La soledad del corredor de fondo

Situación 1:

Esta mañana he salido de casa en dirección al trabajo con la bicicleta, cuando de repente he dado media vuelta y he regresado a casa (afortunadamente, no había llegado ni a la siguiente esquina).  Porque he salido de casa con pantalón corto -de vestir, pero corto- y las normas no escritas de etiqueta laboral dictan que los hombres debemos ir al trabajo con pantalón largo. Y al comentarlo con mis compañeros les ha parecido gracioso que volviera a casa por esa tontería, cómo suponía, aunque matizando: hombre, si hubieras tenido un cursillo… hombre, si hubiera estado la jefa, sí o sí con pantalón largo… ¿Que razón ha sido lo suficientemente determinante para que volviera sobre mis pasos (mejor sería decir sobre mis pedaladas) para cambiar de pantalón, teniendo en cuenta que con el pantalón corto hubiera soportado mejor las altas temperaturas del día?

Situación 2:

Marina, la hija de mi amiga Marisa, se fue el otro día de compras. Cuando llegó a casa, le enseñó el biquini que se había comprado, y Marisa comprobó que las dimensiones del mismo eran bastante escasitas, tanto en el sujetador como en la parte trasera de la braga. Y cuando le comentó porque se había decidido por un bikini tan diminuto, su hija contesto que estaba harta de ser la que menos enseñaba de sus amigas… ¿Estará Marina iniciando el camino hacia el nudismo integral, o sus motivaciones son de otra índole..?

Bañador bikini de pierna alta triángulo con estampado de planta - Shein - El Eurociudadano nudista

El bikini de Marina: bañador bikini de pierna alta triángulo con estampado de planta, de Shein – Fuente

 

Bañador bikini de pierna alta triángulo con estampado de planta 2 - Shein - El Eurociudadano nudista

Según Marisa, el sujetador de su hija es mucho más minúsculo que este.

¿Que tienen en común ambas situaciones? Ambas son una muestra del poder de nuestro grupo de referencia, que en el primer caso insta a sufrir un insoportable calor por ajustarte a una etiqueta no escrita, pero bien presente en el ambiente, y en el segundo hace que te olvides de que, hasta hace bien poco, enseñar tanto culo era para ti bastante vergonzoso. Una nueva muestra de que la necesidad de pertenencia a un grupo social, ser conforme a lo que espera la opinión pública, es superior a la propia personalidad (mis lectores ya conocen La espiral del silencio, pero ruego encarecidamente a los que no la conozcan que pulsen en el enlace o, mejor aún, que compren -y lean- el libro).

La soledad del corredor de fondo es un libro de relatos de Alan Sillitoe publicado en 1959 cuyo primer relato (del mismo nombre) dio origen a una película filmada en el año 1962. Pero la presente entrada no tiene más relación con el libro / película que la coincidencia del título…

Para mí, el nudismo es similar a una carrera de fondo: la mayor parte del tiempo disfruto del desnudo en soledad. ¡Atención! No significa que sólo me desnude cuando estoy solo, sino que soy el único que se desnuda en mi domicilio (actualmente, mi familia no me acompaña en esto) o en casa de alguna amiga. La excepción que confirma la regla, con nuestros amigos Carla y Elicio sí comparto el nudismo, tanto en nuestras respectivos domicilios como en la playa.

Pero toda persona, y yo no soy una excepción, necesita imperiosamente sentirse parte de un colectivo (de nuevo, La espiral del silencio es una referencia imprescindible). Como nudista, también requiero, incluso exijo, sentirme parte de un grupo social, más o menos amplio… no quiero vivir el nudismo en soledad. Y esa búsqueda de grupo social de referencia ha ido variando a lo largo del tiempo…

Los que seguís este blog desde sus inicios (uno o ninguno, siendo uno quien esto escribe) habéis podido observar mi evolución personal sobre este tema: nada como un blog para saber, con una mínima capacidad de observación, el historial de ilusiones, decepciones, ánimos, desánimos… que sufre la persona que lo escribe. Por supuesto, mi blog no va a ser menos, y también refleja mis fluctuaciones: épocas de mucha escritura, momentos de grandes silencios, abundancia de uno u otro tema, épocas de euforia y de tristeza, momentos extrovertidos y otros más íntimos… realmente las entradas me desnudan ante toda la humanidad, aunque solo una infinitésima parte de los habitantes del ciberespacio me leen, y casi siempre, a los pocos días, me olvidan el resto de sus vidas.  Esto, también, me hace sentirme muy solo.

