Vacanze in Roma

Pues sí, desde el día de Pascua hasta el jueves hemos estado en Roma… hemos vuelto tras 19 años (la última vez fuimos con nuestros amigos José Manuel -al que nunca olvidaremos así pase el tiempo- y Ángel, en junio de 1998). En aquella ocasión fueron diez días, que dieron para mucho, hasta para ver la procesión del Corpus en la vía Merulana entre San Juan de Letrán y Santa María la Mayor, con un Papa Juan Pablo II que ya entonces parecía que no iba a durar ni dos telediarios y todavía aguantó hasta 2005.

En esta ocasión, hemos pasado 4 días, y nuestra intención no era coleccionar monumentos, sino pasear e intentar captar el verdadero espíritu romano (cosa por otra parte imposible… ¡Roma es inabarcable!). Así que no teníamos ningún plan preconcebido, ni ninguna relación de monumentos a visitar, sino simplemente queríamos deambular allá donde nos llevara el viento, como decía Mary Poppins.

Podría hacer una relación detallada del viaje, pero lo que voy a comentar son mis impresiones, es decir, aquellas cosas quizás sin importancia aparente, pero que me han dejado huella.

  1. La conducción: una verdadera locura; los grandes premios de Formula I se inventaron, sin duda, en Roma. Cuando se sube en un taxi, en un autobús, ya sabes lo que siente un Fernando Alonso cualquiera en su bólido. Al llegar a un cruce, ni prioridad ni nada parecido; entra, que el resto ya parará. Curiosamente, ni un sólo accidente he presenciado con este sistema. Lo mismo ocurre en los pasos de cebra: si no comienzas a cruzar, nadie se detiene; pero una vez estás en ello, a nadie se le ocurre pasar sin detenerse momentáneamente… pero por poco tiempo, enseguida prosiguen su camino velozmente por tus espaldas… Esta regulación del tráfico trae como consecuencia la siguiente…
  2. Los semáforos: son prácticamente inexistentes. En la Piazza Venezia, centro neurálgico de la ciudad, por donde pasa casi todo el tráfico del centro urbano, ni un semáforo regula el tráfico. Ni rotondas… diferencia con España.

    Largo_Chigi39

    Ya en el año 1939, el tráfico era así… Largo Chigi. Autor desconocido. Imagen de dominio público. Fuente: wikipedia italiana.

  3. Las infraestructuras: las autopistas que circunvalan Roma (casi tres millones de habitantes), o que dan acceso a la ciudad, al menos desde Fiumicino, tienen dos o a lo sumo tres carriles en cada sentido, y ciertamente, el estado del asfalto no es ideal… pero vamos, que en una ciudad como Valencia (que no llega a los tres cuartos de millón de habitantes) la ronda norte tenga en algún momento hasta 5 carriles da un idea del despropósito de nuestras grandes obras… todo a lo grande, a mayor gloria del 3 %.

    Gran raccordo anulare de Roma

    Gran raccordo anulare (circunvalación) de Roma. Tres carriles. Fuente: www.centumcellae.it

  4. La leche: no tiene que ver con nada de lo anterior. No sabemos si es una sensación, o una realidad, pero la leche en Roma (y suponemos que en el resto de Italia) sabe a leche. No es un perogrullada: en España la leche actual no me recuerda a la leche que bebía de pequeño, sino más bien a leche aguada. Este recuerdo sí lo he tenido con la leche que he bebido en Roma.
  5. El expreso: no he probado café malo en Roma. Todos han sabido a café, como toca; en España, lo más habitual es lo que me ha pasado hoy, sin ir más lejos: he tomado un café que sabía a rayos.

