Manifiesto sobre el futuro de Europa: un destino compartido – 1 – Un destino compartido.

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Un destino compartido.

Dejada mucho tiempo en un segundo plano, actualmente Europa está presente en todos los debates. Es imposible ser breve en una reflexión sobre lo que es y sobre lo que debería ser. Los Europeos están frente a una elección: unirse y avanzar o erigir muros y replegarse detrás de las fronteras nacionales.

El Grupo Spinelli reúne políticos (mujeres y hombres) que pertenecen a un amplio espectro de partidos, que son partidarios de la Unión, pero están insatisfechos por la forma en que está gobernada Europa actualmente. Este manifiesto es nuestra contribución al debate sobre el futuro de Europa. Nuestro objetivo es trabajar por etapas en la construcción de una unión federal de Europa basada en los valores que hacen valioso al continente: la democracia liberal, la solidaridad y el Estado de derecho. Hoy, estos valores están siendo atacados, tanto dentro como fuera de Europa. Por ello, los argumentos a favor de la unidad europea deben ser desarrollados con fuerza, convicción, claridad y tantas veces como sea necesario.

Las elecciones al Parlamento europeo de mayo de 2019 y la designación de la nueva Comisión son una excelente ocasión para alienar estos argumentos y ampliar el debate. Los candidatos deberán debatir las grandes orientaciones políticas de la Unión Europea y su legitimidad. Los que, como nosotros, elegimos la unidad, encontrarán en este manifiesto argumentos para responder la siguiente pregunta: ¿cómo podría ser gobernada mejor una Europa más unida?

Contenido de esta sección:

  • Es momento de hacer balance.

  • Preparar las reformas.

  • Un gobierno constitucional.

  • Soberanía europea.

  • Reforma política.

  • Proceso constituyente.

Foto de familia - Tratado de Lisboa - El eurociudadano nudista

Foto de familia tras la firma del Tratado de Lisboa – Fuente

Es momento de hacer balance.

Tras veinte años de la última Convención constitucional que condujo a la adopción del Tratado de Lisboa -tratado firmado en diciembre de 2007 que entró en vigor en diciembre de 2009; tiene dos partes: el Tratado sobre la Unión Europea (TUE) y el Tratado sobre el funcionamiento de la Unión Europea (TFUE)- es necesaria una nueva revisión general de los tratados. En la crisis, el marco constitucional actual a mostrado sus limitaciones. Pero modificar los tratados de la Unión Europea constituye un complicado ejercicio que debe ser bien preparado intelectualmente, jurídicamente y políticamente. Cualquier tentativa de avances no respaldados por los ciudadanos de Europa sería condenada al fracaso. Los dirigentes y representantes electos de los parlamentos nacionales y del Parlamento europeo que participen en la próxima Convención tendrán que jugar un papel mayor a este respecto.

Hay que hacer un balance exacto del estado de la Unión. Debemos analizar lo que no funciona en el funcionamiento de la actual UE, y renunciar a dar soluciones simples (incluso simplistas) a problemas complicados. La Unión puede estar orgullosa de un buen número de logros, pero continua prometiendo más de lo que puede realmente. El público en general no tiene gran afinidad con las complejas instituciones de la UE. El interés mostrado por el público en general hacia las un poco complicadas instituciones de la UE y su comprensión son generalmente bastante escasas. La estructura constitucional de la Unión queda a medio hacer, tambaleante y mal provista de herramientas para resolver tareas cruciales, sobre todo en época de crisis.

Sabemos que la unión económica y monetaria construida en Maastricht hace casi treinta años adolece de profundidad y resistencia, y que la zona euro no tiene garantías suficientes frente a la próxima crisis financiera. La influencia de la UE y su impacto en los asuntos mundiales son inciertos. La Unión en materia de seguridad y defensa todavía balbucea mientras que las amenazas crecen. Nuestros dirigentes tienen dificultades para acordar reglas comunes en material de asilo y no encuentran soluciones comunes para responder al reto migratorio. Los luchas presupuestarias no cesan. El mercado interior todavía está en construcción. La ampliación está en punto muerto y el Brexit muestra el riesgo de desintegración progresiva –el Reino Unido votó por referéndum a favor de su retirada de la UE el 23 de junio de 2016. La secesión debe producirse el 29 de marzo de 2019-.

Altiero Spinelli - El Mundo - El eurociudadano nudista

Altiero Spinelli, al presentar su visión de Europa poco antes de morir – Fuente

Preparar las reformas.