Y como ser humano que soy, insisto, mi necesidad de formar parte de un grupo social, sea el que sea, está siempre presente: no quiero estar aislado, no acepto la soledad social, no quiero ser un bicho raro. Y esta necesidad se ha ido plasmando en la forma en que lucho por sentirme parte en cada momento de un grupo social, en la evolución de los grupos sociales de los que he formado parte a lo largo de mi vida (nudista). Como se puede suponer, son grupos absolutamente informales, que se definen en cada momento según mi sentimiento de pertenencia, de forma no siempre consciente, independientemente de lo que otras personas que yo pueda considerar como miembros de ese grupo puedan pensar. ¿Cuales han sido esas etapas?

Nudismo solitario.
Desde mi primera vez en el desnudo social (aquí puedes leerlo). Lo denomino solitario, ya que en ese momento busco (y no encuentro) que la segunda vez sea con una persona conocida. Así que, como no me gusta la playa, deambulo desnudo únicamente por casa (sólo, por supuesto).
Mi grupo de pertenencia: sigo perteneciendo al grupo de personas normales que no se muestran desnudos en público así los maten.

Nudismo virtual.
Comienzo mi relación de pareja. El nudismo puede esperar: hay que estar en otras cosas (todavía) más placenteras…
Primeros tiempos de internet. Infovía. Lista de correo nudista. Canal de noticias es.rec.naturismo.
Comienzan a surgir foros de internet sobre nudismo: el más relevante, La Vida Naturista. Me apunto a casi todos ellos, conectándome a internet mediante un cable entre la conexión telefónica y el módem externo, que recorre toda la casa.
Un par de años después, formalizada la relación de pareja en la Basílica de la Virgen, empiezo a recuperar el nudismo, en forma de comentarios a mi pareja sobre lo que leo en los foros: rechazo por su parte a la práctica del nudismo; apoyo a mi afición, que se mantiene invariable a lo largo del tiempo.
Inicio de trámites de adopción: suspensión de actividad en las redes, (no sea que el Gobierno de Colombia haga un rastreo y encuentre indicios de mi actividad indecente). Se prolonga hasta el fin del periodo de seguimiento en nuestro país, tres año y pico después.
Mi grupo de pertenencia: perfectos desconocidos, a distancia, incluso a miles de kilómetros de distancia, pero con intensos debates en ocasiones que producen una sensación de pertenencia muy intensa…

Nudismo familiar.
Vuelta a casa. Adaptación. Mis niños, tras un tiempo, empiezan a deambular por casa sin ropa, cuando van de su habitación a la ducha y viceversa, y cuando hace calor, en ocasiones, también por el resto de la casa.
Después de varios pasos por la puerta del local, entramos y nos damos de alta en la Associació Naturista Valenciana. En invierno, piscina nudista, con mis niños. Conocemos en ella a Carla y Elicio. En verano, cross de Sierra Natura con mis hijos y viajes desde Alberique a la playa de Cullera, esta vez los cuatro…
Y se produce el acontecimiento: una de esas tardes de playa, todos desnudos menos mi chica, que lleva un bañador de una pieza. Vamos al coche, en el que hemos metido unas bombonas de agua para quitarnos la arena, y cuando le toca su turno, ¡se quita el bañador para ducharse! Y todo ello, delante de un paisano de cierta edad, muy contento de haber cazado a tan poca distancia tetas y culo. Comentario: ir sin bañador es  cómodo.
A partir de este día, felicidad absoluta. Mi familia, mi grupo de referencia. ¡Que me importa el resto de la humanidad, si puedo disfrutar del nudismo con los que más quiero! Sigo en redes sociales, pero con menos intensidad. Seguimos en la Asociación, pero con menos interacción. Acudimos por primera vez a Vera (al hotel) y repetimos al año siguiente. Pero la felicidad, sobre todo si es absoluta, es fugaz…

Nudismo proscrito.
Justo al volver de nuestra segunda estancia en Vera. Visita de los abuelos de mis hijos, que se prolonga a lo largo de 7 años. Desaparición absoluta del desnudo casero. Nunca más volveremos a estar desnudos juntos, la familia: ni en casa, ni en ningún otro sitio. Abandonamos la Asociación. Oscuridad. Frustración.
Mi grupo de referencia: el de los hombres y mujeres resignados con su destino.

