“La Unión Europea está a punto de colapsar y casi ningún líder la defiende”

Y este titular que resume la entrevista realizada a Etienne Davignon, antiguo miembro de la Comisión Europea en la época de Jacques Delors, me entristece…

Conjuntamente con los diarios europeos que forman el grupo Lena (Die Welt, alemán, La Repubblica, italiano, Le Figaro, francés, Le Soir,  belga, Tages-Anzeiger y Tribune de Genève, estos dos últimos suizos), el diario español El País la publica el pasado día 28 de enero, iniciando con una pregunta que llama la atención… Nos ha llamado porque cree que tiene un mensaje “no muy políticamente correcto” que confiarnos…

A continuación, intentaré hacer un extracto de las cuestiones más interesantes que plantea Etienne Davignon en su entrevista; si quieres leerla completa, al final tienes el enlace al artículo publicado en la edición digital de El País.

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Etienne Davignon – Foto de Sylvian Piraux (Le Soir)

Pregunta: Nos ha llamado porque cree que tiene unmensaje “no muy políticamente correcto” que confiarnos…
Respuesta: (…) para empezar, estoy harto de que nunca se hable de los méritos de Europa. (…) damos por sentadas toda una serie de cosas de las que ya no podemos prescindir. (…) es necesario que Europa vuelva a ser gobernada. En la actualidad, se enfrenta a una serie de problemas sucesivos que intenta resolver sin explicar por qué cada una de sus respuestas es indispensable para la existencia del todo. (…)

Pregunta: ¿Por quién no está gobernada?
Respuesta: (…) Hace mucho tiempo, todo el mundo coincidía en que la integración era el objetivo. (…) Ahora (…) ya no es así. Un cierto número de países se plantea claramente la pregunta…

Pregunta: Hay uno que no plantea la pregunta, sino que ya ha respondido que hay que evitar “una unión cada vez más estrecha”.
Respuesta: Sí, pero hemos vivido con el caso de Gran Bretaña y se ha resuelto de dos maneras. Es decir: “¿No quieren hacerlo con nosotros? Vale, no lo hagan, pero siempre que avancemos jurídica y estructuralmente. Esto significa que ustedes no tienen nuestras obligaciones, pero nosotros sí las tenemos”.
El segundo factor tiene que ver con el euro. Como el euro carece de gobernanza institucional, la consecuencia es que se gestiona de modo intergubernamental. Sin embargo, Europa ha descubierto que lo intergubernamental tiene sus límites. Que hace falta un sistema institucional legítimo, en el que cada Estado sea consciente de que acepta la soberanía compartida. Por cierto, la delegación de soberanía es una de las peores expresiones, en lo que concierne a la opinión pública. Es cierto que el Estado individual ya no es completamente soberano, pero es falso afirmar que no es soberano en absoluto. Cuando se habla de transferencia de soberanía, se entiende que “ya no soy yo, son los otros”. La consecuencia es que todos deciden juntos y, a continuación, lo critican cada cual en su país. Es un elemento de perversión y de mala fe intelectual. (…)

Pregunta: ¿Y quién habla a favor?
Respuesta: Nadie aparte de Merkel, y de los alemanes en general, y de Renzi, que también tiene una retórica un poco ambigua, pero ha vinculado correctamente la política interior con la europea. A los demás no se les oye. (…)
La pregunta es: ¿hay una alternativa a la existencia de Europa? Es una pregunta legítima. (…) ¿lo que era cierto hace 50 años sigue siéndolo hoy en día? (…) Somos demasiado pequeños para tener un peso en la globalización: un niño de 10 años se daría cuenta de ello. (…) Esto ya no es una Europa a la carta. Ahora no nos encontramos ante distintas opciones; si algunos países consideran que eso ya no es lo que quieren, están en su derecho, pero que acepten las consecuencias.
Lo que resulta más ambiguo del problema británico no es que pidan una serie de cosas, sino que al mismo tiempo exigen un control absoluto sobre lo que hacen los demás: es intolerable. Y todavía más si tenemos en cuenta que la realidad no les otorga ese derecho.

Pregunta: (…) la mundialización exige que sigamos siendo poderosos, y este poder exige que conservemos a los británicos, aun a riesgo de hacerles concesiones.
Respuesta: Sí, pero aquí llegamos a la pregunta siguiente: ¿qué supone la salida de Reino Unido? (…) podemos imaginar que la situación de Gran Bretaña se sitúa entre la de Noruega y la de Suiza, aunque es más complicada que la de Suiza, que ha aceptado una serie de cosas que, ahora mismo, Cameron dice rechazar.
Pero es cierto que cuando alguien sale de una estructura que no es una alianza, sino una integración pura y dura, cuyos textos fundacionales ni siquiera prevén la posibilidad jurídica de una salida, es un fracaso. Da igual quién tenga la culpa, es un fracaso. (…)
En relación al pasado, considero que hemos cometido un grave error en lo concerniente a la Unión Económica y Monetaria (UEM): habría sido necesario escribir en el Tratado que todos aquellos que deseasen unirse a la UEM tendrían derecho a ello, pero no la obligación de hacerlo. El hecho de considerarlo una obligación ha conducido a la ambigüedad: los suecos están en condiciones de entrar, pero no queremos porque nos da miedo que pierdan el referéndum.

Pregunta: ¿Qué habría cambiado si la adhesión al euro fuese de carácter facultativo?
Respuesta: Habría hecho que fuese obligatorio poseer una estructura institucional para el euro, en vez de quedarse en lo intergubernamental. Y quienes no estuviesen en la UEM seguirían siendo miembros asociados. Porque, en la situación actual, los que constituyen una excepción son los que están en el euro. Sin embargo, hemos comprobado que es algo que puede funcionar: el Banco Central Europeo, que es una institución federal, no impide en absoluto que los demás gobernadores se sienten en torno a la mesa. Habría resultado que seríamos 28 en la gestión del mercado interior y los asuntos exteriores, pero en la gestión del euro y de su trayectoria económica, habríamos estado en una posición legítima para tomar las decisiones necesarias sin que todo tuviese que ser ratificado más tarde por los Parlamentos. (…)
El objetivo pasaría a ser una Europa cada vez más integrada (…). La unión monetaria exige una coordinación económica superior; con la crisis del euro, comprobamos que era necesario ocuparse de los bancos, de modo que tendríamos una unión bancaria… Hay que conseguir todo eso. (…)

Pregunta: La división latente que observamos en Europa, (…) nos lleva a pensar que dicha división tiene que ver con la integración europea. ¿Pero no podría estar relacionada con otra cosa: los valores, o sencillamente la percepción de lo que es o debería ser Europa?
Respuesta: Es probable. Pero nos encontramos en un punto en el que no creo que la integración se logre con esa ambigüedad que describe. La cual es, al mismo tiempo, una ambigüedad de los dirigentes y una enorme confusión de la población, y puede que también diferencias sobre el tipo de modo de vida que algunos Estados quieren tener. (…). Debemos pronunciarnos sobre el modo en que queremos, o no, vivir juntos. Lo cual no significa que vayamos a entrar en guerra acto seguido. Pero sabemos que, para algunas soluciones necesarias, deberemos encontrar modalidades diferentes de las que hemos empleado hasta ahora. (…)

Ettiene Davignon, a la izquierda.