Realizado el balance, conviene formular un cierto número de principios directores y objetivos:

  • Tanto el método como el objetivo de la reforma de la UE deben ser democráticos.
  • Las medidas propuestas en ese sentido deben ser coherentes y realizables.
  • Toda reforma debe preservar los principales logros de la integración europea (el acervo comunitario).
  • Una Unión más federal debe respetar los derechos legítimos de los Estados miembros –los derechos de los Estados se definen concretamente en los artículos 4 y 5 TUE-.
  • Toda reforma debe ser firme y proporcionada según el nivel de los retos a los que se enfrenta Europa.
  • La reforma debe permitir actuar a la Unión allá donde los viejos Estados – Nación ya no pueden hacerlo.
  • En la medida de lo posible, debe evitarse la creación de nuevas instituciones (las instituciones existentes necesitan medios, no satélites que llevarían a complicar todavía más la acción de Europa a la vista de los ciudadanos).

La construcción de un nuevo estilo de entidad política no puede resumirse en una agregación de prácticas nacionales o en la suma de la voluntad de sus Estados miembros. Una integración política más profunda exige que se añada un nuevo escalón europeo de gobierno que se situaría por encima de los Estados-nación y que debe ser legitimado por estos últimos. Con el paso de los años, el gobierno de la Unión ha sido la expresión de su doble ambivalencia (medio federal, medio confederal). Tiene instituciones supranacionales, pero continua tomando sus decisiones según un proceso intergubernamental. Este compromiso histórico cumplió sus objetivos: permitió que un Consejo europeo fuerte fuera contrarrestado por un Parlamento europeo reforzado. El Tribunal de justicia de la Unión Europea fijó avances en un sentido federal cuando los tratados lo justificaban. El Banco central europeo actualmente es el responsable de la supervisión federal de los bancos de la zona euro.

Sin embargo, hoy deberíamos preguntarnos si este compromiso ha dejado de existir. El fraccionamiento del poder europeo entre los representantes de los Estados por una parte y los representantes de los ciudadanos del otro no ha producido un modo de gobierno suficientemente democrático, eficaz y transparente para hacer nacer entre los Europeos un sentimiento de pertenencia. Los jefes de Estado y de gobierno intentan, por medio del Consejo europeo, desarrollar un liderazgo estratégico, pero no son los que gestionan la Unión en el día a día –que por cierto, no es su papel. En consecuencia, el Grupo Spinelli propone reforzar el papel de la Comisión como ejecutivo supranacional de la Unión, así como reforzar el control democrático de su acción.

La Europa que queremos es una unión federada de Estados, regiones, municipios y ciudadanos. No queremos un súper Estado europeo centralizado y homogéneo. El escalón federal debe ser libre en sus movimientos y soberano en los ámbitos que los Estados miembros le hayan transferido libremente la competencia, no más allá. El principio de subsidiariedad, principio esencialmente federal, debe guiar eficazmente al poder ejerciéndose en el nivel más eficaz y más cercano a los ciudadanos – el concepto moderno de subsidiariedad fue enunciado por primera vez por la Comisión en 1975 en su contribución al informe Tindemans. Altiero Spinelli, que era miembro de esa Comisión, intentó promover todavía más la subsidiariedad en su proyecto de tratado de la Unión europea adoptado por el Parlamento europeo en 1984-. Los niveles de gobierno menos elevados no deben estar subordinados a las instituciones europeas, pero deben articularse como las partes de un todo en un ordenamiento jurídico común. La gobernanza federal de la Unión circula verticalmente entre los diferentes niveles de gobierno –europeo, nacional, regional y local- pero también horizontalmente por medio de mecanismo transnacionales.

Aunque la conformidad al derecho de la Unión es una necesidad para el buen funcionamiento del mercado interior y del espacio de libertad, de seguridad y de justicia, la uniformidad no es una buena idea. En algunos casos, es preferible que las decisiones se tomen lo más cerca posible de los ciudadanos, incluso cuando esto signifique una pérdida de efectividad. Hace tiempo que los legisladores de la UE parecen lejanos y fuera de juego. Esto debe cambiar. Proximidad, moderación, gusto por el pluralismo y una obligación sistemática de rendir cuentas a los ciudadanos deben estar profundamente anclados en la constitución de la UE.

Jean Claude Juncker - Donald Tusk - La prensa 20151218 - El eurociudadano nudista

Jean Claude Juncker y Donald Tusk, en una reunión sobre terrorismo a finales de 2015 – Fuente

Un gobierno constitucional

Un gobierno tiene como misión determinar, defender y promover el interés de los gobernados. Una organización política sin gobierno es vulnerable y prácticamente imposible de dirigir. Aunque pueda comprobarse que cuando las cosas van bien esta UE todavía a medio construir llega a organizarse sobre sus fundamentos actuales, es hace evidente en los momentos difíciles que se vuelve incapaz de nada. La simple gestión de la crisis por los tecnócratas que obedecen a sus dirigentes nacionales favorece la aparición de demagogos que amenazan tanto nuestros valores como nuestro porvenir. Como entidad política, Europa decepciona. Para poder responder a las demandas de sus ciudadanos y a los retos de nuestra época, debe organizarse mejor.

