¡Pederasta!

Ocurrió en un camping nudista, eminentemente familiar, un día de verano de 2014. Aunque en realidad, lo que ocurrió aquel día estaba latente ya hacía algunos días en los pensamientos de muchos de los acampados, sobre todo padres y madres. Primero fueron los comentarios en voz baja con la pareja, las discretas miradas vigilantes mirando a la piscina; luego siguieron los comentarios con parejas amigas… sí, sí, nosotros también nos hemos dado cuenta… ¡y lo hace a plena luz del día! ¡Que descaro! Los comentarios se extendieron, aumentaron su volumen, fueron el tema estrella de todas las conversaciones, se convirtieron en un único comentario… el rumor pasó a ser un clamor: debemos tomar medidas.

La dirección del camping escuchó atentamente las afirmaciones del grupo de padres y madres que, angustiados, expusieron el problema. Y decidió tomar una medida drástica, ejemplarizante, que mostrara su enérgico rechazo a estos comportamientos tan intolerables. Así que de inmediato procedió a la expulsión del individuo de sus instalaciones, con la prohibición de volver a acceder al mismo de por vida.

De nada sirvieron los argumentos de defensa del expulsado -sólo estaba jugando con los niños, pero siempre en presencia de los padres, aunque es cierto que no les pedí permiso expreso- ni los intentos de algunos conocidos de que la dirección del camping reconsiderara su decisión: el juicio social ya estaba hecho. El expulsado era, sin duda… ¡un pederasta!

Todo esto lo he recordado cuando, revisando algunos artículos de mi hemeroteca digital, he encontrado uno de Eliane Blum titulado El invento de la infancia sin cuerpo, publicado el 14 de marzo de 2018 en la edición digital del diario El País. Aunque la historia contada anteriormente es distinta de lo que se habla en el artículo, sin embargo tiene en común la reacción social que produce.

El artículo comienza con una pregunta muy significativa: ¿Qué hay de tan amenazador en un hombre desnudo junto a un niño? Para responder a esta pregunta, es preciso conocer los antecedentes: un mes antes, el 14 de febrero, la misma autora en otro artículo titulado “Me mataron en Internet como si fuera un zombi de la serie ‘The Walking Dead” explicaba los hechos. Resumiendo en grado sumo el artículo original, son los siguientes:

El 26 de septiembre de 2017, Wagner Schwartz, de 45 años, era un artista plenamente realizado. Abría el 35º Panorama de Arte Brasileño en el Museo de Arte Moderno de São Paulo, uno de los espacios más prestigiosos de Brasil. Su performance, denominada La Bête (El Animal), partía de la obra consagrada de Lygia Clark, una de las artistas más importantes de la historia del país. (…)

Wagner Schwartz - Matthias Biberon - El País - El Eurociudadano nudista

Wagner Schwartz – Fuente.

Durante los días siguientes, sin embargo, una pesadilla que Wagner no tenía se materializó.

Se divulgó en internet un fragmento de la presentación con la intención de provocar una hoguera. En él, se veía a una mujer y a su hija pequeña tocando el cuerpo del artista durante la performance, como hacían tantas otras personas del público. Pero, recortada y fuera de contexto, convirtieron la escena en algo que no era. Y millones de personas en internet llamaron “pedófilo” a Wagner. (…)

De repente, transformaron a Wagner Schwartz en un criminal. Y no en el autor de un crimen cualquiera, sino en un “pedófilo”, una de las figuras que más repulsa provoca a la sociedad. Sin víctima, sin hechos y, por lo tanto, sin crimen. Sus linchadores, los anónimos y los públicos, en ningún momento recordaron que allí había una persona, con una historia, con una vida y con sentimientos. No importaba. (…)

El truco es viejo, se ha usado bastante en regímenes totalitarios, como en la Alemania nazi. Pero parece que siempre hay gente de sobra que se une a las manifestaciones más triviales. El odio, como sabemos, es burro. (…)