Etienne Davignon, a la izquierda. foto de Sylvain Piraux (Le Soir)

 

Pregunta: ¿Pero los ciudadanos también pueden decir: por supuesto que quiero a Europa, pero con tal y cual condición?
Respuesta: Eso quiere decir que están en contra. Dejemos a un lado la idea, recogida en los tratados, de una Europa cada vez más unida —hay un elemento de poesía y de sueño en eso— porque la pregunta es: para tener éxito, ¿requiere nuestra acción común un cierto número de decisiones y de obligaciones? Es una pregunta concreta.

Pregunta: Su argumentación sobre el hecho de que, ante una decisión, la población sopesará lo que podría ganar frente a lo que tiene que perder, es la que muchos sostienen sobre el referéndum británico: en el momento de la decisión, votarán por quedarse.
Respuesta: Pero el referéndum británico es sincero: quienes están en contra quieren salir, y no quieren conservar lo que tienen. (…)

Pregunta: ¿Lo que ha hecho que estalle todo esto es la crisis de los refugiados?
Respuesta: Los refugiados son la demostración de lo que sucede cuando se toman decisiones y no se llevan a cabo. Eso sucedió en el ámbito económico, con los griegos, y ahora en la crisis de refugiados. ¿Qué es Schengen? Es el reconocimiento de la realidad de que ya no tenemos fronteras interiores, sino una frontera exterior. ¿Y qué se ha hecho con eso? Simplemente nada. Ahora bien, desde el momento en que tenemos una frontera exterior, eso se convierte en una responsabilidad colectiva. (…)

 Pregunta: ¿Es un problema de liderazgo?
Respuesta: Hemos sido negligentes. Hemos dejado demasiado tiempo a los italianos lidiar con su situación, y hemos sido incapaces de plantear la pregunta adecuada durante mucho tiempo: ¿se pueden controlar las fronteras interiores? No hay ni un solo tipo inteligente, de hecho ni siquiera hay uno estúpido, que piense que se pueden controlar las fronteras interiores: ¡mire en Google cuántos pasos fronterizos hay entre Bélgica y Francia, y entre Bélgica y Holanda! [ríe]. La realidad es la frontera exterior, porque en el interior ya no tenemos, y hemos querido no tenerlas más, lo que ha resultado beneficioso para la gente.
La cuestión ahora es saber qué obligaciones nos imponen nuestras fronteras exteriores, qué medios tenemos y cuántos somos: esta cuestión es más importante que la de saber cuántos refugiados vamos a acoger, porque mientras no se controlen las fronteras exteriores, se desconocerá el número de refugiados. (…)

Pregunta: ¿Dice usted, por tanto, que es totalmente absurdo afirmar, como hacen los dirigentes alemanes cada vez menos discretamente, que cerrarán sus fronteras si no se resuelve rápidamente la crisis?
Respuesta: Digo que no tener en cuenta las opiniones es tan estúpido como ser esclavo de ellas. Es evidente que una acumulación de personas en un breve periodo de tiempo no es asimilable. A partir de ahí, si el mal menor es decir que se filtre durante un cierto tiempo, hasta que tengamos una verdadera frontera exterior con una verdadera negociación con los demás países afectados, ¿por qué no? La magnitud de los flujos es un problema exterior, que hay que poder gestionar en el exterior: sabemos que hay muchos en el exterior, los que están en nuestros países los acogemos convenientemente, pero sabemos quiénes son y dónde están, y lo gestionamos con conocimiento de causa. No podemos gestionar los problemas de fondo con respuestas circunstanciales. (…)
En el debate actual sobre Schengen se dice que se va a dar vacaciones a Schengen, para reconstituirlo lo más rápido posible. Es la demostración. La Comunidad Europea de Defensa fracasó, y seis meses después se hacía el Tratado de Roma. Europa va a fracasar, y seis meses después se celebrará una conferencia para hacer otra con otros. (…)

Pregunta: Si Schengen estalla, ¿también estallan el mercado interior, el euro y la economía? ¿Cree que eso puede tener rápidamente consecuencias operativas para el mercado interior?
Respuesta: Si se pone de manifiesto la impotencia de los Estados, entonces existe el riesgo. El riesgo no radica en el hecho en sí, sino que existe porque no hemos aplicado lo que hemos decidido hacer. (…). En este caso es la impotencia. Esta impotencia desaparece si tenemos un plan, si hemos decidido que hacemos lo necesario en las fronteras exteriores, unos campamentos para colocar a las personas en el exterior, si hemos decidido no dejarnos estafar por ladrones de segunda, etcétera. Y si hemos decidido hacer algo en cuanto a la causa fundamental del terrorismo.
La cuestión de las fronteras también es la de cómo intervenir en otros lugares. El hecho de que Irán haya entrado ahora en el juego tendrá consecuencias. Estamos en la geopolítica. Creíamos que iba a desaparecer, pero estamos dentro de ella como nunca lo habíamos estado, con un elemento que amenaza a Europa, aunque sea diferente de la amenaza de los misiles soviéticos. Nuestros vecinos nos amenazan, ¿qué podemos hacer para eliminar esas amenazas? Solos no podemos hacerlo. (…)
Aprendí de Spaak que no debemos pensar que las cosas son irreversibles. El Imperio Romano desapareció por alguna buena razón, no crea que eso no se puede deshacer. (…)

Pregunta: Juncker dijo en una ocasión: “Sabemos lo que debemos hacer, pero no sabemos cómo ser elegidos después”.
Respuesta: Yo no lo creo. Es muy raro, cuando un líder se consolida, que no sea recompensado. Se puede hablar de la soledad de la señora Merkel, pero tiene dos argumentos poderosos a su favor, lo que no significa que no deba tomar medidas circunstanciales: una, la constitución alemana, y dos, la legitimidad de sus convicciones. No se puede reprochar a Merkel la debilidad de los demás…

Pregunta: Algunos dicen: “Nos fastidia porque quiere que hagamos lo que no deseamos”.
Respuesta: Salvo que su secretario de Estado – que no es el que más lejos está de la extrema derecha – se da cuenta de que la vuelta a las fronteras nacionales no conduce a nada…