Nudismo divulgativo.
Año 2012.  No hago nudismo más que una o dos veces al año. Recupero el desnudo hogareño, aunque con críticas más que feroces de mis hijos. Volvemos a la Asociación. Comienzo mi participación en la ciclonudista de Madrid, en solitario (en Valencia, ni hablar, no sea que te vea alguien conocido… ¿te imaginas que te ve tu primo, tu sobrino, tu hermana..?).
Nace este blog, El Eurociudadano nudista, con un carácter eminentemente divulgativo. Vía de escape para mi frustración. Los artículos del blog, sobre todo artículos de prensa, recopilación mensual de actividades peninsulares, traducción de artículos en otros idiomas, y algunos artículos propios.
Mi grupo de referencia: los blogguers, amos de la comunicación frente a audiencias inmensas y de personas totalmente desconocidas.

Nudismo traslúcido.
Año 2015. Necesidad de gritar a toda la humanidad, incluida la conocida (pero no la más íntima) que soy nudista, y que no es nada malo. En el ámbito familiar, críticas todavía más despiadadas de mis hijos (siempre relacionadas con qué haces desnudo, respeta a los demás) que me hacen plantear el abandono para siempre -al fin y al cabo, por los hijos se hace de todo-. Participación en la ciclonudista de Valencia (se repetirá al año siguiente). Mi implicación en la Asociación empieza a ser más intensa.
Comienzo de mi salida del armario: con motivo de la ciclonudista de Valencia, publico Dos Evas, contando como le comuniqué a una compañera de mi trabajo que era nudista. Tras el paso del tiempo, he concluido que, inconscientemente, antes de decidirme por hacerlo saber a los amigos íntimos, fui haciendo pruebas de aproximación con conocidos amistosos para comprobar el grado de reproche que podría suponer dar a conocer mi nudismo.
Mi grupo de referencia: ya no quiero pertenecer a amplios grupos de desconocidos. Prefiero la proximidad, aunque todavía no en el entorno íntimo.

Nudismo visible.
Año 2016. No ha pasado un año, y ya ardo en deseos de romper esa barrera de cristal que todavía tengo con mis amigos. Escribo Carta a mis amigos íntimos. Se la hago leer a varios de mis amigos en mi presencia, o bien les envío el enlace tras algún comentario, por orden aproximado de mayor a menor intimidad (y algunos, a día de hoy, siguen pendientes). Miedo en todo mi núcleo familiar: te la estás jugando, y nos la estamos jugando todos. Ningún comentario negativo (sí algún comentario sorprendido: muy bien escrita la carta, pero ¿es tuya de verdad?). Cambio en los comentarios de mis hijos, conforme comprueban que mis amigos no le dan importancia: se sorprenden mucho en algunos casos.
Mi grupo de referencia: teniendo amigos, ¿quien necesita algo más?