Al pasar del Tratado de Lisboa a unas disposiciones constitucionales mejoradas, no se busca reorientar la dirección que deberían tener las políticas de la UE. Al contrario, proponemos crear un marco constitucional robusto en el cual los políticos (mujeres y hombres) seleccionados democráticamente tendrán las manos libres para poner en marcha aquello por lo que han sido elegidos, expresar su desacuerdo, hacer vivir los debates y adaptar las acciones más eficaces del nivel europeo al contexto social, natural, económico y político.

Para que la UE pueda justificar su existencia entre las nuevas generaciones de Europeos, su sistema de gobierno debe ser equipado con las herramientas y los recursos necesarios para actuar eficazmente al servicio del interés general de todos los Estados, regiones, municipios y ciudadanos de la Unión. Esto significa que cada institución de la UE, y particularmente la Comisión, debe convertirse no sólo en más eficaz y más responsable, sino también más segura de sí misma, que ponga un límite a sus escrúpulos de utilizar todo el poder del que dispone en la práctica, ejerciendo plenamente su autoridad política legítima tanto en el interior como en el exterior. La Comisión es responsable frente al Parlamento europeo, pero el ejecutivo europeo debe profundizar sus relaciones con los Parlamentos de los Estados miembros. Debería también estar lista para colaborar más estrechamente con los colectivos regionales y locales, dado que son los poderes públicos más cercanos a los ciudadano, y suministran lo más esencial de los servicios públicos y administran numerosas políticas de la UE.

La necesidad de una gobernanza más sólida es una evidencia desde que la integración europea tiene una geometría variable y desde que diferentes Estados buscan establecer relaciones diferentes con las instituciones de la Unión. El Brexit no es más que un ejemplo entre otros de la forma en que la integración diferenciada se hace más amplia. Para evitar que el centro de poder europeo se fracciones todavía más, este tipo de relación asimétrica debe ser afrontada con inteligencia. Si mantenemos la idea de una Unión de múltiples velocidades en la cual un grupo de Estados puedan avanzar con diferente ritmo hacia un objetivo común, superamos esa especie de laissez-faire cuyo principal defensor es el gobierno británico desde hace mucho tiempo, según el cual los Estados verían a la Unión como un menú para elegir en detrimento de la coherencia del conjunto. Nos reafirmamos con fuerza en la misión histórica de una “unión cada vez más estrecha de los pueblos europeos” -art. 1 TUE-.

Los Estados europeos que no compartan este objetivo pueden desvincularse del mismo, pero no pueden ser autorizados a convertirse en pasajeros clandestinos de la Unión. Pueden estar asociados a la Unión con buenas relaciones de vecindad, pero gozarían de menos derechos que los Estados miembros en contrapartida a sus menores obligaciones. Esta es una de las lecciones del Brexit.

Crisis de soberanía - The Irish Times - VoxEurop - El eurociudadano nudista

Primavera árabe. Otoño europeo. “¡Por la democracia!” “¡por la soberanía!” – Fuente

Soberanía europea.

La nueva organización federal de Europa no debería ser una copia exacta de otras federaciones del resto del mundo (aunque podamos inspirarnos  y aprender de aventuras constitucionales extranjeras). La Unión europea reformada no podrá funcionar más que siendo innovadora en sus formas de gobierno, y dinámica en el uso que haga de ellas.

El Tratado de Lisboa estipula que la UE tiene personalidad jurídica en el ámbito del derecho internacional –art. 47 TUE-. La próxima etapa del proceso de creación de una unión cada vez más estrecha consistirá en dotar a la Unión de una capa autónoma de soberanía federal como complemento de las soberanías de sus Estados miembros. La primera responsabilidad de una unión soberana será la de proteger a sus ciudadanos. Igual que las personas con la nacionalidad de un Estado miembro de la UE disfruta de una doble nacionalidad, el gobierno de la UE también debe beneficiarse de una doble soberanía. La Unión debe convertirse en una potencia soberana para defender sus intereses y sus valores por el bien común de la humanidad. Disponer de soberanía significa tener la capacidad de actuar eficazmente en materia económica, diplomática, militar y en política cultural.

Sólo que la Unión europea no puede reclamar la soberanía y al mismo tiempo no hacer nada por la democracia. Una Europa soberana no puede descansar únicamente en tratados entre Estados. Debe tener igualmente el pleno respaldo de sus ciudadanos. El concepto de ciudadanía europea está relativamente subdesarrollado y las instituciones representativas de la UE todavía son jóvenes. La ciudadanía europea debe ser reforzada, reformando, por ejemplo, la ley electoral del Parlamento europeo, o extendiendo el derecho de voto en las elecciones en cada Estado miembro a los ciudadano de la UE que residan en el mismo. Pero esta nueva etapa democrática que prosiga hacia una integración más estrecha no puede ser imaginada por una élite tecnócrata que palie la ausencia de un compromiso más decidido de los partidos políticos, de los actores sociales, de la sociedad civil y de los propios ciudadanos. No debe hacerse una reforma constitucional de tipo federal de espaldas a la opinión pública.