Enlace al artículo en El País: La Unión Europea está a punto de colapsar y casi ningún líder la defiende

 

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“Espero que algún día podáis odiarme un poquito menos”

Tras publicar el artículo anterior, y dentro de una pequeña rutina que tengo para irme a la cama, he abierto el Facebook para ver las últimas novedades de la gente que sigo; habitualmente, esa lectura es relajante, y ayuda a desconectar de los problemas diarios (que los hay)…

Pero hoy, no sé si podré irme muy relajado a la cama… tal ha sido el impacto de un artículo que he leído en el Blog de Catherine L’Ecuyer, tras su publicación en el muro de mi amigo Fernando… el artículo fue publicado el día 16 del presente mes, y habla de un niño, Diego González, que se suicidó el día anterior tirándose por una ventana, dejando un mensaje realmente impresionante… aunque mi amigo dice si te consideras educador, por favor lee esto, entiendo que esto debiera leerlo cualquier persona de bien, porque es tremendo que un niño de 11 años sólo encuentre solución al acoso quitándose la vida… ¿que sociedad estamos dejando de herencia a nuestros hijos..?

“Espero que algún día podáis odiarme un poquito menos”: Acoso escolar, empatía y sensibilidad

Esas fueron las últimas palabras de un niño de 11 años que se arrojó ayer al vacío desde la ventana de su casa.

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“Papá, mamá, estos 11 años que llevo con vosotros han sido muy buenos y nunca los olvidaré como nunca os olvidaré a vosotros. Papá, tú me has enseñado a ser buena persona y a cumplir las promesas, además, has jugado muchísimo conmigo. Mamá, tú me has cuidado muchísimo y me has llevado a muchos sitios. Los dos sois increíbles pero juntos sois los mejores padres del mundo. Tata, tú has aguantado muchas cosas por mí y por papá, te estoy muy agradecido y te quiero mucho. Abuelo, tú siempre has sido muy generoso conmigo y te has preocupado por mí. Te quiero mucho. Lolo, tú me has ayudado mucho con mis deberes y me has tratado bien. Te deseo suerte para que puedas ver a Eli.

Os digo esto porque yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir. Por favor espero que algún día podáis odiarme un poquito menos.

Os pido que no os separéis papá y mamá, sólo viéndoos juntos y felices yo seré feliz. Os echaré de menos y espero que un día podamos volver a vernos en el cielo.Bueno, me despido para siempre. Ah, una cosa, espero que encuentres trabajo muy pronto Tata.

Diego González”

¿Qué ocurre en la cabeza de un niño, o de cualquier persona, que sufre acoso, calumnias, indiferencia, que recibe a diario miradas de sospechas y de odio por parte de las personas de su entorno?

Algunos transforman el odio en rencor, en venganza, y se convierten en seres amargados y violentos. No fue el caso de Diego, que solo tuvo palabras amables al despedirse. Otros, quizás por falta de recursos, se desesperan y no ven salida. ¿Qué hace una persona cuando acaba de llorar todas las lágrimas de su cuerpo y no tiene a nadie que pueda recogerlas y ayudarla a dar sentido a lo que está viviendo, a ver aunque sea la sombra de una esperanza, a perdonar? ¿Es posible que un niño sea tan cruel como para conseguir que otro caiga en la desesperación hasta tirarse al vacío? ¿Puede un niño de 5, 10, 12 años resistir a las calumnias, a la indiferencia, al odio día tras día, sin que nadie le presta atención y comparta el peso de su sufrimiento? ¿Podríamos nosotros?

Decía Simone Weil, “Los seres humanos están hechos de tal forma que los que estrujan a los demás no sienten nada; son las personas estrujadas quienes sienten lo que está ocurriendo. A no ser que una persona se hay a pasado al lado del estrujado, para sentir con él, no podrá entender”.

“Sentir con”. Algo tan importante, y tan escaso… “La insensibilidad casi siempre acaba con la frivolidad, y últimamente con la banalidad del mal. Como dice el filósofo, también director de orquestra, Iñigo Pírfano, “el problema más grave es que no se es consciente de la gravedad del problema: esa es la esencia de la frivolidad”. Y eso no ocurre necesariamente con las personas que han escogido el mal como opción vital, resulta casi imposible imaginar que esas personas existan, sino con las que, por querer casarse con todas las posturas posibles, acaban banalizándolas. Al mal como al bien. A la mentira como a la verdad. Al feísimo como a la belleza. Porque la falta de sensibilidad impide que se entre en sintonía con el bien, la verdad y la bondad. Esa es la fuente del mal que realmente hace daño en la educación, porque se banaliza prácticamente todo y, por lo tanto, no se calibra la realidad tal como es. No se banaliza la violencia machista, pero sí el machismo. No se banaliza el homicidio, pero sí la violencia. No se banaliza la crueldad del acoso escolar, pero sí la falta de empatía y de compasión en los patios. No se banaliza la pedofilia, pero sí la pérdida de la inocencia de los niños.” (Educar en la realidad)

Por lo tanto, un educador que carece de sensibilidad no sería educador, a pesar de dedicarse a ello a tiempo completo y con la mejor de las intenciones. Y un niño que carece de sensibilidad puede, sin darse cuenta o tener culpa por ello, ser causa de multitud de males para sí mismo y para los demás.

La empatía, el “sentir con”… Una cualidad que, ojalá, sepamos encarnar y transmitir a nuestros hijos. Quien es sensible sabe ponerse en el lugar del otro, entiende el dolor y el peso insoportable que provocan las calumnias y el odio. El empático es consuelo, nunca tortura con palabras mezquinas. Soporta el dolor con el otro, prestándole atención paciente.

Queridísimo Diego, nosotros no podemos juzgar a nadie porque no sabemos. Pero eso sí, te podemos pedir perdón. Simone Weil decía que “la capacidad de dar la propia atención a quien sufre es algo muy raro y difícil; es casi un milagro; es un milagro. Casi todos los que creen que tienen esta capacidad no la poseen.” Quizás por ese milagro pediste cuando te despediste: “Espero que algún día podáis odiarme un poquito menos”. Diego, vamos a pedir contigo por ese milagro ahora. Que todos los educadores y compañeros tengan la sensibilidad para percibir, y nunca banalizar, el dolor que sienten los que padecen acoso escolar, calumnias, indiferencia y odio. Que sepan sentir con ellos hasta llegar a decir: ¡Cuánto duele! Pedimos, para unos y otros, el milagro de esa atención, que es el verdadero barómetro del amor.