Durante los días siguientes, se inventaron más hechos. No bastaba con transformar a Wagner en un pedófilo. Lo mataron con noticias falsas en internet. En una, se había suicidado. En otra, lo mataban a golpes. ¿Quién puede imaginarse lo que es leer la noticia de tu propia muerte en internet? ¿Lo que significa para tus familiares? ¿Cómo se vive mientras tantos te matan repetidamente? (…)

Escena de La Bête - Matthias Biberon - El País - El Eurociudadano nudista

En esta escena de ‘La Bête’, una espectadora sale de entre el público para tocar el cuerpo del artista – Fuente.

Y en el mismo artículo, se entrevista al artista vilipendiando, calumniado, torturado, que declara…

Recibí amenazas como esta: “No tendré piedad si te encuentro por la calle, perro impuro e ‘inútil’”. Me enviaron la foto de un bate de béisbol cubierto de alambre de púas y con la siguiente frase: “Si un día te acercas a mis hijos…”. Uno también escribió: “En algún momento, alguien te pillará, si no es la policía será un padre de verdad”. Otro: “No sirve de nada esconderse, te encontraremos”. O: “Voy a cazarte y a descuartizarte. Cada parte de tu cuerpo. Las iré tirando por la calle. ¡Ya verás!”. (…)

Decir “un hombre estaba desnudo en un museo y una niña lo tocó” es muy diferente de decir “a un artista, al hacer una performance, una niña le tocó”. La primera frase puede provocar miedo, repulsa. La segunda puede producir curiosidad, al fin y al cabo, uno de los atributos del arte. Materializar la relación persona-obra aleja las fantasías. (…)

Cuando se vincula una acción artística a una incitación a la pedofilia, lo que se hace es colaborar para que el trastorno se aleje de su real significado. Esa inversión es el mayor peligro para la sociedad. Pedofilia es una palabra enferma, seria, que no debe transformarse en el apodo de un artista, en meme o ir a parar a internet. Pedofilia es una enfermedad que no se trata con personas intentando cerrar museos, agrediendo a sus empleados y, mucho menos, manipulando imágenes y difundiéndolas deliberadamente. (…)

Cuando el discurso político se sustituye por el discurso moral, este resuena con fuerza en las distorsiones de la religiosidad. El discurso moralizante estimula a las personas a actuar y a pensar de una misma manera para después vociferar las mismas frases engañosas en varios idiomas: “quieren destruir la familia”, “desprecian los símbolos religiosos”, “los artistas son unos degenerados”. (…)

El discurso moralizante no se preocupa con la democracia. A los que no forman parte del rebaño hay que separarlos y, para ello, se justifican actos de violencia que nunca podrían ser justificados.

Hay que desencantar ese mal. Generar un viento contrario a los valores estándar mediante acciones sobrias, como problematizar las circunstancias de nuestras críticas y dar crédito a los contextos en lugar de a las calumnias. Hay que estar comprometido con los demás para prevenir, de todas formas, el sufrimiento colectivo provocado por una falsa acusación. Sí, hay que estar comprometido con los demás.

La Bête - Humberto Araújo - El País - El Eurociudadano nudista

Imagen de la performance La Bête – Fuente.

Tras habernos puesto en situación, pasamos ya al extracto del artículo El invento de la infancia sin cuerpo, en que Eliane Blum, partiendo de los comentarios realizados en su artículo anterior, profundiza en las raíces del problema: el porqué personas, en principio ajenas a todo este asunto, reaccionan de forma tan virulenta…

Cuando publiqué la entrevista a Wagner Schwartz, la primera que concedió tras ser atacado como “pedófilo” después de realizar una performance en el Museo de Arte Moderno de São Paulo, seguí de cerca los comentarios de los lectores. Un gran número de intervenciones admitían que no era un pedófilo, pero afirmaban que era inaceptable que un niño tocara a un hombre desnudo, aunque estuviera acompañado de su madre, aunque fuera en público y aunque fuera en un contexto artístico. (…). Pero ¿por qué millones de personas se unieron al linchamiento digital de Wagner y más de un centenar lo amenazaron de muerte? ¿Qué molestó tanto a esas personas, hombres y mujeres que nos encontramos a diario en el ascensor o en el supermercado y que todo indica que no son particularmente malas?

