seguidores, legalmente podemos estar desnudos en cualquier espacio público). En el tercero (Burkini, ¿sí o no? de Isabel Vicente) se repite estas justificaciones: Una vez me bañé desnuda en una playa y no he vuelto a hacerlo pese a que me encantó, pero no es cuestión de escandalizar a los vecinos ni de desparramar los kilos que he puesto este verano sin la contención del bañador. Aunque nadie me vaya a meter en la cárcel (o sí, si no es una playa nudista), la moda, los convencionalismos y el propio pudor condicionan mi elección. De nuevo justificaciones sin sentido para no hacer algo que dice que le encanta, y la falsedad de que te pueden meter en la cárcel por estar desnudo fuera de los espacios acotados. El primero de los artículos es de Joan Álvarez y se titula El desafío del Burkini, en el que se hace un análisis interesante de la vestimenta en las playas como espacios de libertad, pero sin mención al nudismo.

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2 respuestas a El burkini, el bikini, la libertad…

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