Enlace al blog de Catherine L’Ecuver: “Espero que algún día podáis odiarme un poquito menos”: Acoso escolar, empatía y sensibilidad

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El escándalo público, en cuestión

Hace ya la friolera de 29 años, el teólogo Enrique Miret Magdalena (fallecido en 2009 a los 95 años de edad) escribía sobre el delito de escándalo público en el madrileño diario El País; pero, a pesar del tiempo transcurrido, el artículo está de plena actualidad, cuando comprobamos que el actual gobierno (aunque en funciones, sigue siendo nuestro gobierno), y el de Aznar, y a nivel de mi autonomía, el de Camps, y a nivel local, el de Barberá, ha intentado legislar con respecto a la moral como si la única moral posible fuera la de la Iglesia Católica; bien advierte Miret que incluso la propia Iglesia ha dictaminado en varias ocasiones que la moral de la Iglesia no puede imponerse al resto de la sociedad, por mucho que Hazteoir.org lo intente insistentemente…

Por ello rescato de la hemeroteca el artículo, publicado el 19 de noviembre de 1987, y lo reproduzco a continuación.

El escándalo público, en cuestión.

  • UNA CUESTION DE MORAL

El juez de Azuaga y el chico condenado a la cárcel por sus demostraciones con la novia, que después se suicida; las bañistas de Cádiz, más o menos desnudas, acusadas de delito contra la moralidad pública; las canciones de Las Vulpes por televisión; el Teledeum, y los nudistas de la playa gallega, son algunos de los casos que han chocado a la opinión y han llevado a casi todos nuestros parlamentarios hacia la supresión de los obsoletos artículos 431 y 432 del Código Penal sobre esta materia, y el 239 acerca de la blasfemia, por el cual fue condenado un famoso personaje español. El mal de algunas leyes es que proceden de un clima totalmente diferente al actual: una sociedad -la franquista- dirigida por el nacionalcatolicismo en materia sexual, en la cual tenía la “Nación Española” a “timbre de gloria” el “acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana”, que “inspirará su legislación”. Eso es lo que decían los Principios del Movimiento, nuestra ley de leyes de entonces.

Al morir el dictador, muchas cosas empezaron a cambiar: costumbres, manifestación de opiniones y libertad de expresión. Lo que estaba oculto se desveló; y comenzamos una era de mayor sinceridad y espontaneidad. Empezaron a no considerarse como “escándalo público” el beso de una pareja, el bikini, una mayor libertad del cuerpo humano en definitiva. Pero, ¿estaba todo lo nuevo contra la moralidad pública protegida por nuestra legislación? ¿La moral pública del franquismo, plasmada en nuestras leyes, era la moral cívica de la democracia incipiente? ¿Concordaban aquellas leyes rigoristas con nuestra abierta Constitución?

La estructura legal que presidió aquel período social, ya superado por nuestro pueblo, no puede ser la de una legislación católica y conservadora, impuesta a todos los españoles. Nuestros obispos lo reconocieron así ante la ley del divorcio: “Esto no significa que el legislador esté obligado siempre a elevar a categoría de norma legal todo lo que es una exigencia ética, o que deba reprimir con normas legales todos los males de la sociedad” (Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, 1977).

Se inspiró nuestra jerarquía católica, por una vez al menos, en aquella enseñanza de santo Tomás: “La ley humana no puede prohibir todo lo que la ley natural prohíbe”. Y, ante ello, ahora se plantea el sentido de algunas prohibiciones de nuestro Código Penal. Hay que buscar un camino de rectificación de esos anticuados artículos citados, que no sirven para la convivencia plural de los españoles en democracia.

Nuestros teólogos clásicos del siglo XVI, más avanzados que muchos actuales tiralevitas de la autoridad rígida de la Iglesia, enseñaron cosas bien claras que deben servir de meditación a católicos y no católicos.

1. Que “permiten a veces las leyes, por alguna causa razonable, ciertas cosas que, siendo malas en sí contra el derecho natural, sin embargo, aquéllas ni las prohíben ni las castigan, ni las dejan castigar ni aun impedir por las potestades públicas” (Luis de Molina, SJ); por tanto, la ley no debe ser lo mismo que la ética, y no podemos reprimir cualquier cosa que moleste a un católico seguidor de su propia jerarquía eclesiástica. Solamente “la cosa pública prohíbe aquellos vicios que suponen una injuria para los demás” (Domingo de Soto, OP).

2. Ni siquiera se puede erigir la ley humana en defensora de las concepciones católicas ni aun en lo que se refiere a Dios y a la religión, porque “la cosa pública no castiga los crímenes según la brevedad que tienen ante Dios”, y, “así, los perjurios son más graves que el robo, y la blasfemia, que el homicidio, y, sin embargo, no los prohíbe con la pena capital, sino que deja a Dios su castigo” (Domingo de Soto, OP).

3. ¿Cuál es entonces el objetivo de la ley humana en cosas temporales?: “La seguridad y tranquilidad pública, el estado tranquilo y pacífico” (D. de Soto, OP), “la paz y la justicia” (F. Suárez, SJ), “la tranquilidad social” (M. de Palacios).

4. Entonces, no hay que tener ningún temor al cambio legislativo cuando se produce el cambio social, como ocurre en estas materias del llamado, pero confuso, escándalo público, porque “no debe juzgarse reprensible que cambien las leyes humanas según la variedad de los tiempos” (papa Inocencio III).

¿Qué debemos hacer? Suprimir esos artículos, propios de la mentalidad de otros tiempos. Pero, entonces, ¿quedaremos inermes los ciudadanos ante cualquier demostración que suponga “una injuria para los demás”?; o bien, ¿olvidaremos que “la libertad consite en poder hacer todo lo que no perjudique a los otros”? (Declaración de los Derechos del Hombre, artículo 4, de 5 de octubre de 1789).

Hemos de volver a esta ejemplar Declaración de Derechos del Hombre y reconocer que “la ley sólo tiene el derecho de prohibir aquellos actos que son perjudiciales a la sociedad” (artículo 5). Y, ¿cuáles pueden ser estos actos? Evidentemente, como ya somos unos ciudadanos mayorcitos, no nos vamos a asustar con aquellas cosas que estaban prohibidas por el puritano nacionalcatolicismo, inspirador de nuestra dictatorial legislación de hace unos años. A los únicos que tenemos de defender es a los menores; y en ellos únicamente hemos de pensar, y no en el escándalo farisaico de los mayores, como aquellos aspavientos que hacían las señoras pacatas de otros tiempos. Hemos de inspirarnos en la Declaración de Derechos del Niño y en los demás acuerdos internacionales en esta materia, que asume nuestra Constitución (artículo 39.4), los cuales se resumen en facilitar socialmente aquello que suponga para el menor una “protección especial para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente de forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad” (ONU, 20 de noviembre de 1959).