Cartel referendum reforma política España 1976 - El eurociudadano nudista

En España, algo sabemos de reforma política… España, 1976 – Fuente.

Reforma política

Es el momento de tener audacia: los parches pueden resultar contraproducentes. Conformarse con tibios objetivos pusilánimes tiene el riesgo de desembocar en una peligrosa decepción popular y degradar todavía más la imagen de la Unión. A menos que las reformas no conseguir acrecentar la capacidad de la Unión para actuar, éstas generarán frustración y agravarán la desconfianza hacia la clase política, aparentemente demasiado débil para responder a los retos esenciales de nuestra época. El principal objetivo de la reforma que proponemos es inyectar un liderazgo visible, creíble y democrático a nivel UE. Simplificando las funciones gubernamentales y aclarando cómo es dirigida la UE, el próximo ciclo de reformas debe esforzarse en conferir a los tratados un carácter de reglamento constitucional que las revisiones precedentes han eludido.

Hay que admitir que no todos los gobiernos o parlamentos de los Estados miembros estarán preparados para hacer en el decenio venidero el salto cualitativo hacia una unión federal. Las consecuencias de la gran ampliación de 15 estados en 1995 a veintiocho en 2013 se sienten todavía. El fracaso del tratado constitucional en 2005 y la crisis económica y social que han seguido al crack financiero de 2008 han erosionado la confianza en el proyecto europeo. Hoy, la UE está a punto de sufrir las consecuencias de la autoexclusión del Reino Unido tras un referéndum que dio la victoria a los nacionalistas en 2016. El futuro de la Unión, no sólo como organización política constitucional, sino también como entidad territorial queda como una hipótesis. Todavía peor: los valores democráticos liberales como los principios que sostienen a la Unión no son solamente contestados por los vecinos ruso y turco de la UE, sino también por fuerzas populistas, crecientes en muchos de sus estado miembros.

La Unión no puede permitirse ser inmovilizada por fuerzas nacionalistas que rechazan sus valores y sus metas. La inacción sería la pero manera de contrarrestar a los actores de la desintegración. El Grupo Spinelli urge a los Estados comprometidos con proseguir la integración que desarrollen un núcleo federal que constituya una avanzadilla y un polo de atracción para el resto.

En este contexto, recomendamos un uso más relevante de las disposiciones de los tratados relativas a las cooperaciones reforzadas y proponemos formas de facilitarlas.

Proceso constituyente - El eurociudadano nudista

¿Estamos hablando de esto..? – Fuente

Proceso constituyente.

En 2019, los partidos políticos deben convencer a sus electores para renovar la misión de la UE de forma que ésta pueda desarrollarse en su máxima extensión. En este momento, la Unión europea parece dejarse llevar por discusiones, consultas, reflexiones y escenarios interminables referidos a su propio futuro, pero le repugna tomar las decisiones que deberían implementarse. A los federalistas les encantan las conjeturas sobre las mejores formas de mejorar la forma en que la Unión debería reformarse a sí misma. Este Manifiesto propone algunos cambios radicales que aportar al proceso constituyente de la UE, basándose en el mecanismo de una Convención. Pero la realidad jurídica es que la próxima revisión de los tratados no puede ser realizada más que en el marco de las disposiciones existentes en el Tratado de Lisboa -art. 48 TUE-.

En el actual estado de las cosas, no importa que Estado miembro o institución de la UE, incluido el Parlamento, pueda tomar la iniciativa y desencadenar una reforma constitucional. Cuando llegue el momento, el Parlamento europeo debe, por interés de la democracia, hacer valer su derecho de insistir para que se convoque una Convención para preparar la mejora del tratado. Tal Convención estará formada por parlamentarios europeos y parlamentarios de los Estados miembros, de la Comisión y por representantes de los jefes de los gobiernos. Este Manifiesto está redactado a su atención.

Ahora corresponde a los políticos (mujeres y hombres), tanto a nivel europeo como en los Estados miembros, hacer campaña activa de los programas de sus respectivos partidos. El Grupo Spinelli espera que su Manifiesto ayudará a los ciudadanos y a los candidatos de todas las tendencias políticas para defender un refuerzo de la dimensión federal de la organización política de la Unión. Ésta constituye la mejor base posible sobre la que los Europeos pueden unirse para alcanzar un destino común. -“establecer las bases de instituciones capaces de orientar en adelante un destino compartido”. Extracto del preámbulo del tratado de Paris, 1951.-

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