Sección de libros: Cuestión de piel – National Geographic

Aunque este es un artículo que pertenece a la sección de libros, en este caso no voy a hacer la reseña de ningún libro, sino de una revista; y la razón por la que la compré fue su portada.

National Geographic - Cuestión de piel - Abril de 2018 - El Eurociudadano nudista

Desde que leí La mujer desnuda, de Desmond Morris, estoy intentando investigar y elaborar una teoría sobre las causas que impiden la normalización del desnudo social; tras leer este libro, descubrí una de ellas: la importancia que tiene en el comportamiento del ser humano la genética y la evolución (entendida como adaptación al medio en el que se desarrolla la vida). Antes ya había reflexionado sobre el comportamiento social y las barreras que se imponen en forma de reproche social cuando tienes un comportamiento distinto al esperado (como hago en el artículo Nudismo jurídico, nudismo social). Después he seguido escribiendo sobre este tema (como hago en ¿Está el rechazo al desnudo en los genes?) y ahora estoy ampliando mi campo de investigación hacia la teoría de la espiral del silencio, como forma de imposición del pensamiento único…

Por ello, al leer en la portada la palabra genética decidí comprar la revista, para seguir profundizando en las razones del comportamiento humano en múltiples aspectos: la revista habla del caso concreto del racismo, pero puede ser aplicado a muchas otras formas del comportamiento humano. Y el primer titular del artículo Cuestión de piel afirma

¿Qué es exactamente la raza? La ciencia nos dice que carece de fundamento genético o científico. Es sobre todo una etiqueta artificial utilizada para definirnos y separarnos.

Es decir, que hasta el comportamiento social está grabado intensamente en nuestros genes.  Pero la lectura del artículo depara muchas más sorpresas; algunas no por sabidas menos sorprendentes como

los perfiles genéticos del chimpance y el ser humano coinciden casi un 99 %.

Otro ejemplo es lo que se conoce desde hace escasas décadas: todos los humanos llevamos la misma colección de genes, con versiones distintas de algunos de ellos (excepto los gemelos idénticos), y todos los humanos vivos somos africanos. Y las diferencias dependen del tiempo en que dos grupos de humanos vivan separados. Las diferencias más profundas en la familia humana no se dan entre lo que conocemos como razas (blancos, negros, indios…) sino entre poblaciones africanas que llevan miles de años sin contacto entre sí, como son los Pigmeos (del África central) y los Khoisan (del sur de África). También explica las mutaciones que hacen que determinados grupos humanos puedan vivir en grandes alturas con aire enrarecido o en ambientes polares. Incluso algunas veces hay mutaciones favorecidas por la selección natural de las que se ignora el porqué, como ocurre con una variante de un gen llamado EDAR y su variante 370A, muy frecuente en las personas de ascendencia asiática oriental y nativa americana pero muy rara en personas de ascendencia africana o europea.

E ilustrado con una fotografía que muestra una zona residencial de Johannesburgo separada de un asentamiento chabolista por una simple carretera, el artículo se sumerge en intentar responder a una pregunta:

Nacemos programados para distinguir entre nosotros y ellos, y para favorecer a los nuestros. ¿Puede la ciencia ofrecer una solución?

Explicando varios experimentos científicos, se afirma que

El experimento – y decenas de test similares realizados en los últimos veinte años- confirmó varios detalles importantes sobre la obsesión identitaria del cerebro humano (…) Los escaneres muestran, para empezar, que buena parte de nuestras percepciones y emociones relativas a los grupos escapan a nuestra conciencia y control. Yo no siento una preferencia consciente por los blancos en detrimento de los negros. (…)

Los escáneres reflejaron un factor clave del sentimiento humano de pertenencia al grupo: poseemos un afinado radar mental que buscar determinar qué grupos de importancia hay a nuestro alrededor y a cual pertenecemos. Y este radar nunca se apaga. Hasta cuando nos movemos cómodamente dentro de nuestro círculo de identidad racial, nuestra mente sigue alerta por si se estableciesen nuevas coaliciones.(…)

Apoyarnos los unos en los otros es una solida estrategia de supervivencia para una criatura débil y ruidosa sin demasiadas armas naturales. Vivir en grupo es un billete para la supervivencia, y por eso los primates así lo hacemos. De hecho, no hay sociedad humana sin unas líneas marcadas que distingan entre grupos.

Así es como funciona en general la percepción general. En una décima de segundo juzgamos a la gente en función del grupo al que pertenece. Preocuparnos por la pertenencia al grupo no es algo que tengamos que aprender, como leer o conducir. Es algo que hacemos de forma automática, como respirar.

Y sigue el artículo reflexionando sobre diversos conflictos en los que siempre surge la dicotomía nosotros frente a ellos. Israelíes y palestinos, hutus y tutsis, rohingya y birmanos, inmigrantes y residentes… sin embargo, no habla (ni lo esperaba, por otra parte) de nudistas y textiles, otros dos grupos humanos en conflicto casi permanente.

Yo me resisto a esa distinción, pero sin embargo, ahora comprendo que todo el mundo se sienta cómodo con esta dicotomía nudistas / textiles… y también entiendo que nuestra relación sea conflictiva, sobre todo porque los nudistas somos minoría aplastante. Por ello, en cuanto nos enteramos de que alguien es nudista, nuestros genes hacen que sintamos inmediatamente una corriente de simpatía hacia ella, y la hagamos inmediatamente uno de los nuestros. Y por la misma razón, sentimos a los que denominamos textiles como casi enemigos, responsables de todos nuestros males por resistirse a quitarse el bañador y negarse a disfrutar de la vida de la forma más natural. Por ello, en las actividades nudistas e incluso en los centros naturistas el ambiente en general es más familiar, más distendido… en las playas nudistas, los nudistas nos sentimos muy cómodos con otros nudistas, y sin embargo, muy violentos cuando hay textiles, y por ello, casi siempre, preferimos no quitarnos el bañador… ¿será que tenemos miedo al grupo mayoritario? ¿O es que no encontrar a miembros de nuestro grupo nos desmotiva?

Afortunadamente, la ciencia también nos dice que la convivencia entre los dos grupos enfrentados, la convivencia entre nosotros ellos es posible. ¿Cómo? Si se plantean retos o desafíos que obliguen a ambos colectivos a trabajar codo con codo. La experiencia de cooperar en busca de un objetivo común une. Tal y como dice el artículo,

los seres humanos pueden cambiar sus percepciones de grupo en ambos sentidos. A veces convertimos el Nosotros en Ellos. Pero también podemos convertir a Ellos en Nosotros.

¿Y cual podría ser el nexo común que podría hacer que grupos de textiles y nudistas trabajaran por un objetivo en común? Quizás podría ser la ecología… Pudiera ser que trabajar conjuntamente con asociaciones u ONG’s del mundo de la ecología en proyectos de voluntariado medioambiental, unos vestidos y otros desnudos, pudiera ser un buen comienzo, que después se extendería a otro tipo de colaboraciones, en busca de ese 25 % de masa social que revirtiera el actual rechazo latente en la sociedad al desnudo social… ¿Quién sabe?

Postada: las niñas de la portada son mellizas. Se llaman Millie Marcia y Marcia Millie Madge Biggs.

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