Se hizo evidente que lo que les molestaba era el cuerpo desnudo de un hombre y que un niño lo tocara. La violencia no se justifica. Los ataques son inaceptables y dejaron secuelas. Pero es necesario entender qué es tan insoportable para estas personas, las que no son robots ni miembros de las milicias de odio, hasta el punto de que se transforman en linchadoras.

Entre las varias reacciones a la publicación de la entrevista, una me llamó la atención: “¡Con ponerse una bermuda bastaba!”.

¿Qué se solucionaría allí —no en el escenario, sino en la cabeza de la persona que hizo ese comentario, al igual que en la de tantas otras— con una bermuda? Sí, la bermuda escondería que el hombre tiene pene. O escondería el pene del hombre. Y, para esas personas, el cuerpo de un hombre desnudo, por lo tanto, con pene, sería amenazador para un niño, aunque no existiera nada amenazador en ese contexto.

Pero ¿qué amenaza, de hecho, un cuerpo desnudo de un hombre en el mismo espacio que un niño?  (…)

En la actualidad, en la sociedad occidental, hay que proteger a los niños de todo. Pero no solo eso. Se produce un esfuerzo para borrar el hecho de que los niños tienen un cuerpo. No un cuerpo para el sexo. Sino un cuerpo erotizado, en el sentido que los niños y niñas tienen placer con su propio cuerpo, tienen un cuerpo con el que experimentan. (…)

Cuando los adultos intentan borrar el cuerpo de los niños, les crean un gran problema a los niños. Y a ellos mismos. Los niños tienen sexualidad, es un hecho. No es una elección ideológica. Esa experiencia forma parte de nuestra especie y de otras. Cualquier persona que tenga hijos sanos o siga de cerca el desarrollo de niños pequeños sabe que se tocan, se masturban, juegan con los amigos, descubren que sus pequeños cuerpos pueden darles placer. Y esta experiencia es fundamental para una vida adulta responsable y placentera en el campo de la sexualidad, que respete el cuerpo y el deseo del otro, al igual que su propio cuerpo y deseo.

Cualquier adulto que no haya reprimido la memoria de estas experiencias con su cuerpo se acordará de ellas si es honesto consigo mismo. Quien tiene cuerpo tiene sexualidad. Lo que no puede haber es violencia contra esos cuerpos.

Entonces, ¿por qué el cuerpo desnudo de un artista se volvió amenazador no para la madre ni para la hija que lo tocaron, ni para los varios otros participantes de la performance, sino para quien solo vio esa escena en un vídeo en internet y la identificó como una violencia, y no cualquier violencia, sino la que se decodifica como la más monstruosa de todas, la pedofilia?(…)

Es evidente que la niña que, junto a su madre, participó en la performance del museo, sabía que aquel cuerpo era de un hombre desnudo. Si no lo supiera, entonces sí que tendríamos que preocuparnos por la niña, porque estaría dejando de reconocer la realidad del cuerpo del otro. Al jugar con el cuerpo del artista, convertido allí en uno de los “animales” de la obra consagrada de Lygia Clark, la niña no tuvo miedo de que la atacara. No solo estaba segura, sino que un cuerpo de hombre desnudo no era sinónimo de violencia o de amenaza de violación. Y no fue porque la niña era tan pura, que no se dio cuenta de que el hombre estaba desnudo, o porque era tan pura que no tiene vagina, sino porque no hace la sinapsis delirante de que un cuerpo desnudo es sinónimo de violencia. Sin contar que estaba en público y acompañada de su madre. Si para aquella niña el cuerpo desnudo de un hombre fuera de inmediato un alerta de que sería violada, habría que preocuparse —y mucho— por su salud mental.

