Teresa

Es en estos momentos cuando me doy cuenta que no soy un buen escritor, a pesar de que se me diga que escribo bien. Ahora quisiera tener la soltura necesaria para expresar todo lo que siento en estos momentos, cuando Teresa, esa alma grandiosa, está en el tránsito hacia el cielo.

¿Qué podría destacar? ¿Su optimismo desbordante? ¿Sus firmes convicciones defendidas con una dulzura infinita? ¿Su amistad sincera y sin límites? ¿Su pasión por su marido y sus hijos? ¿Su amor por su tierra natal, Segorbe? ¿Su extensa cultura, que tantas conversaciones inolvidables provocó? Su amistad ha sido un gran regalo para nosotros y se mantendrá viva por siempre.

Su pasión era hacer felices a los demás; sonreía ante peligros y dificultades; era generosa, profundamente creyente, amaba sin medida, combatía sin miedo a que la hirieran, era leal, útil, servicial, digna de confianza, respetuosa pero firme en sus convicciones, trabajadora, sincera, honrada, amiga inolvidable… y hasta el último momento mantuvo la serenidad para que todo saliera según sus previsiones: cuidad de… avisad a… no se os olvide… En ese sentido, ella, que nunca fue miembro del movimiento Scout, sería un ejemplo a seguir para muchos que se dicen Scouts de palabra pero que se olvidan de que el Scout es un modelo de vida. Porque Teresa era un modelo a seguir.

Seguro que, desde la atalaya en la que nos está observando, nos está dando ánimos para que no caigamos en el desconsuelo, y para que afrontemos la vida sin perder el tiempo en discusiones inútiles, ni en minucias que no llevan a lugar alguno…

Pero ya he dicho que no soy un buen escritor, así que dejo que sean unas palabras de Miguel Hernández en su Elegía a Ramón Sijé, las que den el cierre a esta entrada, que nunca hubiera querido escribir.

(…)

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

(…)

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

(…)

A las aladas almas de las rosas…
de almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañera del alma, compañera.

Postdata: curiosamente, Teresa es la única de mis amigas íntimas que no conoció este blog; cuando empecé a darlo a conocer estaba en la primera fase de la enfermedad, y, sinceramente, pensé que iba a superarla y encontraría el momento de poder dárselo a conocer. Seguro que ahora, desde ese cielo que la acoge, seguirá mis reflexiones.

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