No hemos de hacerlo convirtiendo las faltas en esta materia en delitos penados con cárcel, sino convertir los actuales delitos en faltas, y que fuesen objeto de reglamentos municipales y de sanciones administrativas y no de arresto o prisión.

Tratándose de cuestiones relativas al sexo, solamente entraña esto la defensa del menor contra la “pornografía”, que “disocia el acto físico y la afectividad” (G. Bartin, Diccionario de psicología sexual, Barcelona, 1972).

El desnudo, si se presenta por un motivo razonable, no es por sí mismo considerado malo en la moral tradicional. La contemplación de brazos, piernas y pecho no se tenía por falta moral grave en los manuales para confesores (véase Ferreres, Arregui y otros muchos). Y el desnudo artístico, menos todavía, según el popular jesuita que fue el P. Vilariño. La Virgen, en la Edad Media, era representada exhibiendo el pecho que daba al Niño; y el severo Tertuliano daba como normal, en los primeros siglos, bañarse desnudos los cristianos en los baños públicos. ¿Por qué hemos hecho un tabú de todo ello? El profesor de la Universidad Católica de Lovaina A. Kriekemans llega a decir que “en los medios en que reina una actitud sana y adecuada con respecto a la sexualidad, es bueno que los niños vean cómo están formados fisicamente los demás. Ello les previene para más tarde contra falsas ideas y una curiosidad rnalsana”.

Proteger, sí, al menor, y no el farisaico escándalo de los mayores en una sociedad democrática. Y hacerlo más de modo administrativo que penal. Y, por supuesto, que por ello no enviemos a la cárcel; una multa, sólo para casos extremos, puede ser más ejemplar socialmente que ir a prisión.

Enlace al artículo en El País: El escándalo público, en cuestión.

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El hombre que se facturo a si mismo

Hace ya algún tiempo, y por algún medio que ahora no recuerdo, leí este curioso artículo publicado en el diario La opinión de Málaga por Guillermo Jiménez Smerdou el 6 de abril de 2014 sobre la curiosa manera que tuvo un empleado de Renfe de averiguar el porqué los paquetes que se facturaban tardaban una eternidad en llegar a su destino; si quieres saber cómo lo hizo, sólo tienes que seguir leyendo…

Estación de Málaga hacia 1900

Estación de Málaga, hacia 1900

El hombre que se facturó a sí mismo

Un alto funcionario de Renfe de Málaga se facturó para comprobar el tiempo que tardaban las mercancías en llegar a Madrid

Sucedió en Málaga hacia el año mil novecientos cuarenta y tantos. Quizás en alguna hemeroteca aparezca el periódico con el relato que ahora recupera el olvido.

Un alto funcionario de Renfe fue destinado a Málaga para ocupar un puesto de relevancia. Si la memoria no me traiciona era ingeniero industrial y llegó a ser concejal de nuestro ayuntamiento.

Al tomar posesión del nuevo destino se sorprendió del largo periodo de tiempo que transcurre entre la entrega de un paquete facturado en Málaga y la llegada a su destino, en este caso, Madrid. No entraba en sus entendederas que un paquete, grande o pequeño, facturado en Málaga un determinado día no llegar a manos de su receptor hasta un mes o dos meses después.

Para salir de dudas tuvo una feliz y extraña idea que puso en práctica: facturarse como paquete en el despacho que Renfe tenía en la esquina de Puerta del Mar con Atarazanas.

Llegó al despacho donde se entregaban los paquetes y le dijo al empleado que lo facturara para la entrega en una vivienda en Madrid. El empleado no entendió el encargo y pensó que el señor que pretendía ser facturado como un paquete estaba tomándole el pelo o que no estaba en sus cabales.

Después de un diálogo que parecía extraído de La Codorniz, la revista de humor de la época, consiguió su propósito. Se pesó en la báscula, pagó el importe del transporte y se sentó junto a los paquetes de distintos tamaños que estaban en espera de ser transportados desde el despacho de Puerta del Mar a la Estación. Se atrevió a preguntar si el traslado se efectuaría enseguida, a mediodía, por la tarde… El empleado, avezado en el tema, le dijo que ni enseguida, ni a media mañana, ni por la tarde. Su respuesta, ante la insistencia del señor convertido en paquete, fue la de un funcionario de limitadas competencias: «Depende».

Depende El traslado del despacho a la estación dependía del volumen de paquetes acumulados en el despacho, dependía del camión de recogida, dependía del personal que tenía que cargarlos… Total, que no podía facilitarle el día y la hora en que se produciría el traslado.

El señor paquete fue tres o cuatro días a la oficina de Renfe para conocer cuándo se iba a despejar la incógnita del depende. Al quinto día de permanecer teóricamente entre cajas de madera, de cartón, jaulas con maquinaria más o menos pesada.., el empleado le dijo que ese día estaba previsto el traslado. ¿A qué hora?, preguntó; y la respuesta fue la de siempre: Depende.

Total, que a última hora de la tarde del quinto día llegó un camión con dos hombres para cargar todos los paquetes, una tarea lenta y pesada porque entonces no había carretillas ni otros elementos mecánicos que hoy facilitan estos trabajos. Cuando se frotaba las manos pensando que terminaba su estancia en el almacén, surgió un contratiempo; no podía subirse al camión porque no cabía un paquete más.

Entonces, preguntó: ¿Mañana? Y salió la palabra mágica: Depende. Y tuvo el funcionario la delicadeza de extenderse en la respuesta: Depende del volumen del paquete a transportar.

Al séptimo día desde que se facturó y pagó el precio del transporte, un camión lo llevó teóricamente hasta la estación; para no ser tratado como un bulto más tuvo la precaución de subirse a un taxi y ordenar al taxista que siguiera el camión hasta su destino.

A un almacén Ingenuamente pensó que al llegar a la estación, todos los paquetes, incluido él, iban a ser colocados en un vagón de mercancías para partir raudo hacia Madrid. Pero cuál fue su sorpresa cuando descubrió que todos los paquetes se guardaron en un almacén en espera de ser distribuidos según los destinos.

Habló con el personal interesándose por la fecha del traslado del almacén al vagón. No hubo respuesta convincente. Volvió a repetirse lo de depende de…

Al tercer o cuarto día (iba todos los días al almacén donde estaba como paquete) comprobó con alegría que había llegado el esperado momento: Al vagón y hala, a Madrid, se dijo.

En lo del vagón acertó; en lo que erró fue en lo segundo: el vagón con todas las mercancías no se enganchaba en ningún tren de aquel día. Había que esperar.

Dos días después, tras observar cómo el vagón iba de una vía a otra, empujando hacia delante y hacia atrás, casi sufre un infarto al comprobar que era enganchado al rápido, que era el nombre que recibía el servicio diurno Málaga-Madrid; el nocturno llevaba el marchamo de exprés. El primero tardaba catorce horas en llegar a la capital y el segundo once o doce.