Conozco a niños que tendrían un sobresalto con el cuerpo desnudo de un hombre. Y conozco a niños que también tendrían un sobresalto con el cuerpo desnudo de una mujer. O que se quedarían paralizados. Son niños que han sufrido abusos por parte de adultos. En general, sus padres, tíos y padrastros, pero también sus madres y tías. Con menos frecuencia, extraños. La mayoría de los casos de violencia sexual contra niños y adolescentes, como está demostrado, son casos de incesto. Y suceden dentro de lo que la bancada de la biblia defiende que es una familia “como Dios creó” y, por lo tanto, la única aceptable: la de un hombre con una mujer. No es juicio de valor, es un dato estadístico. En todas las clases sociales.

La niña que participó en la performance con su madre no sufrió violencia sexual. La violencia que sufrió fue la de haber sido expuesta en internet como víctima de pedofilia. Esta posiblemente la marcará de alguna forma. Igual que marcó al artista y a la madre de la niña. Hay otra pregunta, también bastante obvia, pero no por eso menos importante. ¿Las personas que se escandalizaron y, a continuación, atacaron al artista, creen que ellas mismas, si estuvieran desnudas con un niño, serían capaces de violarlo? ¿Es eso lo que temen? ¿Es el miedo a lo que les ronda en su interior lo que las transforma en linchadoras? ¿Es de sí mismas que quieren proteger a los niños?

Hay que darse cuenta de cuán absurda —e incluso violenta— es la idea de que un cuerpo desnudo de un hombre sea sinónimo de violencia sexual. ¿Bastaría que un hombre estuviera desnudo para que, inmediatamente, atacara al niño que estuviera más cerca, como si fuera la condición de todos los hombres? Si eso fuera verdad, ¿una bermuda o cualquier otra prenda impediría la violencia? ¿Alguna vez alguna violencia se ha impedido porque alguien no ha conseguido ejercerla debido a la ropa? ¿No es justamente la ropa un gran objeto de fetiche sexual en la sociedad de consumo? (…)

Pero había alguien, la persona que hizo el vídeo (…)

Tenía que destruir al artista y también culpar a la madre (…). Así como tenía que convertir en víctima a una niña que no era víctima.

Ante el asombro de que sea posible que haya cuerpos presentes sin violencia, era necesario convertir el suceso en violencia, denunciando una violencia que nunca existió. Y entonces, sí, violentar los cuerpos. (…)

En esta deformación, también hay un esfuerzo para eliminar penes y vaginas de la representación de los cuerpos en los libros didácticos y también en cualquier representación de la infancia. Como si las posibilidades tecnológicas que permiten manipular y retocar las imágenes sirvieran también para eso. En el campo de la educación, es la escuela sin pito. También como representación, estamos amputando y mutilando los cuerpos humanos. Y pronto los niños quizás solo tengan fantasmagorías para decir de sí mismos. No es casualidad que tantos niños y adolescentes se sientan sin contornos, la experiencia de tener cuerpo como algo insoportable. E insostenible.

Son dos categorías. Una se da por las relaciones de placer del niño con su cuerpo durante la infancia. Otra, completamente distinta, es convertir al niño en un objeto sexual para adultos. Parece que muchos confunden una cosa con la otra, tomando lo diferente como lo mismo. Suprimir el cuerpo de los niños de la concepción de infancia parece ser una nueva modalidad de violencia.

Los que violentaron la performance del museo saben que los niños tienen cuerpo. Y que los cuerpos infantiles sienten placer también erótico. Y eso es natural. Cabe a los adultos encontrar límites ante esa realidad.