    Y además de leche y café, también tienes a tu disposición innumerables fuentes…

  6. El hombre del tiempo: impresiona ver el pronóstico del tiempo en la RAI. Aparece un militar de alta graduación de la Aeronáutica militare como hombre del tiempo… parece que en Italia no hay tanto remilgos con el Ejercito como aquí.
  7. El Esercito Italiano: en estos tiempos, la presencia de soldados en las calles de Roma es omnipresente. Todas las embajadas, todos los accesos a las calles principales, el paso de vehículos por el Coliseo… todo está controlado por al menos un par de soldados con su vehículo. Sin embargo, en ningún momento sientes que su presencia intimide; tampoco intimida la numerosísima presencia de Carabinieri en prácticamente toda la ciudad.

    Patrulla militar en el Coliseo - Esercito italiano

    Patrullando junto al Coliseo. Fuente: Ministerio de defensa italiano.

  8. Los turistas: viendo la Roma actual, veo la Valencia del futuro. Un centro de la ciudad lleno de turistas, en la que los comercios pelean por atraparlos y endosarles sus productos, y en la que los habitantes de la ciudad se sienten extranjeros, porque todo el mundo le habla en inglés. Nosotros, sin embargo, pasábamos desapercibidos y como italianos, al no llevar ninguno de los atributos habituales de los turistas: la cámara de fotos colgada al cuello, o bien la mochila a la espalda y el plano en la mano. Más bien al contrario, el primer día, yendo hacia la Fontana de Trevi un comerciante nos ofreció pescado fresco y otras viandas en perfecto italiano, diciendo que aprovecháramos y nos lleváramos a casa el mejor pescado de la zona. Supongo que cuando nos giramos y respondimos con un no, grazie pensó que no era su día…
  9. Los precios: a pesar del turismo, es posible encontrar al lado de la misma Fontana de Trevi un sitio donde poder comprar una botella de agua a 1€ o comer pizza al taglio (es decir, una porción de pizza) a un precio similar al de España. Y no hemos cenado nunca a un precio que no se pueda encontrar en cualquier sitio turístico de aquí (nosotros, cuando viajamos, somos de desayunar fuerte y cenar, no comiendo de la forma tradicional, mas que un tentenpié si apetece).

    Vivi bistrot en museo de Roma junto a Piazza Navona en Roma

    En esa misma mesa, y con la misma vista a la Piazza Navona, estuvimos cenando. Por supuesto, la luz no era la misma, pero la emoción, sí. Y no fue nada caro cenar en el Caffé Braschi (gestionado por Vivi bistrot) del Museo de Roma. (Fuente: Museo di Roma)

  10. La Iglesia Romana: aquí no hablo de los edificios religiosos, sino de la institución. Me ha sorprendido muchísimo que los acceso en todas y cada una de las iglesias (aquí sí son los edificios) sean libres. Es decir, totalmente gratuitos. Si después quieres entrar en algún museo del recinto, sí que lo pagas, pero no hay limitaciones ni siquiera para hacer fotos, excepto cuando se está celebrando alguna misa: entonces son muy rígidos, y reprenden a cualquiera que pretenda saltarse la prohibición, por otra parte, bien señalada. Incluso en la propia Basílica del Vaticano, había un área restringida alrededor del Baldaquino, a la que se podía acceder diciendo simplemente que ibas a asistir a la misa que se iba a celebrar en el altar de la Cátedra de San Pedro. Igualito, igualito que en España, donde para entrar en las catedrales hay que pagar…

    ¿Algo en común en estas dos esculturas? Aparte de su autor… ¡se pueden ver gratis!

