Sección de libros – Patria

Marchó del pueblo hacia la capital sin volver la vista atrás. Aparte de sus padres, a los que visitaba con asiduidad, no quedaba nada en él que valiera la pena. Estaba harta de esa violencia soterrada que impregnaba todo su entorno. De hecho, una vez que sus padres abandonaron el pueblo para siempre, decidió no volver a pisar sus calles, y todavía no lo ha hecho, aunque sí ha visitado esa ermita que está en lo alto de ese montículo y que mira con emoción cada vez que pasa por la autovía que eliminó el paso de la carretera por el pueblo… muchos recuerdos, difíciles de contener, en ocasiones contradictorios, muchas veces dolorosos, aunque el paso del tiempo todo lo atempera y ya no se expresan con la misma intensidad, al menos de cara al exterior de su mente… quien sabe lo que pasa por su interior, cada vez que recuerda su infancia y primera adolescencia con esas compañeras de colegio, con esas mentes envidiosas que la insultaban por el mero hecho de dominar, además de la lengua del pueblo, esa otra lengua que impusieron los vencedores de aquella infausta batalla que supuso la pérdida de los derechos forales… o simplemente por el hecho de leer todo lo que le pusieran por delante. Han pasado muchos, muchos años, desde aquel año 1973, y a pesar de tener una vida acomodada, aunque no exenta de dificultades,  de vez en cuando le vienen recuerdos de aquellos años aciagos y de aquella palabra, que en aquel pueblo y en toda su comarca humillaba a los distintos… ¡castellana!

A varios cientos de kilómetros de este pueblo (en concreto, a 620 km. al norte) y bastantes años después, otra persona, Gorka, tiene que huir de su pueblo y refugiarse en Bilbao, a pesar de dominar el euskera, porque también tenía la mala costumbre de encerrarse a leer, y a leer, y a leer, y a leer, y a pensar, a pensar, a pensar, a pensar, y por pensar decidió no seguir el camino que el resto de los jóvenes del pueblo seguían casi irremediablemente…

La historia de Gorka es una más de las que se incluyen en el libro del que vamos a hablar hoy…

patria - fernando aramburu - el eurociudadano nudista

Curiosamente, el 23 de septiembre de 2012 publiqué un artículo en este mismo blog (Por encima de las posibilidades ¿de quién?) en el que hacía una descripción de la situación que Fernando Aramburu reproduce en Patria. En aquello días decía, refiriéndome a la crisis, que

los verdugos se convierten en corderitos y las víctimas somos el mal a estirpar; vaya, esto me recuerda a lo que pasaba en el País Vasco cuando viví allí, a orillas del Cadagua: los terroristas eran los que iban a liberar al pueblo de la opresión, mientras las víctimas enterraban a sus muertos a escondidas, y el resto tenían que vivir en silencio sufriendo la verdadera opresión; pero la gran mayoría callaba, por miedo a ser otro de los elegidos.

Pero Patria profundiza mucho más en todo ello; desgrana el entorno social, y como muchos, por acción u omisión, fomentaban la sumisión a los dictados de una minoría radical, pero que ocupaba completamente el espacio común de todos. Y también el lento proceso de reconciliación que se está produciendo en la sociedad vasca, reflejado en el último párrafo del libro, cuando un día Bittori, mujer de un asesinado por ETA (el Txato) y Miren, la madre de un terrorista confeso (Joxe Mari), amigas íntimas hasta que la violencia social las separó de forma irreconciliable,

se divisaron como a unos cincuenta metros de distancia. (…) Avanzaban en línea recta la una hacia la otra. Y la numerosa gente que estaba en la plaza se percató. (…) Entre los adultos se formó un rápido ovillo de bisbiseos. Mira, mira. Tan amigas que fueron.

El encuentro se produjo a la altura del quiosco de música. Fue un abrazo breve. Las dos se miraron un instante a los ojos antes de separarse. ¿Se dijeron algo? Nada. No se dijeron nada.

La escena que más me ha impactado del libro, sin embargo, no ha sido esta, sino la que he comentado antes sobre Gorka; es el hermano pequeño de Joxe Mari, y aconsejado por su otra hermana Arantxa, intenta escabullirse de ese entorno tóxico de la violencia, refugiándose en la lectura, al principio, y en el dominio y escritura del euskera, posteriormente; esto último era su salvoconducto dada su escasa a nula participación en los actos callejeros… hasta que gano un premio. Recibió los parabienes de casi todo el pueblo, incluso del cura, Don Serapio (tipo equidistante que ponía al mismo nivel el sufrimiento de las familias de los asesinados y el de los familiares de los asesinos presos, por ejemplo)… de todo el pueblo, excepto de Patxi, el dueño de la Arrano taberna, enlace de ETA, que lo conminó a que entregara todo el dinero del premio a la hucha de apoyo a los presos (aunque todos podemos suponer cual era el destino final de esos fondos). Ese fue el detonante de su traslado del pueblo a Bilbao.