Como empleado de Renfe no tuvo que pagar billete, y en lugar de viajar en el vagón de mercancías, lo hizo en primera clase, cuando los trenes tenía primera, segunda y tercera clase.

Bobadilla Cuando el rápido, con la lentitud que le caracterizaba llegó a Bobadilla, centro neurálgico de Renfe porque es lugar de encuentro de otras líneas férreas y se enganchan y desenganchan vagones que van o vienen de otras estaciones andaluzas, comprobó que el vagón de los paquetes de Madrid era desenganchado y empujado a una vía muerta porque no le correspondía ese día Madrid. Tenía que esperar otro rápido o despacio para continuar el viaje.

Tuvo que bajarse del vagón de primera, tomar un café en la cantina (el peor café del mundo porque solo era cebada tostada con achicoria y leche aguada de cabra) y hacer indagaciones para conocer la fecha exacta del enganche con destino a Madrid.

¡Camino de Madrid! Ya había perdido la cuenta de los días transcurridos desde que tuvo la idea de convertirse en paquete para saber por qué tardaban tanto los envíos que se hacían a través de Renfe de toda clase de objetos.

Estaba a punto de llegar a su destino… pero comprobó que todo lo vivido hasta aquel momento era el prólogo de lo por venir: paradas en Aranjuez y Villaverde, estación de Atocha, nuevo almacenamiento, demora en los repartos…y al final, entrega en su domicilio de Madrid donde llegó molido pero poseedor de la información que necesitaba para intentar que el servicio de transportes de mercancías de Renfe fuera eficaz.
Parece que no lo logró entonces porque las agencias Rey Soler, Nieves y otras dedicadas al transporte de mercancías por carretera cumplían unos horarios que la gran maquinaria y burocracia de Renfe era incapaz de atender.

Enlace a la noticia en La opinión de Málaga: El hombre que se facturó a sí mismo.

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Tercer carril ¿Tres mejor que dos?

Buscando a través del blog de José María Grijalvo, me he encontrado con un artículo titulado La conectividad y Pablo Iglesias, publicado en el blog Ruedaycarril (así, todo junto); el caso es que en lugar de leer este artículo, me he dedicado a curiosear un poco por el blog (cosa que pasa a todos los internautas: buscando algo acabas por estar horas y horas haciendo algo distinto, como me está pasando a mí, que iba a buscar información en la página de la Agencia Tributaria y ya ves donde me encuentro…) y me he encontrado con este artículo, de rabiosa actualidad, sobre el tercer carril, que como ya sabéis se está perpetrando en estos momentos en el corredor mediterráneo; aunque el artículo está escrito en el año 2013 (cuando todavía se pensaba que entre Castellón y Vandellós se iba a cambiar el ancho, y que sólo habría una de las vías con ancho ibérico entre Valencia y Castellón), es totalmente aclarado de las numerosas inconveniencias de esta solución para un tráfico intenso por ambos anchos; como bien se dice en el artículo, el tercer carril es válido para la entrada del ferrocarril en los puertos con varios anchos (cómo recuerdo mis tiempos en Santander, cuando entrábamos en el puerto por enmedio de la ciudad, y con la vía métrica estuchada dentro del ancho ibérico… no era tercer carril, pero se le parecía…), pero para tráficos intensos por ambos anchos presenta muchos más inconvenientes que ventajas.

Ya he escrito anteriormente en este blog sobre la necesidad de implantar el ancho UIC en España cuanto antes, y en este artículo que reproduzco se dan los argumentos técnicos que, aunque ya conocía, no sé si podría explicar mejor… ¡Enhorabuena al autor de Ruedaycarril!

Tercer carril ¿Tres mejor que dos?

El ferrocarril es un transporte guiado, porque el vehiculo no tiene capacidad de salirse de sus “guías” los carriles. El parámetro mas básico y fundamental de un ferrocarril es el ancho de la vía, la distancia entre los dos carriles, que por cierto su punto de medida es entre los planos de rodadura de los carriles.

(imagen de ferropedia)

En Inglaterra se comenzó usando un ancho de 1422 mm (para aprovechar vagonetas existentes) aunque en un primer momento cada compañía utilizó un ancho diferente resulto evidente que era interesante utilizar el mismo ancho en todas las redes, para favorecer el movimiento de trenes entre ellas. Cada país adoptó un ancho diferente por razones diversas, en la wikipedia están todos. En España, aunque parezca sorprendente se encargo un informe a un ingeniero de prestigio, el informe Subercase (otro analisis) que expone y razona la necesidad de un ancho de vía mayor para España en base a criterios técnicos. En aquellos momentos (siglo XIX, 1844) la potencia de una locomotora de vapor venia limitada por el tamaño de la caldera y el tamaño de la caldera por el ancho de vía. Como el terreno en España es bastante mas montañoso en general que el ingles o francés las locomotoras han de ser potentes para salvar las pendientes y las calderas han de ser mas grandes. Aunque la base de muchos de nuestros problemas con la Alta Velocidad y la conexión ferroviaria con Europa se deban a las soluciones presentadas en este informe, el señor Subercase hizo un trabajo exquisito a mi entender, ya que todos los factores alrededor del ferrocarril, tanto en tecnología de tracción, trazados, construcción de infraestructuras y demanda de transporte han cambiado tanto desde entonces que era imposible tener en cuenta de forma objetiva todo eso a la hora de plantear soluciones.

El ancho implantado en España para el ferrocarril de larga distancia fue de 1667 mm, mientras que en Francia y gran parte de Europa el que se implantó y luego se convirtió en ancho UIC fue el de 1435 mm.

En los últimos años se ha implantado en España una tecnología ferroviaria bastante peculiar para resolver este problema, el tercer carril. Instalaciones con tres carriles llevan existiendo desde hace mucho, solo hay que ver por ejemplo Irún, pero la diferencia con la tecnología actual es que las velocidades previstas son mayores y que se han diseñado desvíos específicos para esta configuración de vías. Hemos pasado de una instalación que se usaba para zonas fronterizas, para que existieran playas de vías comunes a líneas con tráficos mixtos.

Puerto de Barcelona, 3 anchos (fuente)

La base de la tecnología del tercer carril es sencilla, como la diferencia de anchos es pequeña, 232 mm, se diseña una traviesa especial que engarza los tres carriles, uno de ellos es común y los otros dos están separados 232 mm sobre la misma cabeza de traviesa. Cuando el tren esta encima, el eje del ancho UIC (el mas pequeño) tiene un descentramiento sobre el eje del ibérico de 232 mm (asombroso no¡¡¡) que aunque entra dentro del galibo, hace necesario realizar cambios en la catenaria (para que los pantógrafos de los trenes con diferentes anchos no se salgan ni sufran sobredesgastes) y sobre todo en los túneles, pasos superiores y estaciones.