Lo que debe preocuparnos es otro hecho: el de que los adultos actuales se sienten tan frágiles, tan incapaces de ponerse límites ante esta percepción, que necesitan eliminar la dimensión erótica del cuerpo de los niños para que no se sientan impelidos a atacarlos. (…).

Y es también por eso, por el miedo a los cuerpos, que el debate está interrumpido. Enseñar a tener miedo del cuerpo del otro, enseñar que la experiencia con el cuerpo del otro es siempre una violencia, enseñar a castigar a quien intenta romper el muro entre los cuerpos, son lecciones que estamos dando a los niños. Y con la excusa perversa de protegerlos.

Al inventar una infancia sin cuerpo, o con miedo del cuerpo, los adultos de hoy son pésimos creadores de futuro.

Enlace al artículo en El País: “Me mataron en Internet como si fuera un zombi de la serie ‘The Walking Dead”

Enlace al artículo en El PaísEl invento de la infancia sin cuerpo,

¡Atención, contenido extra!

Por haber llegado hasta aquí, puedes contemplar la escena de la polémica en el video que figura a continuación. Así tendrás todos los elementos de juicio para saber si la tesis de la autora es cierta, o si estamos ante un caso indudable de pederastia…

 

¡No se vayan todavía, aún hay más!

Hoy mismo, mientras volvía de una comida, he escuchado la primera media hora de un programa de la Cadena SER llamado Las chicas. Aparte de estar de acuerdo con casi todo su contenido, entre el minuto 18:10 y el 19:40 hablan de como se ataca al feminismo de la misma forma en que se ataca a Wagner Schwartz por esta exposición: el discurso (en esta ocasión, feminazis, hembristas, la violencia no tiene género…), el desprestigio de las personas a través del insulto que etiqueta a las mujeres por su aspecto (gorda, fea) o por su comportamiento sexual (puta, malfollada, boyera) e incluso las amenazas, muy similares a las que recibió Wagner: te voy a matar, te vamos a violar, te vamos a descuartizar, tu eres la siguiente…

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2 respuestas a ¡Pederasta!

  1. sernudistaenmadrid dijo:

    Como siempre fantástica entrada.
    Tras una primera lectura, tengo la sensación que “abre varios melones”
    Por un lado la tendencia, de los últimos años, que nos da la información racionada e inmediata de televisiones e internet y que nos nombra a todos jueces inmediatos, sin analizar las consecuencias de nuestras sentencias.
    Por otro lado la discriminación de genero en el nudismo, una mujer sola en un entorno nudista es sólo eso, un hombre solo en un entorno nudista puedes ser un pervertido o salido o degenerado o pedrástra…
    Aunque no me gusta hablar de política, ya que nada tiene que ver con esto, en la etapa que vivimos que es todo a golpe de prohibición y si no es políticamente correcto con los nuevos cánones estas demonizado, conclusión nadie puede crear nada nuevo e innovador sin correr el riesgo de que te hundan…

    Le gusta a 1 persona

    • Muchas gracias por tu comentario.
      Cuando empecé a escribirlo, fui consciente de su complejidad; en un momento determinado, hasta dudé si era buen idea publicarlo o no… pero creo que el resultado ha valido la pena.
      Fíjate que si cambiamos los protagonistas de ambos casos por mujeres, la historia probablemente sería muy distinta; en el primer caso, si la persona que juega con niños en el camping nudista es una mujer, los más que probables comentarios serían refiriéndose al espíritu maternal de la mujer (¡como le gustan los niños!) y, por supuesto, creo que nadie pensaría que sus hijos están en peligro de agresión sexual, aunque estuviera jugando con ellos sin el permiso expreso de los padres.
      En el segundo caso, si el artista fuera una mujer, seguramente los comentarios hubieran sido otros: en este caso, sobre la utilización sexista del cuerpo de la mujer. Probablemente se diría que la mujer está considerada como un objeto, que si busca provocar a los hombres, pero no se la acusaría de pederastia.
      Efectivamente, este y los otros melones que has comentado están abiertos…

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