La soledad del corredor de fondo.
Pues parece que necesito algo más…
Independientemente de las razones que hacen estupendo cada momento en el que se puede estar desnudo, estoy seguro, como nudista, que damos respuesta a dos grandes deseos: en primer lugar, el deseo de que todo el mundo pueda experimentar el placer que nos proporciona el desnudo, porque la experiencia directa tiene más valor que un centenar de explicaciones; en segundo lugar, el deseo de poder decir tranquilamente en tu entorno que eres nudista (cómo puedes decir que eres un ciclista, un aficionado a la filatelia o un jardinero entusiasta), sin temor de ser víctima de malos entendidos o prejuicios.
Este comentario es literal del artículo ¿A que esperas para decir que eres nudista? del blog Essere nudo que, debidamente traducido del italiano por mí, está incluido en la carta antes mencionada. De los dos deseos, el segundo (hablar libremente de nudismo con los amigos) está plenamente cumplido, y en general, ya no tengo problemas en comentar que este verano tengo pensado ir a un camping naturista. Y eso es un gran paso, aunque tiene sus límites, como todo en la vida.
El sentimiento de pertenencia a un grupo social es extremadamente sensible, y está constantemente averiguando cual es la posición de la opinión pública ante cualquier tema, y el nudismo no es una excepción.
Un ejemplo ajeno: los aplausos del confinamiento. A mitad de abril o principios de mayo, había un sentimiento generalizado de que había que salir a los balcones a las 20 h. a aplaudir como homenaje, decían, al personal sanitario, e incluso los telediarios lo publicitaban. Pero si alguien sale ahora a aplaudir, aunque sea por el mismo motivo… aparte de estar solo en su homenaje, ¿que pensará su entorno?
Pues con el nudismo pasa algo similar; cuando lo comentas por primera vez, y en las primeras semanas, observas un acercamiento personal y un interés curioso sobre tu actividad nudista; pero pasado ese periodo de sorpresa, todo vuelve a su sitio, y entonces detectas que los comentarios sobre el nudismo generan una sutil reacción en el lenguaje no verbal de tus amigos que viene a decir: ¿otra vez con el mismo tema? ¿es que no sabes hablar de otra cosa?
¿Y en cuanto al primer deseo de todo nudista, el de que todo el mundo pueda experimentar el placer que nos proporciona el desnudo? Aquí ya no es simplemente poder hablar, sino estar desnudo en presencia de amigos, y viceversa. (Evidentemente, cuando conoces a alguien en un entorno nudista, lo que te extraña es verlo vestido…)
Pues este deseo es el que me está produciendo ese sentimiento de soledad del corredor de fondo: por una parte, nudistas a los que considero amigos tengo muy pocos, aunque cuando estoy con ellos el sentimiento de aislamiento se reduce en gran medida. Por otra parte, y en un gesto de generosidad que la honra, una de nuestras amigas no nudista acepta que esté desnudo en su presencia (y lo agradezco profundamente: demuestra lo gran persona que es). Y por otra parte, hay otra amiga no nudista a la que le agradezco  el gesto de que simplemente se lo esté planteando, y que soporte mi incansable proselitismo con el tema. Del resto, no tengo esperanza de que caigan del caballo, y eso es lo normal, dado que cada uno tiene su propio criterio, y mis deseos no deben obligar a nadie a hacer lo que no quiere, por muy beneficioso que yo piense que es.
Pero, y por este tema ha nacido esta entrada, lo peor es la sensación que tienes de que todo el mundo a tu alrededor tolera tu desnudez, pero no la comparte (o quizás mejor dicho, no la comprende). Es decir, como se trata de tu núcleo familiar, o de una gran amiga, te permiten que estés desnudo, pero con límites: que no te vea nadie (claro, si me ven a mi desnudo de quien van a pensar mal es de mi amiga), ponte un pantalón (cuando vienen las respectivas parejas de mis hijos)… ¿Que importancia tiene esto? Que cada vez que actúo en consecuencia con estas indicaciones me invade la tristeza, en mayor o menor medida, porque vuelvo a sentirme aislado, abandonado… fuera de ese grupo de referencia, mis amigos íntimos, mi familia. De nuevo me siento fuera de lugar, y pienso, bastante a menudo, ¿que necesidad tengo de ser el rarito de mi familia, de mis amigos..? Si fuera normal, y tuviera sus mismos hábitos, ¿no sería más feliz?

Por eso, muchas veces, en esta carrera de fondo que es el nudismo, cada vez más me siento desfondado, porque, aunque el nudismo sea una parte crucial de mi vida, no me gusta en absoluta sentirme solo.

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5 respuestas a La soledad del corredor de fondo

  1. Comparto en gran medida las experiencias y reflexiones que haces, sin duda el ambiente que describes es el que nos “toca vivir…”, y es un “un grado peor” para los que no vivimos en la costa…
    ¡Ánimo y sigamos… !
    ¡Saludos nudistas!

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  2. Pingback: In pectore | El eurociudadano nudista

  3. Leí esta entrada cuando la publicaste, pero por agobios laborales, no tuve tiempo de comentar, ahora en mis vacaciones nudistas ya relajada he tenido tiempo de releerla para hacerlo.
    Todas tus reflexiones son muy acertadas, cuando la vida te lleva a ser nudista, no creo que sea una elección o algo que te propongas, simplemente se despierta una inquietud dentro de ti, que lo más sano y natural es darle rienda suelta, en ese momento no tienes ni idea a lo que te espera por delante. Hacer esa especie de criba de ver a quien se lo cuentas y a quien no, esas reacciones de amigos que creías de mente abierta y que te sueltan los típicos topicazos que nada tiene que ver con el nudismo, ese paso atrás de no contarlo a nadíe más, esa montaña rusa de pensar que pareces un fugitivo, cuando no es nada malo y subir de nuevo para tratar de que más personas de tu entorno lo sepan, ya que es parte de tu vida y no quieres estar siempre con medias verdades de a que playa vas o de que te pones para andar por casa…
    Renunciar a vacaciones familiares o con amigos, ya que el preciado tesoro de las merecidas vacaciones necesitas que sea como a ti te gustan y no en playas de sombrilla contra sombrilla (bueno este año hay que dejar distancia de seguridad) y bañadores mojados…
    Es cierto que la carrera del corredor de fondo es solitaria, pero en el recorrido y en la meta hay publico que le alientan a seguir. Personalmente tus escritos de nudismo me gustan y me ayudan a poner negro sobre blanco sentimientos similares que no sabía como expresarlos, considera que hay mucho de ese publico de una forma u otra cerca de ti.

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  4. Pingback: ¿El fin de las playas nudistas? | El eurociudadano nudista

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