Para que no haya que hacer grandes cambios en las estaciones (si intentas pasar un tren con ese descentramiento por un anden se arrancaría todo el anden o se destrozaría todo el lateral del tren) se usan los cambiadores de hilo, un desvío de vía convencional pero con la peculiaridad de que, en lugar de abrirse hasta una nueva vía en paralelo con la anterior, con distancias entre ejes de 4,5 metros, se abre muy poco solo 232 mm. Los cambiadores de hilo hacen cambiar el carril común de mano, de izquierda a derecha o viceversa.

Configuración tipica de desvios en zonas de tercer carril (fuente)

Los cambiadores de hilo se instalan por dos razones:

1.- Porque, por complejidades geométricas de la construcción de desvíos, cada desvío, se montan desvíos diferentes para cada ancho, tiene una posición del hilo común diferente teniendo que cambiarla para poder colocar todos los desvíos necesarios.

2.- Para poder entrar en cada vía de estación en la posición preferente de andenes, colocando el hilo común en el lado del anden.

Los cambiadores de hilo, como cualquier desvío, imponen una limitación de velocidad al paso por desviada. Los cambiadores instalados en España imponen una limitación a 80 km/h. Es posible configurar la desviada al ancho UIC o al Ibérico, pero hasta ahora se han montado hacia el UIC (se han montado para tráficos de mercancías que tienen velocidades comerciales mas bajas y les afectan menos).

A nivel de señalización el tercer carril ha sido un reto puesto que se han tenido que diseñar unas normas funcionales nuevas, que requieren saber que ancho de vía es el que esta usando cada tren en cada momento, mucho mas complejas que las de un enclavamiento convencional, con 4 veces mas ecuaciones que una situación normal) ,con uso de contadores de ejes, ya que la tecnología de circuitos de vía no es capaz de detectar que ancho se usa. Incluso las balizas del ERTMS y del ASFA son especiales, mas anchas, para que funcionen con los dos tipos de ancho de vía.

Aunque desde un punto de vista técnico es una maravilla, no nos debemos ofuscar por sus capacidades, es una muy buena solución para el uso de Barcelona, el permitir un acceso al puerto en los dos anchos y que los mercantes de todo tipo rodeen Barcelona por el exterior y no pasen por Sants ni por los túneles, pero no es una solución adecuada para grandes tramos a velocidades elevadas, ya que la cantidad de material colocado en vía aumenta mucho, tanto en vía como en señales y accionamientos (cada Cambiador de hilo lleva 8 accionamientos) , aumentado el coste de construcción y mantenimiento mucho, limitando la velocidad a uno de los anchos    en gran medida y generando problemas de asentamiento diferencial en vía entre el carril común y los diferenciadores.

Cuando tenemos que dar salida a unos pocos trenes al día de un tipo y muchos de otro, en trayectos reducidos y  cuellos de botella de infraestructura es una magnifica solución, como solución que permita hacer el cambio de ancho del material móvil y que no haya interrupción de servicio durante la migración es maravillosa, pero no es factible como solución definitiva en trayectos saturados y donde el trafico este equilibrado entre los dos tipos de ancho.

Si en algún momento se cambiase el ancho de forma general a toda la red, los terceros carriles como solución intermedia permitirán hacerlo de forma eficaz y reduciendo el coste del cambio del material móvil.

Enlace a Rueda y carril: Tercer carril ¿Tres mejor que dos?

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¡Larga vida a Schengen!

Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1994 (y para mí, el mejor presidente que ha tenido la Unión en toda su historia), junto con António Vitorino, comisario de Justicia e interior entre 1999 y 2004, firman un artículo en el madrileño diario El País (ya sabéis, para mí el más europeista de los diarios que leo) en el que aclaran  que la crisis de los refugiados no puede ser la excusa para el recorte de las libertades que los gobiernos estatales pretenden realizar a la libre circulación de los ciudadanos europeos; yo, en este caso, siempre me pregunto porque se ponen controles en las fronteras estatales, y no en las regionales, o en las comarcales, o en las locales (bueno, hay quien se empeña en ponerlas, véase Escocia, Flandes o Catalunya…). Los autores dan respuesta a esta pregunta en el artículo, pero sobre todo, quitan la justificación que intentan dar los Gobiernos estatales sobre la necesidad de reinstalar las fronteras internas. Pos su gran interés, reproduzco el artículo íntegramente a continuación.

¡Larga vida a Schengen!

Los refugiados son víctimas, no una amenaza. Dar ahora un paso atrás en el convenio de libre circulación sería un grave perjuicio para los ciudadanos y las empresas. No debemos caer en la tentación de volver a las fronteras nacionales.

La llegada masiva de personas en busca de asilo a la Unión Europea ha dado pie a una magnífica exhibición de solidaridad hacia los refugiados y entre los Estados miembros, pero al mismo tiempo ha suscitado grandes preguntas sobre nuestra capacidad de garantizar una auténtica vigilancia de las que hoy son nuestras fronteras comunes.

Pues bien, pedimos a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE que afronten esta oleada sin precedentes a partir de una visión política clara: los refugiados no son ninguna amenaza, sino que son víctimas, y los ciudadanos europeos son lo suficientemente fuertes como para soportar a largo plazo el reto de recibirlos e integrarlos. Pedimos también a los jefes de Estado y de Gobierno que ofrezcan su ayuda a los países que están dando hoy acogida a la mayoría de los refugiados sirios (Turquía, Jordania y Líbano), con el fin de posibilitar que los desplazados puedan permanecer en su región de origen. Asimismo les pedimos que refuercen la vigilancia de nuestras fronteras: en concreto, que intensifiquen la lucha contra los traficantes de personas y el crimen organizado y hagan todo lo posible para mejorar el intercambio de información entre los distintos servicios de policía e inteligencia.

Para ello, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE tienen la suerte de contar con numerosos instrumentos de cooperación policial y judicial de ámbito europeo (el Sistema de Información de Schengen, Europol, Frontex, la Oficina Europea de Apoyo al Asilo y otros), que necesitan utilizar y diversificar para hacer frente a la crisis. Es fundamental que movilicen dichos instrumentos, tanto por motivos de eficacia (un país que actúe por su cuenta no puede hacer nada) como para fomentar la confianza recíproca entre los Estados miembros. Todos ellos deben tener la convicción de que ninguno está incumpliendo su deber de vigilar nuestras fronteras comunes. Ese es el espíritu que anima la reciente creación de los centros europeos para la identificación y clasificación de los refugiados (puntos calientes) en Grecia e Italia. Debemos mostrarnos solidarios con estos países; por generosidad, sin duda, pero también para poder recuperar el control de la situación en nuestras fronteras. Además, debemos ampliar sin más tardar esta serie de medidas de europeización, mediante el establecimiento de un servicio europeo de guardacostas y un cuerpo europeo de guardias de fronteras, la realización de operaciones marítimas bajo la bandera de Naciones Unidas, el refuerzo de Frontex, con la inclusión entre sus competencias de procedimientos para la expulsión de inmigrantes ilegales, la creación de rutas europeas para la inmigración legal, etcétera.