  11. Las calles: observé esto al menos en dos calles: la vía Sistina y la vía del Corso. La numeración de las casas en las calles no es como en España, en un lado los pares y en el otro los impares: al contrario, empiezan en una acera todos los números correlativos desde el 1, y cuando llega al final de la calle continúa la numeración por la otra parte hasta llegar de nuevo al principio, por lo que el número 1 tiene enfrente el último número de la calle (en la vía del Corso, el 531).
  12. El italiano: me refiero al idioma. Desde que llegué, me impregné del deseo de hablar en ese idioma, y la verdad es que, aunque no lo he estudiado nunca, su parecido con el valenciano, el oír canciones en italiano (de Franco Battiato desde hace mucho tiempo y de Marco Mengoni desde que lo descubrí gracias a mi hija) y el haber leído algunos artículos en italiano (como el que me ayudó a la salida del armario nudista que relato en mi Carta para mis amigos íntimos) hizo que desde el principio me dirigiera con un Buon giorno, buona sera, prego, grazie, mi piace, mi dispiace… e incluso que construyera frases enteras en un italiano al parecer bastante aceptable, al menos para mí. Y las personas que nos atendieron agradecían el esfuerzo con una agradable sonrisa y conversación. Y dos personas en especial…
  13. La professoressa universitaria: cenamos en un restaurante al lado de Piazza Spagna y nos sentaron en una mesa para dos, junto con otra mesa para dos que ocupó al poco rato una mujer de aproximadamente nuestra edad. Cerca había un matrimonio chino con un niño de corta edad, intentando que comiera algo y estuviera mínimamente quieto. Todos contemplábamos embelesados la escena, cuando nuestra vecina se dirigió a nosotros y nos dijo Quello che un bambino così bello..! Y a partir de aquí, comenzó una conversación que yo empecé con un discreto italiano, pero que proseguí en la lengua de Cervantes, y en la que nuestra compañera de mesa nos relató que era bióloga, profesora universitaria, e investigadora de la curación de enfermedades infantiles en diversas instituciones, como la Universidad de Parma, de Bolonia, de Perugia y en el Policlínico Agostino Gemelli de Roma. Hablamos de la crisis y de cómo había afectado a la investigación. Con gran pena nos comentó que desde el inicio de ésta, se habían cortado todas las ayudas a la investigación por parte del gobierno italiano, y que eso había provocado grandes problemas para poder siquiera continuar con las investigaciones en marcha, en un campo tan sensible como el suyo, la investigación de enfermedades en los niños… Y nos comentó la tristeza de ver como los jóvenes universitarios italianos, tan bien preparados, hacían las maletas para que sus conocimientos los aprovecharan universidades extranjeras, sobre todo estadounidenses… no se porqué, pero esto me sonó a muy conocido…
  14. Valerio: una gran sorpresa. Valerio nos atendió una noche en el bar del hotel (situado en la via del Tritone, al lado de la Piazza Barberini y de la famosa Via Veneto), y se animó a conversar con nosotros; de nuevo inicié la conversación en italiano y también me cambié al español, porque me daba vergüenza soltar alguna espardenyà (palabra valenciana que significa ¡mira que eres bruto! ¡esa palabra es más castellana que el paseo del mismo nombre!). Su historia era bien curiosa: Valerio nos comentó que sufría esclerosis múltiple, y que en un momento determinado, decidió hacer el camino de Santiago… ¡desde la basílica de San Pedro del Vaticano! Tardó casi tres meses en realizar el camino completo, y al parecer fue milagroso para él en todos los sentidos; también hablamos de la crisis, y nos comentó que en Italia se habían producido muchos suicidios derivados de la misma (nos recordó a los producidos en España por los lanzamientos -mal llamados desahucios- hipotecarios). Una gran persona…

    Roma - 20170420 - Despedida del hotel Stendhal-2

    En este salón, un poco más iluminado, hablamos con Valerio.

  15. Un Martini rosso… en vía Veneto. Una larga deuda con mi mujer… le debía un Martini en vía Veneto desde el primer viaje a Roma. Si hicimos este viaje, fue por este motivo. Y valió la pena.

Por último, la constatación de que en Italia se sigue cultivando una buena costumbre: la de compartir conversación con los desconocidos que te encuentras en tu camino, en la mesa de al lado, en la barra de un bar… algo que de pequeño recuerdo y creo que desgraciadamente hemos perdido… las dos conversaciones con personas desconocidas han sido muy enriquecedoras para mí… me han mostrado la verdadera alma de Italia.

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