Pero todo en el libro nos traslada al asfixiante ambiente de aquellos años de plomo, en el que bastaba que apareciera una pintada en tu contra para que todo el pueblo te aislara completamente, y que los amigos de toda la vida, que hasta ayer eran uña y carne, de repente desaparecieran (el miedo, sin duda, es más potente que los sentimientos).

Mis lectores ya tienen conocimiento de mis vivencias cuando trabajé en Zorroza, bien cerca de Bilbao, por mi entrada Nuen maite… (recuerdos de mi pasado Scout, y algo más) y también de donde viene mi interés por el euskera explicado en Binbili, bonbolo (recuerdos de mi pasado, todavía más remotos), así que no voy a volver a contarlas. Pero este libro me ha recordado las sensaciones que tuve en aquellos tiempos. Y me ha ayudado a comprender lo que debajo de aquellos silencios tan extensos se escondía.

Y sobre la figura de Joxe Mari, el terrorista, tres cosas me han impactado: que su canción, la que le ayudaba a soportar las torturas que le infligía la Guardia Civil, fuera también mi canción referente Txoria txori (sin duda, el único punto en común entre él y yo), que cuando fue a asesinar al Txato pudieran más los sentimientos hacia él que su supuesto deber de gudari, y que lo que provocó su arrepentimiento no fue una evolución ideológica, sino Aintzane, la chica de Ondárroa, que con un par de vis a vis en la cárcel hizo tambalear hasta ese momento lo que consideraba sus ferreas convicciones.

Patria es un libro imprescindible; ayuda a comprender la fractura social que incluso ahora mismo existe en el Pais Vasco; y su final es una llamada a la esperanza de la reconciliación. Aunque, a decir verdad, estos conflictos no se curan hasta el paso de varias generaciones: ahora mismo, se sigue considerando como una provocación el mostrar una bandera española, o seguir a la selección española, en prácticamente todo el dominio lingüístico del euskera (es decir, sigue existiendo una violencia de baja intensidad para todo aquello que se considere castellano, aunque los tres territorios vascos siempre han formado parte de la Corona de Castilla: por ejemplo, un compañero de promoción cambió el orden de los apellidos de su hija porque el paterno es castellano, y prefería que el primero fuera vasco). Por contra, aunque desgraciadamente se haya conseguido por la influencia de la violencia terrorista, el prestigio social del euskera ha aumentado considerablemente, y el 64% de los estudiantes lo hace en euskera como lengua vehicular, frente al 17% que lo hace en castellano y al 18% que lo hace en ambas.

Muchas más cosas se destilan en el libro, como las dificultades que tienen los familiares directos de las víctimas para rehacer sus vidas destrozadas, dado que el asesinado ha perdido su vida, pero sus familiares han ganado el intenso estigma social que supone tener que irse del pueblo e intentar evitar que el entorno conozca siquiera que eres familia de un asesinado por ETA. Incluso los hijos del Txato son ajenos tanto de la vuelta al pueblo de su madre como de su paulatina incorporación a los foros y conferencias destinados a las víctimas…

Pero también son víctimas del odio los familiares de los violentos, que tampoco se pueden permitir la equidistancia. En la familia de Joxe Mari, un amor de madre mal entendido hace que ésta sea bastante más radical que su propio hijo, mientras que su padre se resigna y calla, aunque para él tenga un alto precio, dado que debe renunciar a su mejor amigo, precisamente el Txato. Mientras, los hermanos de Joxe Mari siguen caminos totalmente distintos, Arantxa siendo siempre una activista anti-violencia, y Gorka tomando el camino del exilio interior.

Y todo ello acompañado de los avatares de la vida real: enfermedades, amorios, divorcios… que muestran como la realidad siempre está llena de pequeños o grandes matices que afectan de forma decisiva: no estamos ante una historia de malos, malotes frente a buenos, buenísimos, sino frente a personas reales que reaccionan, que viven, que sufren, que tienen alegrías… aunque en el caso de ambas familias, creo que pesa mucho más la tristeza, la amargura, la desesperanza, la rabia…  que los momentos de alegría.

¡Cuantas historias anónimas, cuantas gentes habrán pasado por situaciones similares, tanto de un lado como del otro! ¡Cuantos sentimientos, cuantos odios, cuantos desprecios, cuantas justificaciones de lo injustificable..! ¡Que profunda tristeza!

Y sobre todo, ¡cuanto cuesta restañar las heridas!

A continuación, la ficha del libro.

Título: Patria.
Autor: Fernando Aramburu.
Editorial: Tusquets editores
ISBN: 978-84-9066-319-6
Interés: Historia novelada del drama de la violencia y lo difícil de la reconciliación, con una visión desde el punto de las personas que viven la situación, y no desde el punto de vista político.
Recomendación de lectura: ¡Ni lo dudes!

En los artículos ¿Reconocer las lenguas regionales? “Pas du tout”Quan el mal ve d’Almansa… hablo en algún momento de la fractura social que se sufre, de forma más o menos soterrada, en las tierras que rodean al pueblo en el que comienza este artículo.

 

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