Si bien es cierto que las reglas de Schengen autorizan el restablecimiento provisional de la vigilancia de las fronteras nacionales en caso de crisis, a nadie le interesa que una situación así se prolongue, dados los costes económicos y financieros tan desorbitados que entraña. El regreso a las fronteras nacionales puede ser quizá una opción, ¡pero desde luego no es la solución! El Acuerdo de Schengen se firmó hace 30 años, y se amplió con posterioridad hasta beneficiar a 400 millones de europeos, precisamente para permitir que los conductores de camiones, los trabajadores fronterizos y las empresas que exportan sus productos a toda Europa dejaran de perder tiempo; porque, como todo el mundo sabe, el tiempo es oro. Los puestos fijos de vigilancia de fronteras, caros y falsamente tranquilizadores, se sustituyeron por controles móviles, el desarrollo de la cooperación policial a escala europea y el refuerzo de la vigilancia de las fronteras externas para mejorar la eficacia de nuestros guardias de aduanas y nuestros agentes de policía. Dar ahora un paso atrás equivaldría a perder de vista lo esencial en medio de la confusión. Puesto que es evidente que todos los europeos —trabajadores, pequeñas y medianas empresas, contribuyentes, y así sucesivamente— saldrían perdiendo con la medida, ¿quién saldría ganando?

Además de todo esto, es necesario hacer pleno uso de la herramienta Schengen para estar en mejor disposición de hacer frente a la amenaza del terrorismo. Debemos recordar que el propósito de la inmensa mayoría de los 141 artículos del convenio que regula la aplicación del Acuerdo de Schengen es organizar la cooperación policial y judicial entre las autoridades nacionales de los Estados miembros, una forma de cooperación tan útil que incluso países no firmantes del acuerdo, como Reino Unido, han decidido sumarse a ella. Schengen significa al mismo tiempo más libertad y más seguridad, dos aspectos en los que es necesario progresar y que hay que consolidar de manera paralela.

Es innegable que la reacción emocional ante un atentado terrorista reaviva una necesidad de seguridad que puede cristalizar en forma de una vuelta al control de las fronteras nacionales, debido a la importancia que tienen dichas fronteras en nuestra imaginación colectiva. Pero la manera más eficaz de satisfacer ese deseo de seguridad es actuar en el marco del espacio Schengen. Muchas veces, tanto en Europa como en otros lugares, los atentados terroristas son obra de ciudadanos locales, pero también tienen raíces internacionales y, por consiguiente, requieren respuestas a escala europea e internacional. Los terroristas son con frecuencia personas conocidas para la policía, el sistema legal y los servicios de inteligencia, por lo que podremos combatir mejor el terrorismo si dedicamos más recursos legales, humanos y económicos a esos servicios y a poner en marcha medidas como la adopción de un RNP (Registro de Nombre de Pasajeros) europeo, en lugar de despilfarrarlos de forma más estéril en la vigilancia de las fronteras internas dentro del espacio Schengen y en el control innecesario de los cientos de millones de ciudadanos europeos que las cruzan cada mes. Schengen es un requisito imprescindible para nuestra seguridad: para derrotar al terrorismo, debemos ser conscientes de que nuestra fuerza reside en la unidad y la desunión nos deja indefensos.

Ante las crisis internacionales debemos salvaguardar y ampliar Schengen y no caer en la peligrosa tentación de volver a las fronteras nacionales, un paso que perjudicaría a los ciudadanos europeos y no reforzaría de ninguna manera su seguridad. Ante los nuevos desafíos, debemos estar más unidos y mantener un espíritu de cooperación y solidaridad, para que Schengen siga vigente. ¡Larga vida a Schengen!

Enlace al artículo en El País¡Larga vida a Schengen!

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Sección de libros: Los indios de Norteamérica. Fotografías de Edward S. Curtis.

¡Vaya! Estos Reyes Majos (en este caso, Reina, dicho esto sin ánimo de polemizar sobre si es conveniente la presencia de reinas magas en las cabalgatas del día 5 de enero) me han traído un librito de uno de los temas que en el pasado me apasionaron, y que ahora estaba aletargado, esperando a surgir de nuevo ante cualquier estímulo… en este caso, ha resurgido al abrir el envoltorio del regalo y descubrir este librito de Taschen…

Indios

Edward Sheriff Curtis se dedicó, durante 30 largos años (los primeros del siglo XX), a recorrer todo el territorio de los Estados Unidos para publicar una gran enciclopedia de 20 tomos con más de 2200 fotografías. Los primeros tomos tuvieron un cierto éxito, y el apoyo de algunos filántropos, pero la publicación de los últimos ya no tuvieron el mismo éxito, e incluso el último supuso para el autor un esfuerzo psíquico y económico del que no se recuperó.

El libro se compone de una selección de las mejores fotos realizadas a personajes y también paisajes de una época que ya no volverá, y que nos hacen empatizar con un pueblo  que fue masacrado y confinado en reservas, aunque no debemos olvidar que, por una parte, como guerreros fueron temibles, aunque por otra, nos dejaron un legado de respeto por el medio natural que ahora parece ser cada vez más necesario recordar; como ejemplo, la carta que el Gran Jefe Seattle envío al presidente Franklin Pierce en 1855, ante la petición de éste el año anterior de comprarle sus tierras; la transcribo a continuación:

El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña. 

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? 

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja. 

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. 

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados. 

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano. 

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto. 

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un  salvaje y no comprendo. 

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos. 

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos. 

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados. 

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. 

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo. 

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos. 

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo. 

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo. 

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca. 

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos. 

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja. 

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

Y ante esto, no hay nada más que añadir…

Ahora, los datos del libro:

Título: Los indios de Norteamérica.
Autor: Edward S. Curtis.

Editorial: Taschen.
ISBN: 9783-8365-0792-9.
Interés: medio.
Recomendación de lectura: Si quieres saber sobre los indios de Norteamérica, este libro se te quedará pequeño. Si quieres una primera aproximación, puede ser un buen inicio.

Fuente de la carta del Gran Jefe Seattle: Ciudad Seva

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